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El ángel Del Agnóstico

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EL agnóstico que firma esta insolencia quincenal se encontró con un ángel en el lugar más inverosímil: un sanatorio mental. Aunque, pensándolo bien, ¿por qué inverosímil? Si, como dicen, Dios está en todas partes, ¿por qué negarles el paso a Sus ángeles?

La –porque es una chica– identificaré con las iniciales MB.

Ya la había observado de lejos. Cuando se molestaba (¿y por qué no habría de molestarse un ángel ante la presencia de un delegado del submundo?) emitía una especie de indignado alarido: ¡aiiiiiiiiiiii!. Pero cuando alguien le caía bien, sonreía y luego se acercaba con una gran sonrisa y hasta le daba besitos en la frente o la mejilla. Si le caías especialmente bien o, más aún si llorabas, corría a traerte un vasito de agua o un rollito de valioso papel higiénico y vigilaba que bebieras el agua y guardaras bien el papel a salvo de ladrones y otros merodeadores.

Pregunté a los Vigilantes de este otro mundo qué tipo de esquizofrenia padecía y me contaron que no, que su problema era retardo.

Había mejorado en su capacidad expresiva: era muy cercana a la de Marcel Marceau. No sólo se hacía entender para los que le prestaban atención –cosa que el personal rara vez podía hacer– sino que gustaba de bromear: a una chica de la limpieza, cuando pasaba a su lado, la señalaba con el índice, se reía, y le hacía la manivela en la sien: estás loca. Y la chica de la limpieza se reía y le hacía los mismos gestos: la loca eres tú.

Nunca he encontrado, y difícil que encuentre, a una persona tan visceralmente pura, espontánea, libre de hipocresías y ocultamientos: sólo puedo compararla a un ángel. Algo pude decirles a sus padres cuando le dieron de alta a mi ángel. La pureza en estado virginal. Mucho se me quedó por la premura: que yo sabía el precio de tener un ángel: económico, social. Pero también la compensación. Lo bendito.

Así quisiera no podré olvidarla. Pero no quiero: es y será una inspiración, distinta a cualquier otra.

 


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