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03/Jul/2008
 
 
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Cuestionario de Siameses

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Hubo muchas revelaciones –la mayoría involuntarias– en la breve reunión de Montesinos y Fujimori, con el trasfondo de un tribunal por un momento sobrepasado, y el elocuente morse de guiños y complicidades entre los antaño siameses de la corbata.

Montesinos disparó afirmaciones y recuerdos desde la que él describió como su “memoria mnemotécnica”. Aunque Cantinflas hubiera agradecido la expresión, Fujimori quedó encantado. Entonces, dado que los siameses se derramaron memorias: la del uno “mnemotécnica” y la del otro “elefantiásica”, al decir de Montesinos, me parece justo recordar hechos con la precisión que ni el mnemotécnico ni el elefantiásico parecen tener:

¿Quién servía el café y cortaba el salame?
Montesinos se refirió despectivamente al ex vicepresidente Máximo San Román, diciendo que la única cosa para la que éste servía era para servir el cafecito y cortar el salame en los desayunos de Fujimori y Montesinos.

No sé sobre el salame. Pero, en la entrevista que le hice el 3 de julio de 1992 al que había sido hasta hace poco jefe de Montesinos en el SIN, general EP (r) Edwin ‘Cucharita’ Díaz Zevallos, éste me dijo que “Vladi llegó para hacer presencia en el SIN...Contaba que le servía café al chino en su cuarto...”.

¿Cuándo y cómo viajó Montesinos a Estados Unidos en los 70?
Al referirse al viaje no autorizado que hizo a Estados Unidos en los 70, cuando todavía era un capitán del Ejército, Montesinos dijo que “viajó el 74 (1974) a Estados Unidos, bajo cubierta, enviado por el entonces jefe del SIN, Rudecindo Zavaleta, en una operación de inteligencia, para algo que tenía que ver con Cuba, y que a su regreso se le hizo una baja ficticia”.

En realidad, Montesinos no viajó en 1974 sino el 5 de septiembre de 1976 en el vuelo 974 de Braniff y con el pasaporte civil Nº 488332, obtenido tras falsificar un permiso militar.

Fue un viaje tan “encubierto”, que se hizo como parte del International Visitors Program del Departamento de Estado. En Washington fue presentado oficialmente como “Aide to Prime Minister, General Guillermo Arbulú Galliani” (quien entonces, en efecto, era el premier de Morales Bermúdez). En esa ciudad se vio, entre otros, con Emory Smith, de la oficina de Asuntos Cubanos del Departamento de Estado, a quien quería contarle, como declaró, sobre su visita a Cuba, acompañando al entonces ministro y general Enrique Gallegos, como “huésped personal de Raúl Castro”. También se vio con Robert Hawkins, entonces en la Office of Current Intelligence, de la CIA.

Cuando visitó el Colegio Interamericano de Defensa, el general EP Miguel Ángel de la Flor lo vio y reportó su presencia al Perú. A su regreso, el 21 de septiembre de 1976, fue arrestado apenas descendió del avión. Según una nota informativa suscrita por el coronel EP Rafael Córdova, a quien Montesinos describió como el espía que él había mandado a Ecuador y Colombia, Montesinos fue dado de baja el 28 de septiembre de 1976 con RS Nº 0552-76-GU/DP, publicada el 6 de octubre de 1976. El 11 de octubre de ese año, el Ministerio de Relaciones Exteriores envió un memorando a la embajada de Estados Unidos, quejándose por la invitación clandestina a Montesinos. El 12 de octubre, la embajada de EEUU contestó disculpándose, aceptando el reproche de la cancillería y prometiendo que haría todos los esfuerzos porque ese fuera el último malentendido.

Mientras tanto, Montesinos estaba preso y la Justicia Militar, a través del auditor, general EP Alberto Vargas Ruiz de Somocurcio, le abrió instrucción por abandono de destino, falsificación, falsedad, desobediencia. Vargas Ruiz de Somocurcio quiso ampliar la instrucción por traición a la patria, pero la consideración por Mercado Jarrín, que hubiera sido arrastrado por el proceso, lo impidió.

Desesperado, Montesinos hizo llamar a su primo, Sergio Cardenal, para que lo defienda. Cardenal lo hizo bien, y nunca dejó de arrepentirse por haber asumido esa defensa luego que Montesinos, ya libre y narcoabogado, lo traicionara en todos los frentes.

Montesinos fue sentenciado en última instancia por el Consejo Supremo de Justicia Militar a un año de prisión y, por supuesto, dado de baja.

Una de las personas con quienes trabajó cercana y estrechamente esos años, y a quien él mencionó ayer, el general EP Sinesio Jarama, me dijo lo siguiente en una entrevista que le hice el 7 de julio de 1992: “Yo sí creo que fue traidor a la Patria”.

¿Fue abogado de narcotraficantes?
Montesinos negó con vehemencia haberlo sido en su presentación del lunes pasado y aprovechó, de paso, para revolverle recuerdos del caso Villa Coca al vocal Hugo Príncipe. Pero, de todos los intentos del autoproclamado mnemotécnico por derogar la memoria, quizá éste sea el más ridículo.

Entre los varios y notorios casos, uno pequeño es suficiente: En marzo de 1979, Montesinos y Jorge Balbín firmaron como garantes del alquiler de una casa en Los Eucaliptos 490, Camacho, para el colombiano Jaime Tamayo. Este fue arrestado por narcotráfico poco después y, el 17 de abril de 1979, Montesinos prestó manifestación en la Dirección de Narcóticos de la PIP, donde admitió ser abogado de Tamayo desde marzo de ese año (El caso está descrito en CARETAS 1163, del 10 de junio de 1991).

¿Permitieron a Montesinos ingresar a establecimientos militares a partir de 1984?
Es lo que sostuvo el lunes en el tribunal, y es completamente falso. La primera vez que Montesinos pudo volver a entrar en una dependencia militar fue en 1988, cuando acompañó al entonces Fiscal de la Nación, Hugo Denegri, a almorzar al Ministerio de Defensa con el titular de ese portafolio, general EP Enrique López Albújar, para deliberar sobre cómo encubrir la masacre de Cayara. Denegri llegó sorpresivamente con Montesinos, a quien el oficial de guardia no quiso dejar entrar. Para no arruinar la reunión, López Albújar ordenó que se permita ingresar esa vez a Montesinos. En el almuerzo estuvo presente, como asesor del ministro, el general EP (r) Abraham Talavera, el que había acusado a Montesinos por traición a la patria en 1984.


Finalmente, y pese a su colaboración en el sangriento encubrimiento de Cayara, Montesinos solo pudo ingresar como “colaborador” de inteligencia al SIN (y no a otra dependencia militar), a fines de 1989. Según la entrevista que hice a Edwin ‘Cucharita’ Díaz, en 1992, Montesinos llegó al SIN a través de Francisco Loayza y Rafael Merino, en 1989. Insistió en ser recibido por Díaz y se le presentó como un asesor de Denegri que podía traer al SIN la información de todos los casos por terrorismo que tenía la Fiscalía de la Nación. Díaz lo aceptó como colaborador, pagándole un emolumento de 300 dólares al mes, más gasolina para su auto, porque, según Díaz, “no era conveniente recibirle cosas gratis”.

Solo en junio de 1990, Díaz ofició al Ejército para que se permitiera entrar a Montesinos a todas las dependencias militares, por ser “asesor personal” de Fujimori.

El lunes Montesinos elogió a Fujimori como el gobernante que ha tenido “el coraje que ningún otro jefe de Estado en la historia del Perú”. Es decir, más que Castilla o Cáceres. ¿Siempre lo consideró así?
Por lo contrario, en la declaración grabada que dio a Telemundo desde la Base Naval, lo describió una y otra vez como cobarde, muerto de miedo en la intentona insurreccional del 13 de noviembre de 1992, entre otras cosas. Expresiones de dureza similar tuvo en el avión que lo trajo detenido desde Venezuela. A su turno, Fujimori lo denunciaba como corrupto. Antes lo había perseguido, mientras Montesinos huía despavorido. Y un poco antes aún, mientras Fujimori era todavía presidente, el año dos mil, Montesinos quiso darle golpe de estado dos veces, utilizando a Carlos Boloña en la primera conspiración y a José Villanueva Ruesta en la segunda. Ninguna se concretó. Y ahora, el de la memoria “mnemotécnica” y el de la elefantiásica olvidan todo lo necesario para recuperar el torvo encanto de la complicidad y la mentira.

 


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