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07/Ago/2008
 
 
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Siguiendo el ejemplo de las rutas de El Quijote y Julio Verne en Europa, Rafo León publica La Lima de Mario Vargas Llosa, un recorrido para lectores y paseantes voraces.

Ruta Vargasllosiana

3 imágenes disponibles FOTOS 

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Rafo León en el barrio de Diego Ferré. Las próximas entregas estarán dedicadas a Arguedas y Vallejo.

EL espacio geográfico, social y humano juega un papel preponderante en la narración vargasllosiana, es el escenario en el que se despliega la ficción, ese recurso compensatorio a la mezquindad de la vida real que el autor reivindica como una de las mayores gratificaciones con que cuenta el ser humano. La larga y valiosa obra del novelista se desarrolla en tiempos diversos y en múltiples lugares, hoy ya dispersos en el mundo entero.

Sin embargo, sus primeros relatos, los que lo lanzan ante el mundo como un narrador de enorme talento, están ubicados en ámbitos urbanos peruanos. La Lima de hace cincuenta años, sus barrios, sus personajes, sus atmósferas, encuentros y desencuentros, conforman el hábitat de ciertos cuentos de Los Jefes, de la breve y extraordinaria narración Los Cachorros, de La Ciudad y los Perros, de Conversación en La Catedral, de La Tía Julia y el Escribidor, de El Loco de los Balcones.

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Recorrido miraflorino. La guía también incluye las rutas de Lince y el Cercado de Lima.

Cubriendo áreas geográficas de todo el Perú, con una carga simbólica en cada una de ellas, la obra de Vargas Llosa luego transita por sitios del planeta entero, en las obras que siguen a La Guerra del Fin del Mundo, hasta las más recientes. Siempre conectando el perfil de los personajes, los recursos narrativos, las atmósferas, con los lugares. Esta identificación entre lugar y ficción, quizás tenga que ver con el impacto que en la biografía de Vargas Llosa han tenido los puntos en los que ha vivido o por los que se ha desplazado. Su obra no ficcional, especialmente El Pez en el Agua, contiene innumerables referencias al valor y al peso que ha jugado el espacio en la vida del autor. Mario Vargas Llosa en múltiples entrevistas ha expresado la relación directa entre ciertos referentes de su vida, con los ámbitos en los que se despliegan sus personajes y sus historias. De ahí el interés en conocer estos lugares, en observar cómo han evolucionado en el tiempo, de recorrerlos tratando de entender su cualidad de ecosistemas para la creación del novelista. Sin duda, el tópico de la ficción como balance a la realidad, ha anotado en Lima sus más altas cotas… Una buena síntesis de la Lima de compartimentos estanco que menciona Vargas Llosa, está en estas citas de su gran novela La Ciudad y los Perros:
(…) los cadetes impresionan a las hembritas, no a las de
Miraflores, pero sí a las de Lince. (…) Subieron al Expreso en el paradero del Colegio Raimondi y bajaron en la plaza San Martín. (…) Decidieron ir al cine Metro. (…)

–El cine Metro es bonito –dijo ella–. Muy elegante.

Alberto, el Poeta, el joven perdido en laberintos existenciales que él mismo desconoce pero que lo desfasan de cualquier lugar donde se encuentre, sueña la secuencia de su romance tanto como la superación de un presente hostil, un presente de perro:

(…) la llevaré al parque Necochea (que está al final del malecón de la Reserva, sobre los acantilados verticales y ocres que el mar de Miraflores combate ruidosamente; desde el borde se contempla, en invierno, a través de la neblina, un escenario de fantasmas: la playa de piedras, solitaria y profunda). Pensó. (…) Alberto pensó: “Estudiaré mucho y seré un buen ingeniero. Cuando regrese, trabajaré con mi papá, tendré un carro convertible, una gran casa con piscina. Me casaré con Marcela y seré un donjuán. Iré todos los sábados a bailar al Grill Bolívar y viajaré mucho. Dentro de algunos años ni me acordaré que estuve en el Leoncio Prado”.

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