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Justicia Indignante caso de médico en Puno que, acusado de violar por lo menos a tres pacientes, sigue trabajando en el mismo hospital.

Violador Serial Suelto

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Horna denunció “complots” en su contra ante los primeros casos. ¿Ahora qué dice?

El artículo se escribió hace seis años, pero la advertencia no tenía una sílaba de broma. “Así Salomón Horna deje el ejercicio de la profesión, su presencia en cualquier cargo administrativo del sector Salud representa un riesgo. No nos engañemos”.

En noviembre del año 2001, CARETAS 1697 advirtió sobre el caso de un médico acusado de violación mientras ejercía su profesión en un hospital público de Puno.

Horna fue acusado de dos ultrajes, en 1996 y en el 2001, pero continuó trabajando en el Hospital Carlos Monge Medrano apertrechado por un recurso de amparo.

La profecía periodística se ha convertido, tristemente, en realidad. En junio del año pasado Horna abusó sexualmente de otra paciente, una menor de 17 años, que tuvo la mala suerte de acercarse a la ventanilla atendida por él para pedir una cita. Horna le dijo a A.A.S. que él podía atenderla y la llevó fuera del hospital, donde abusó de ella. El caso fue corroborado por el departamento de ginecología del mismo hospital y fue derivado al Ministerio de la Mujer y Desarrollo Social. La denuncia es investigada por la Cuarta Fiscalía Penal de Puno.

El tema fue tratado el 11 de marzo último en la sesión de trabajo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en Washington. Lo más grave es que, con la permanencia de Horna en el hospital, el Estado sigue sin cumplir un acuerdo firmado en el marco de dicha instancia en marzo del 2000. Esta sesión fue la misma que se vio envuelta en un manto de controversia pues el Ejecutivo no autorizó el viaje de Luis Alberto Salgado, entonces secretario ejecutivo del Consejo Nacional de Derechos Humanos “renunciado” pocos días después (ver más en Mar de Fondo).

En el mencionado acuerdo amistoso, el Estado aceptó su responsabilidad por no garantizar el derecho a la integridad y de acceso a la justicia de M.M., primera víctima “registrada” de Horna. Allí el Perú se comprometió a reparar económica y socialmente a la víctima, lo que se hizo, y a sancionar y prevenir casos similares.

El 16 de enero del 2001, R.M. denunció a Horna por hechos similares y el Poder Judicial de Puno, como en el primer caso, lo volvió a absolver y obligó al hospital a reponerlo. No podía, sin embargo, seguir ejerciendo la profesión pues el Colegio Médico del Perú lo expulsó.

Secuencia de Ripley

- Ante la primera denuncia, Horna fue absuelto dos veces en 1997 por el Segundo Juzgado Penal de Juliaca y la Sala Mixta Descentralizada de San Ramón.

- La segunda vez también fue absuelto. Un recurso de amparo lo repuso en el hospital.

- Es acusado de violar a una tercera mujer, menor de edad, el año pasado.

- La Comisión Interamericana de Derechos Humanos ha señalado su preocupación.

La abogada Patricia Sarmiento sigue el caso desde CLADEM (Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de la Mujer) y viajó a Puno el mes pasado para elaborar un informe sobre las actividades de Horna. Las autoridades del hospital, afirma, se habían comprometido a trasladarlo al archivo y dejarlo sin mantener contacto con el público. Pero sigue atrincherado en la fatídica ventanilla 1 de Estadística donde engañó a su última víctima.

No está preso como debería. ¿Pero cómo es posible que el Estado tampoco sea capaz de librarse de tal elemento?

Para Sarmiento, la solución pasa porque la Dirección de Salud de Puno convoque una comisión que concluya, simplemente, que al estar incapacitado por expulsión del CMP, Horna no puede cumplir con la labor para la que fue contratado. De esta manera puede ser separado sin que inexplicables decisiones judiciales lo atornillen a un puesto. Esto no ha ocurrido en siete años. Es desconcertante que actualmente gane S/.4,000 mensuales y que además reciba bonificaciones por horas extra, como si fuera un médico de guardia.

Sarmiento, además, hace explícita una sospecha justa en medio de esta situación: ¿habrá otras mujeres afectadas? Recuerda que en el segundo juicio entablado contra Horna una testigo señaló en el tribunal que su hija también había sido violada por Horna pero nunca denunció el hecho.

Sarmiento añade que esa posibilidad es más factible porque Horna “tiene un perfil de víctima definido. Son mujeres de escasos recursos que vienen de los pueblos alejados del mismo centro urbano de Puno”. Mujeres que no se arriesgarían a enfrentar las frustraciones provocadas por el Poder Judicial.

El papelón es de tal magnitud que el comisionado de la CIDH y relator del Perú, Paolo Carozza, declaró que “parece imposible contemplar como este hombre quede ahí, no importa si es la profesión médica o administrativa. No es simplemente la falta de reparación a una violación pasada, que ya es grave, es la tolerancia de una situación de violaciones. Surge la urgencia de una solución de parte del Estado Peruano”.

Aunque las direcciones de Salud sean organismos descentralizados, es imperioso que el ministro de Salud, Hernán Garrido Lecca, encuentre una salida a tamaño despropósito. Horna tendría que purgar sentencia en lugar de trabajar en un puesto público. Mientras tanto, las mujeres puneñas deben mantenerse a buen recaudo de los pasadizos del Hospital Carlos Monge Medrano. (E.CH.)

 


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