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Olor a Tinta Libre comercio y conflictos de intereses culturales en obra del intelectual hondureño George Yúdice.

Oído a la Música

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Yúdice y su obra, el resultado de un inusual reto de Gedisa: escribir algo que nadie más le publicaría. Der.: Yúdice, George. Nuevas tecnologías, música y experiencia. Barcelona: Gedisa, 2007. 106 pp. 23 soles.

Por los 30 años de la editorial Gedisa sus gestores invitaron a un grupo destacado de sus principales autores para que escriban “lo que quieran”. Nada a propósito de sus propios libros, sino de sus intereses más íntimos: aquello que nadie les financiaría, ni les publicaría. Es así, de esta extraña posibilidad de colección, que surgen Visión 3x, un repertorio que espero se venga incrementando. Se trata de ensayos breves en libros casi de bolsillo sobre temas tan diversos como fascinantes.

He escogido para comentar con mayor detenimiento el texto de George Yúdice por simple afinidad de intereses: de un tiempo a esta parte, este intelectual neoyorquino de origen hondureño, se ha dedicado a analizar las posibilidades de la “cultura como recurso” desde América Latina. Sin duda se trata del “giro cultural” con el que últimamente los académicos estadounidenses tiñen sus investigaciones desde diferentes disciplinas. En el caso concreto, Yúdice ha publicado un libro del mismo título en Gedisa, y otro junto con Tobi Miller, titulado “Política Cultural” en la misma editorial.

Pero lo interesante de este “giro cultural” es que no se mantiene en el limbo de las abstracciones y de las hipótesis jamás verificadas, sino que baja a la realidad concretísima de los conflictos de intereses culturales de los tratados de libre comercio (el caso mexicano) o analiza la industria del turismo en ciudades fronterizas y radicalmente heterogéneas como Puno. De hecho Yúdice es un consultor internacional en el tema de políticas culturales, y ha asesorado al gobierno mexicano y al gobierno costarricense, así como a diferentes instituciones iberoamericanas como la OEI.

Pero en este libro Yúdice se aboca a una de sus pasiones: la música. Y no nos referimos a la llamada “música culta” sino a todos los circuitos culturales de la música en general, desde la clásica hasta el hip hop. En primer lugar nos enfrenta como lectores a la increíble diseminación de la música en todas las áreas de nuestra experiencia humana: desde el supermercado hasta el refinado Ipod colgado a las orejas de los adolescentes. Y en esa perspectiva, evalúa la importancia para la construcción de subjetividad de las diversas tecnologías que permiten “estar en público insertados en un mundo privado” a partir, precisamente, del surgimiento del primer aparato que logró la desconexión total del oído en la escena callejera: el walkman. Y a su vez también analiza las nuevas redes de mercados de distribución del mecanismo que hizo posible que cada quien pudiera tener su propio menú musical: el hoy olvidado “casete”.

A su vez, y esto desde mi perspectiva feminista me parece muy sugestivo, Yúdice no se mantiene “aparte” de lo que escribe, sino que precisamente se posiciona, a partir de sus propias experiencias como melómano: digamos que tiñe de subjetividad su propio acercamiento, y desde esta experiencia concreta, cuestiona seriamente las propuestas de autores como Jameson y Baudrillard sobre las relaciones en red y la “simulación modulada”, al sostener que ellos no entienden cómo es que funciona la socialidad de la música, pues aplican esquemas de reproductibilidad técnica basados en la cultura de la imagen y no del sonido (vr. gr. el famoso ensayo de Benjamin). Para Yúdice la “sonoridad ubicua escurre por doquier” (p.45).

Finalmente Yúdice sostiene que las nuevas tecnologías nos han “liberado de la industria del entretenimiento” (p.95) a partir del uso y usufructo de redes como YouTube o My Space o las copias P2P que permiten administrar un propio menú personal y que, de alguna manera, nos sacan a los “periféricos” del exótico lugar al que nos ha confinado el concepto de World Music. Sin embargo, Yúdice es un “integrado”, y en ese sentido, bastante optimista en relación al uso de los espacios abiertos por las nuevas tecnologías, que sin embargo peligran en tanto se pretenda convertir ya no al objeto de reproductibilidad en mercancía, sino a su “contenido esencial”, como pretenden algunos en torno al tema del libro. (Rocío Silva Santisteban)

 


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