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Peruanista André Coyné habla sobre la poesía perdida de César Moro, los 70 años sin Vallejo y la rebeldía de Haya de la Torre.

La Rentrée de Coyné

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Coyné fue homenajeado tanto en Lima como en Santiago de Chuco.

El crítico francés André Coyné pasó por Lima como una aparición. Mantuvo una pesada agenda durante su enésima llegada al país que ama. Pesadísima, teniendo en cuenta que nació en 1927. El miércoles 21 de mayo disertó sobre César Moro en el Raúl Porras Barrenechea. El jueves, dentro del mismo instituto, recibió un homenaje al lado de Luis Jaime Cisneros, Fernando de Szyszlo, Marco Martos y Fernando del Solar. El viernes dio una concurrida conferencia en el Centro Cultural Inca Garcilaso de la Vega de la Cancillería, llena de anécdotas y evocaciones de Georgette Phillipart y César Vallejo. Esa misma noche participó de una romería a la tumba de Moro. Allí se escenificó Ojo de Gallo, obra teatral del vate que emocionó mucho al académico.

–Setenta años sin Vallejo. ¿Cómo los recibe?
–Me nombraron Patriarca de Santiago de Chuco. Viajé junto al peregrinaje del grupo Capulí. Visité su casa y la biblioteca en su nombre.

–¿Qué recuerda del primer Vallejo?
–Que vivía en un hotel frente a la casa de Georgette. Ella lo observaba hablar con muchas gesticulaciones a través de su ventana. Tantas, que pensó que era mudo. Así se habla acá.

–Se comenta que viene preparando una edición de las obras completas de César Moro.
–Vamos a publicar su poesía completa gracias al hijo de su hermano, (el empresario) Néstor Quíspez Asín. Como tiene una fortuna, va a asumir los costos de la primera edición. Cedo la custodia de la obra de Moro siempre y cuando se comprometan a difundirla.

–Se presume que hay muchos poemas inéditos.
–Algunos archivos han desaparecido. Otros deben traducirse. Hay cartas, y muchísimos poemas inéditos en francés. Estoy regresando a Francia por manuscritos.

–Usted fue reacio a la traducción.
–Cambié de opinión. Hemos encontrado a alguien capaz. Moro escribió en francés porque se volvió poeta en francés, tras conocer el surrealismo. Antes quería ser pintor, bailarín. Los pocos poemas que había publicado no valían gran cosa.

–¿Cuál de los libros que se inspiran en la vida de César Moro le gusta más? La Ciudad y los Perros, por ejemplo, o Efecto Invernadero de Mario Bellatin.
–La Ciudad y los Perros falseó totalmente la imagen de Moro. Él sólo iba dos horas por semana al Leoncio Prado, y jamás tuvo problemas de disciplina con sus alumnos. Recuerdo que guardaba la fotografía de un cadete uniformado. La foto tenía una dedicatoria para su profesor. Evidentemente tenía una buena relación con ellos. El otro libro no lo conozco.

–Son personajes de la ficción. Es comprensible que no se asemejen del todo al poeta.
–Exagerarlo todo es una prerrogativa de Mario Vargas Llosa. Recuerde La Tía Julia y el Escribidor.

–Siguiendo con las exageraciones, el pasado mes de abril hubo una reacción desproporcionada por sus declaraciones a un canal trujillano.
–Fui censurado por contar cómo iba a bares de hombres y mujeres con Haya de la Torre. Japón no era aún la potencia mundial que es hoy. Muchos universitarios acudían a los bares para encontrar a un señor que los protegiera.

–Ha contado esa anécdota varias veces.
–Simplemente he atestiguado lo que vi. En París, por ejemplo, conocimos a un señor que se presentaba junto a un universitario. A pesar de eso, miraba a los demás. Haya le advirtió, en francés, “cuidado: su amigo parece celoso de sus miradas”. “No”, le corrigió el caballero. “Él está celoso de su amigo”, dijo señalándome. Viví amores inolvidables. No es como el amor ordinario, que es distinto.

–Vivió en la Lima de fines de los cuarenta. ¿Qué ha cambiado?
–En los tiempos de Moro era más fácil encontrar muchachos en la calle. Creo, además, que el término ‘gay’ ha cerrado muchas puertas. Ahora existen lugares sólo para gays. Ni a Moro ni a mí nos gustó ese término. Atenta contra la libertad. (Carlos Cabanillas)

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