martes 21 de noviembre de 2017
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1992

06/Set/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre EconomíaVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre TerremotoVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Sólo para usuarios suscritos Tecno Vida
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos José B. Adolph
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

La Adicción al Caos

1992-lama-1-c.jpg
Es difícil comprender las razones de la oposición al Museo de Arte Contemporáneo en Lima. Sucede que en lugar de unirnos apoyando su creación son tantos los baches encontrados que podrían formar una antología del disparate local. Desde sus orígenes se ha acumulado un anecdotario frondoso al que hoy se añaden las peripecias de Felipe Antonio Mezarina Tong, alcalde de Barranco, quien luce radicalmente opuesto al museo, porque su ignorancia le impide conocer que un eje cultural en el distrito terminará por enriquecer toda la zona, hoy plagada de bares, suites y puticlubes.

Mezarina me envía una carta en la que expresa su propósito “de ofrecer a los vecinos expresiones artísticas de calidad”, con exhibiciones de alumnos de las Escuelas de Artes Plásticas en su distrito. “Las presentaciones se llevarían a cabo todos los sábados a partir del 15 de setiembre en el Parque Municipal de Barranco de 11:00 a 21:00 horas, y hasta el domingo 15 de diciembre del presente año en su primera etapa”. Esto es un despropósito que definitivamente no orientará a fomentar la educación visual de los espectadores, sino a formar una “sucursal” de los ambulantes de Miraflores.

La invitación es general, sin curadores, ni preselección. El que quiera se presenta avalado por una escuela, lo cual es una disparatada decisión cultural. La intención es que las obras se vendan en el Parque y, a cambio, uno o dos maestros darían clases gratuitas los sábados de 3:30 a 6:30 p.m. La coordinadora es la añeja actriz y autora de telenovelas María Cristina Ribal, quien con esta iniciativa se suma a ese culposo culebrón en que se ha convertido el problema cultural de Barranco.

La idea de utilizar el Parque Municipal podría ser efectiva siempre y cuando hubiera un promotor cultural encargado de evaluar lo que se expone al público. De lo contrario se convertirá en una feria, porque el Alcalde debe comprender que no necesariamente un pintor es un artista. Esto último implica por lo menos un conocimiento básico de una serie de materias y sobre todo de la creatividad. Si no cree en estas diferencias que dé una vuelta para visitar a los buenos pintores que hay en el parque de Miraflores, para comprobar cómo su buen oficio está puesto a disposición de una producción adocenada, pues muchas veces se limitan a volver a pintar con pequeñas variaciones el cuadro vendido. De esto no se trata el arte.

Al Museo de Arte Contemporáneo, además, hay que reconocerle que ha impulsado a los directivos del vetusto MALI a comprar obras contemporáneas para su colección, algo que hasta algún tiempo resultaba impensable, pues reiteradamente habían anunciado que uno abarcaría hasta la modernidad dejando lo contemporáneo al otro. El Museo de Arte –gran promotor de tonos con etiqueta verde– se ha visto obligado a ampliar su argolla incorporando a una media docena de artistas jóvenes que son privilegiados por una decisión que tiene más de figuración que de ganas de incrementar una colección. Después de todo en sociedades como la nuestra el verdadero poder se encuentra en las manos del comprador. Aquí lo saben muy bien y hacen bastante ostentación de ello.

Romeos

El concurso de pintura convocado por Alfa Romeo en la galería Artco ha tenido óptimos resultados que ameritaban amplísima difusión, de la que ha carecido. En un país donde los concursos son indispensables para estimular a los artistas jóvenes, la repercusión resultaba necesaria por dos razones. En primer lugar por la imagen de la empresa, que está haciendo un mecenazgo que requerimos a gritos, y en segundo lugar porque los artistas participantes merecían tener mayor externalidad. El problema es fácilmente superable en las próximas ediciones porque el evento debe tener continuidad. Lo que cuenta es que el concurso se hizo, que los artistas respondieron positivamente, y que se ha contado con un jurado intachable, ajeno a las estandarizadas miradas de la contemporaneidad limeña.

El resultado es óptimo. El ganador y las menciones honrosas son egresados de la Escuela de Bellas Artes (foto) que suelen estar marginados de los gustos del establishment limeño. En estos seleccionados radica el mayor mérito del evento.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista