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07/Ago/2008
 
 
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Terremoto Entre la desolación y una reconstrucción a medias, la ciudad más golpeada por el terremoto del 2007 espera que la efeméride acelere su recuperación definitiva.

Pisco: 2008, Un Año Después (VER)

8 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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Alexis Valdivia Quispe y su familia se quedaron sin vivienda cuando se cayó el hotel Progreso, de propiedad de su madre. Un año después viven en un módulo y reclaman el bono de los 6 mil soles.

La plaza de armas pisqueña muestra un panorama contradictorio. El ritmo comercial ha vuelto al centro de la ciudad y los nuevos edificios de dos entidades bancarias le dan un nuevo aire de modernidad al lugar. Pero también es notorio el desolador panorama de los terrenos vacíos, desolados tras los derrumbes de rigor.

Donde cayera la Iglesia sepultando mortalmente a 153 fieles aún no se ha construido nada. Y mientras que los obreros reconstruyen el recinto policial, la comisaría de Pisco sigue funcionando en una vereda.

Las calles ya fueron limpiadas y los escombros ya no son el problema de la población. Se han recogido más de 976 mil metros cúbicos de estos (ver recuadro) . Además, en la ciudad hay agua potable y se está trabajando para instalar los desagües. Sin embargo la gente vive un descontento continuo y se preparara para el próximo 15 una movilización de protesta contra las autoridades, protesta organizada por la Comisión Técnica Mixta que lidera Rubén Pomalaya.

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El Alcalde Y La Propiedad

“La reconstrucción de Pisco es un proceso bastante lento, pero hay cosas que se deben resaltar: por ejemplo, las calles están limpias. No olvidemos que cuando sucedió el terremoto era imposible ingresar a la ciudad”, dice el alcalde pisqueño Juan Mendoza Uribe en su oficina ubicada en los exteriores de la Base Aérea de la FAP. Mendoza perdió a su hermana en el sismo pero eso no lo amilanó, y es quien actualmente lidera la reconstrucción. “El gran problema de Pisco es el de la propiedad. De cada diez casas ocho no tienen título de propiedad. Antes del terremoto, había un problema de hacinamiento en viviendas, casi todos eran inquilinos. La mayoría se ha ido a El Molino, lo que sería el nuevo Pisco, son 23 hectáreas que antes estaban desocupadas pero son de propiedad privada. Por ello el gobierno ha aprobado en consejo de ministros la ley de expropiación para la zona de emergencia por interés público. Son terrenos de 120 m2. El tema está en manos del Congreso. La gente tiene el bono en la mano pero no puede construir porque no tiene el terreno”.

Vivir En El Molino

En El Molino hay aproximadamente 1,500 familias. Todos viven en esteras y no cuentan con servicios básicos. La población recibe el agua de los camiones que el Municipio envía, aunque no todos la obtienen diariamente. Pagan para ello entre 3 y 5 soles de acuerdo a la cantidad de recipientes que haya que llenar. Situación similar a la de los damnificados del distrito de Túpac Amaru Inca, más conocido como La Villa, que se encuentra al costado de la Panamericana, pero aloja a los habitantes que no consiguieron quedarse en la ciudad. En ambos lugares el descontento es notorio.

“Si pudiésemos comprar los terrenos donde vivimos, al menos de eso deberían preocuparse las autoridades”, nos dice el profesor Jorge López del Pino, quien junto a su esposa y sus dos hijas lidian el día a día en los arenales de El Molino. Para ellos la situación se hace más molesta porque en esta época las paracas son el pan diario de los pisqueños.

El ministro de Vivienda, Enrique Cornejo, presentó el viernes 1 el sexto informe sobre la reconstrucción luego del terremoto. Se han invertido hasta el momento 1,123.4 millones de nuevos soles, distribuidos en dos etapas: Emergencia 377.9 millones de nuevos soles y Reconstrucción 745.5 millones de soles. Hasta el momento se vienen ejecutando más de 255 millones de soles en Pisco. Además indicó que el Banco de Materiales ha emitido a la fecha 18,700 Tarjetas Bono 6000, sólo en Pisco se entregaron 5,439. Pero para los casi 9 mil damnificados que aún no tienen el dinero, los esfuerzos son vanos.

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Construyendo La Fe

El sacerdote camanejo José Emilio Torres Mota (49) había terminado la misa el 15 de agosto del 2007 cuando el sismo empezó y sepultó a más de 150 personas en la Iglesia de San Clemente, la misma que se encuentra en la plaza de armas. Un milagro lo salvó y sólo se fracturó un brazo. A un año del terremoto acepta que no se ha iniciado la reconstrucción de ninguna de las iglesias iqueñas. “La gente tenía miedo de ingresar a los templos por el temor a que ocurra lo mismo, pero ahora ya han vuelto en su fe”, dice en las instalaciones de la pequeña iglesia de madera que se ha levantado en parte del terreno vacío. Para él es preocupante el malestar poblacional con respecto a la reconstrucción. No es para menos, el desánimo se palpa en las calles.

Cuando uno camina por Pisco, si bien ya no tiene el mismo panorama de la devastación que se vivió durante las primeras semanas post sismo, aún puede ver una ciudad destruida. Pero sí se han hecho obras. El sábado estuvo en la ciudad el ministro de Educación, José Chang, inspeccionando los trabajos finales del colegio Miguel Grau, el mismo que será inaugurado el 11 de agosto. Este colegio es el primero de los siete colegios que están siendo reconstruidos, aunque existen otros, como el José de la Torre Ugarte, que aún están destruidos.

Además se ha iniciado la construcción del nuevo hospital de EsSalud como también el San Juan de Dios, del Ministerio de Salud. El cementerio está siendo recontruído y se está refaccionando el coliseo municipal. Además el alcalde ha iniciado el levantamiento de cercos en los terrenos vacíos para evitar la acumulación de basura y que los mismos sean utilizados por delincuentes. Para ello gastará 3 millones de soles, aunque esto no guste a los pobladores.

Para la señora Gloria Muñante de Hierro, damnificada que vive en el Parque Zonal, el alcalde sólo trata de maquillar las cosas para dar una buena impresión ad portas del 15 de agosto. Su familia es una de las cincuenta que aún viven entre carpas y toldos y que deberán salir de allá antes del 10 de agosto por disposición municipal. El alcalde quiere reubicarlos y les ha ofrecido sacarlos hacia La Villa, prometiendo para eso darles módulos de vivienda y títulos de propiedad en 120 días, pero la mayoría no desea dejar la zona y anuncian batalla campal si se intenta su desalojo. Paradójicamente muchas de las personas que viven en Pisco tienen menos comodidades que el sentenciado Alberto Fujimori.

La Falla Forsur

Una de las primeras reacciones que tuvo el gobierno cuando ocurrió el terremoto fue la creación del Fondo de Reconstrucción del Sur (FORSUR). El organismo recibió diversos donativos de muchas empresas y de gente que expresó su solidaridad con los damnificados; el Estado también colocó dinero allí. Alan García convocó a diversos personajes y terminó colocando en la cabeza de FORSUR a Julio Favre. Sin embargo poco a poco fueron retirándose los elegidos, era demasiada responsabilidad para cargarla en hombros y finalmente Favre cedió renunciando a la Dirección Ejecutiva a fines de marzo.

Actualmente el alcalde Mendoza indica que conseguir dinero del FORSUR implica demasiada burocracia. “Cuando nosotros presentamos un proyecto, éste sale desde Pisco al Ministerio de Vivienda, de allí pasa a la Presidencia del Consejo de Ministros, luego va al Ministerio de Economía y si hay que corregir alguna coma, entonces hace todo el mismo recorrido, lo que quita mucho tiempo. Si no hubiera tanto papeleo no sólo se hubieran desembolsado 250 sino 500 millones en la reconstrucción”, dice Mendoza Uribe, a un año del terremoto que destruyó la ciudad que lo eligió para gobernarla. (Escribe: Roberto More / Fotos: Luis Julian)

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El Embassy

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El Hotel Embassy fue uno de los lugares donde la muerte reinó el 15 de agosto pasado. Ubicado a una cuadra de la plaza de armas, el edificio de 5 pisos fue la tumba de turistas y trabajadores luego que sus paredes se desplomaran con el movimiento sísmico. Fue una tragedia, pues los tres pisos superiores sepultaron a los dos inferiores e inclusive mató a aquellos que estaban en la sala de juegos ubicada en el sótano. Entonces se supo que hubo negligencia en su ampliación estructural. Un año después no queda más que una cruz en el terreno. Todo el edificio fue demolido y de él hoy sólo quedan recuerdos. El alcalde Juan Mendoza ha decidido cercarlo pues sus propietarios, la familia Castro Lea, no han indicado qué se hará en el terreno. "Ellos no han vuelto a Pisco", dice Mendoza, "aunque tienen otro hotel en Lunahuaná", enfatiza.

 


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