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28/Dic/2007
 
 
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La literatura escrita por mujeres brilló con luz propia en un año entre escaramuzas y honores.

Luces y Sombras Del 2007

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Alberto Isola y Mario Vargas Llosa luego de aplaudido montaje de ‘La Fiesta del Chivo’. El año que viene traerá ‘Al Pie del Támesis’, del mismo autor y en el mismo escenario: el Británico.

EL año de la no ficción y, también, el año de la narrativa, pero sobre todo, el año de la celebración de la literatura escrita por mujeres. El 2007 llegó con un Nobel para Doris Lessing y un nutrido cargamento de galardones para Blanca Varela, nuestra poeta mayor, y de libros dedicados a su vida y obra. Recibió el Premio Lorca de Poesía, el Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, para no desentonar, la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú.

En negro sobre blanco quedaron Sigiloso Desvelo. La Poesía de Blanca Varela, estudio de la filóloga española Olga Muñoz Carrasco; Tiene Más de Avispero la Casa. Poéticas de Blanca Varela, de Edgar O’Hara; y Nadie Sabe Mis Cosas, compilación de ensayos realizada por Mariela Dreyfus y Rocío Silva Santisteban.

De esta última el 2007 trajo su poemario Las Hijas del Terror, que llegó acompañado de Retrato de Mujer sin Familia Ante una Copa, de Carmen Ollé; Bala Perdida, de la siempre polémica Montserrat Álvarez; y, aunque con selección cuestionada, Memorias in Santas. Antología de Poesía Escrita por Mujeres Sobre la Violencia Política, editado por el Centro Flora Tristán.

Y para dejar el estrógeno de lado, en narrativa destacaron el velascato rememorado por Jorge Eduardo Benavides en Un Millón de Soles; la casi-casi-Premio-Planeta El Susurro de la Mujer Ballena, de Alonso Cueto; El Cielo Sobre Nosotros, de Carlos Garayar; Las Obras Infames de Pancho Marambio, de Alfredo Bryce, y Asesinato en la Gran Ciudad del Cusco, de Luis Nieto Degregori.

Además, luego de diez años de silencio editorial, reaparecieron Guillermo Niño de Guzmán con el libro de cuentos Algo Que Nunca Serás, y el poeta horazeriano Jorge Pimentel con En el Hocico de la Niebla; seguido por su vástago Jerónimo Pimentel con el sólido poemario Frágiles Trofeos.

Y en lo que a escaramuzas literarias se refiere, estas no faltaron y en marzo llegaron con el Festival ChilePoesía y un recital de poetas peruanos a bordo del Huáscar. De un lado: Rodolfo Hinostroza y Doris Moromisato dijeron presente. Del otro: la negativa en voz alta de Rocío Silva Santisteban. Bastante más rocambolesca fueron la querella infinita entre Herbert Morote y Alfredo Bryce, y la treintena de acusaciones de plagio contra el autor de Un Mundo Para Julius. Las dudas y murmuraciones alcanzaron, también, al fructífero reino de la no ficción, liderado en ventas por La Cuarta Espada, de Santiago Roncagliolo, al filo de la desaprobación por su falta de rigor informativo (ver CARETAS 2003).

Por otro lado, llovieron distinciones para el crítico y escritor Estuardo Núñez, que con cien años de vida se hizo acreedor del Premio Southern Perú, y el Juan Rulfo de Radio Francia Internacional recayó en Carlos Calderón Fajardo por su novela inédita La Vida Íntima de Gregorio Samsa.

Y más allá del bien y del mal libresco, las páginas culturales de la prensa nacional celebraron, aunque con la sonrisa a medias, el retorno de los objetos hallados en Machu Picchu que el explorador Hiram Bingham llevara a la Universidad de Yale; y los 3,788 volúmenes devueltos por el gobierno de Michelle Bachelet que fueran extraídos como ominoso botín durante la Guerra con Chile. Se saluda el esfuerzo de la dirección del Museo de Arte de Lima a cargo de Natalia Majluf para modernizar sus salas, y queda el tufo intolerante del desmontaje de la exposición de ilustraciones de Piero Quijano en la Casa Mariátegui.

Finalmente, en el año de todas las celebraciones a Gabriel García Márquez y la partida de grandes como Kapuscinski y Mailer, un triste colofón regional: el cierre de la librería Adriática en Trujillo. Y entre tanto escritor que lucha por la lucidez, saber que el libro más vendido en la feria Ricardo Palma fue Yo te Amo, Yo Tampoco, producto del empacho neuronal de Carlos Carlín y Johanna San Miguel, solo queda sentir un resabio de baba pura en la boca. Adiós, Watanabe. (Maribel De Paz)

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