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Filósofo José Ignacio López Soria presenta filudo conjunto de ensayos para aprender a mirar al Perú.

Ruptura Que Cura

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López Soria propone una nueva mirada y una ruptura sin olvido.

Con 50 años de residencia en el Perú, el filósofo e historiador español José Ignacio López Soria plantea el reto de desarrollar una nueva mirada para entender el Perú. Ex rector de la UNI y actual director de la Oficina de Estados Iberoamericanos para la Educación, la Ciencia y la Cultura, López Soria se parapeta tras una perspectiva posmoderna para lanzar el resuelto postulado que da título a su último libro: Adiós a Mariátegui.

–Usted propone dejar atrás a Mariátegui, Haya de la Torre, Basadre… ¿Quién queda?
–Lo que queda es pensar de otra manera el Perú, pero no propongo que se les abandone, sino despedirse sin olvidar.

–¿Algo fundamental que deberíamos conservar de ellos?
–A mí no me gusta pensar qué es vigente y qué no en Mariátegui. No se trata de eso, o sea, un pensador interpreta la realidad a partir de su tiempo. Mariátegui lo dice claramente: él es un intérprete de la realidad, e interpreta a esta con una fe, creencia y deseo.

–Parafraseando a Mariátegui sobre lo que decía de los poetas: no nos faltan pensadores nuevos, sino un nuevo pensamiento.
–Una de las dificultades serias que tenemos en el Perú es que la historia habla acerca de hechos, pero no dialoga con ellos. De lo que se trata es de dialogar con los más importantes representantes del pensamiento crítico peruano, no coger simplemente determinadas ideas. Ellos fueron actuales en su tiempo, y nosotros tenemos que serlo en el nuestro.

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Su obra ha sido editada por el Fondo del Congreso de la República.

–Entonces, ¿cómo pensar al Perú?
–Evidentemente, esta es una época diversa a la de los años 20, y esa diversidad se manifiesta en dos elementos fundamentales: la globalización y lo que yo llamo “la toma de la palabra por las diversidades”. Es un fenómeno nuevo y para entender la realidad de hoy no te sirven los conceptos fundamentales con que se entendía la realidad de los años veinte. Para generar un entorno en el que ese otro tome la palabra por sí mismo debo debilitar mis creencias.

–¿Socavar el propio poder?
–Expresado en términos filosóficos sería debilitar al ser y no estar tan seguros de las cosas que sabemos. Eso significa que si tenemos un determinado concepto de verdad, belleza o bondad, esas son interpretaciones, y puede haber otra forma de analizar la vida.

–¿En el Congreso de la República se escucha la voz de ese otro?
–Creo que no. Es en las esferas del poder económico y político donde tal vez se escucha menos.

–Dice usted en su obra que estamos en un momento de disolución de seguridades. ¿Nos queda alguna seguridad?
–Creíamos que la forma más adecuada de convivencia humana era el Estado-nación y esta se nos está desmoronando. La seguridad que nos queda es la posibilidad de conversar con el otro y respetarlo en su alteridad. Esa es la más importante, porque las seguridades se construyen colectivamente, al igual que la identidad.

–¿Y cuáles son los temas que más merecen pensarse?
–El que más lo merece es la convivencia digna y gozosa de las diversidades que pueblan el Perú. De “digna”, naturalmente, está excluida la explotación y lo que Aníbal Quijano denuncia como la colonialidad del poder; y en “gozosa” está incluida la solidaridad, que va mucho más allá de la tolerancia. No basta con tolerar al otro, hay que quererlo, gozarlo y tenerlo como una posibilidad de realización nuestra.

–Finalmente, usted habla de un proyecto social en el que quepamos todos.
–Esa es la utopía de nuestro tiempo. Hay muchas promesas no cumplidas: de libertad, solidaridad, fraternidad y bienestar. No hemos sido capaces de construir una sociedad con vinculaciones profundas y lealtades permanentes. (Maribel de Paz)

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