martes 23 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1981

21/Jun/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Sólo para usuarios suscritos Tecno Vida
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Iván Thais
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Suplementos
Acceso libre Mundo CaféVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

La Computadora y la Libreta

1981-gorriti-1-c.jpg
¿Qué diferencia al periodismo de investigación latinoamericano del estadounidense? Que uno encuentra más respuestas a sus inquisiciones en la pantalla de una computadora, mientras que el otro suele conseguirlas de una fuente humana.

¿Cuál es cuál? ¿Necesito decirlo?

En las últimas tres semanas participé en dos eventos de periodismo de investigación, uno en Toronto y el otro en Rio de Janeiro. Desde su perspectiva, cada cual ilustró la diferencia.

En la Conferencia Global de Periodismo de Investigación, en Toronto, en la que participaron periodistas de medio mundo, pero con una fuerte orientación anglosajona (o quizá debiera decir primermundista), hubo incontables seminarios sobre CAR (reportaje asistido por computadora, a partir de las siglas en inglés de Computer Assisted Reporting) de todo tipo, pero solo un par de sesiones examinaron las técnicas, abiertas o secretas, de la entrevista. Una de ellas fue respecto de cómo percatarse (sobre todo a través del lenguaje corporal) si el entrevistado miente o no. La otra versó básicamente respecto de cómo utilizar la entrevista como clincher, es decir, para darle el toque final al trabajo previo.

No pude dejar de anotar entonces que mi generación (y no solo ella) de periodistas de investigación latinoamericanos utilizó métodos diferentes, con gran éxito en muchos casos.

Nosotros caminamos las calles y transpiramos las neuronas buscando las vetas de información a través de fuentes humanas.

Nuestro ámbito fundamental de acción era lo que los espías llaman Humint ( de nuevo, por la abreviación en inglés de Human Intelligence) o inteligencia (información) de fuente humana.

Los periodistas de investigación y los espías, hay que decirlo, compartimos muchos métodos en cuanto a la forma de conseguir la información. Lo que nos diferencia es lo que hacemos con ella. La que conseguimos los periodistas se convierte en propiedad del pueblo, de la gente; la de los espías, en propiedad del Estado. Cuanto más importante sea la información para un periodista, mayor difusión tendrá entre la gente; y cuanto más importante lo sea para un espía, más restringida será su circulación dentro del Estado.

Por cierto que después de septiembre de 2001, los espías, sobre todo las agencias de inteligencia estadounidenses, se percataron de que basarse demasiado en la tecnología y muy poco en fuentes humanas puede tener consecuencias problemáticas.

Creo que lo mismo puede decirse del periodismo de investigación.

Las investigaciones por computadora pueden lograr resultados dramáticos, como sucedió, por ejemplo, en el extraordinario trabajo hecho en el caso de las operaciones de Renditions de la CIA, sobre el que escribí hace pocas semanas.

Pero en Latinoamérica muchos de los más importantes trabajos de periodismo de investigación se basaron en el cultivo directo de personas.

Eso planteó y plantea diferencias importantes en el método de trabajo. Significó y significa la necesidad de cultivar fuentes a largo plazo, tomando en cuenta, en muchos casos, las características y la naturaleza de la institución a la que pertenece la fuente o con la que está relacionada. ¿Cuáles son las principales contradicciones, rivalidades, frustraciones dentro de esa institución? Si se trata de organizaciones verticales: ¿han sido postergadas o dejadas de lado esas fuentes en la promoción o el ascenso? ¿Han sido mandados prematuramente al retiro? La resaca de la jubilación es muy dura en esas instituciones y el tedio infiltra las horas de grisura. La visita de un reportero puede ser tan preferible a regar el jardín o a meterse a mirar la pared en el “estudio”, porque el hasta anteayer poderoso jerarca estorba en el resto de la casa. En cambio, rememorar los días de poder, cobrarse revanchas diferidas contando detalles que no fueron previamente revelados, puede ser un eficaz antídoto a la monotonía de esos días que se hacen interminables... en tanto y solo en tanto confíe en la discreción del periodista.

Para el periodista de investigación, cultivar la información a través de las fuentes supone mucho trabajo y mucha paciencia. Recoger pequeños detalles aquí y allá, que parecen significar poco individualmente, pero que armados en el mosaico de los hechos comprobados, adquieren, a veces paulatina, a veces súbitamente, la forma, la figura de la revelación.

Puedo abundar en los ejemplos, pero el principio es el siguiente: que la entrevista no representa solo el toque final, la cereza, la corona; sino que, especialmente en el periodismo de investigación latinoamericano, donde ha sido la regla, es el cimiento y las paredes de la investigación.

En el periodismo de investigación gringo, se suele suponer que la huella documentaria (el paper trail, como le llaman), te llevará a la entrevista que amarre lo previamente investigado. En Latinoamérica, lo más frecuente ha sido que las entrevistas te lleven a la huella documentaria.

En mi experiencia, por ejemplo, de la cobertura de la guerra interna en el Perú, no había casi ningún documento que pudiera conseguirse mediante nada siquiera parecido a las leyes de acceso a la información. No existían, y si hubiera mencionado ese derecho, lo único que hubiera obtenido sería una risotada.

Sin embargo, al final logré tener cajas y cajas de documentos confidenciales o clandestinos. ¿Cómo? A través de muchas fuentes individuales, cultivadas a lo largo del tiempo y cuya confianza y reserva fueron siempre respetadas.

Lo mismo puedo decir de casi todos los periodistas de investigación cuyo trabajo conozco. ¿Cómo fueron posibles las revelaciones de “Muerte en el Pentagonito” de Ricardo Uceda? Fuentes, fuentes, fuentes. Algunos contaron muchos secretos; otros, pocos. Pero así se armó el mosaico.

Claro que ese principio no es exclusivo, ni mucho menos, del periodismo latinoamericano. No creo que Seymour Hersh, por ejemplo, sea un especialista en CAR. Sin embargo, ¿cómo ha logrado mantenerse como una presencia central en el periodismo de investigación estadounidense tantos años después de la revelación de My Lai? Sobre todo, junto con su gran pericia, gracias a sus fuentes. Fuentes cultivadas a largo plazo. Confianza. Respeto. Trayectoria. A la hora de hablar, ¿a quién lo van a hacer? ¿A quien los encontró a través de Google o a quien conocen y en quien confían?

Ese ha sido el principio que dirigió en el pasado las mejores investigaciones periodísticas latinoamericanas. Y, según he podido comprobarlo en estos días, el principio sigue vigente.

He sido, como en los cuatro años anteriores, uno de los jurados (los otros cuatro son: Tina Rosenberg, del New York Times; Mike Reid, de The Economist; Marcelo Beraba, de Folha de Sao Paulo; Gerardo Reyes, de El Nuevo Herald) en el gran concurso de periodismo de investigación respecto de casos de corrupción que organizan conjuntamente IPYS con Transparency International, con fondos del Open Society Institute. Es la más importante competencia de periodismo de investigación en Latinoamérica, y este año tuvo un récord de inscripciones.

No estoy seguro de que el acta del jurado sea pública cuando se publique este artículo, así que no daré los nombres de los ganadores, pero sí puedo decir lo siguiente: Que este año la calidad de los trabajos fue extraordinariamente buena; que en su mayoría siguieron con éxito el método latinoamericano tradicional (aunque hubo excepciones); y que dos trabajos peruanos están, con mucha justicia, entre los premiados y reconocidos.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente

Artículos relacionados:
Caricatura de Investigación (Caretas 2315)
La Guerra Jubilada (Caretas 2314)
Periodistas de a Pie (Caretas 2313)
De la Cárcel al Pentagonito (Caretas 2312)
Daño Colateral (Caretas 2311)
El Almirante Invisible (Caretas 2310)
Avionetas en el VRAEM (Caretas 2309)
Cuestión de Toxinas (Caretas 2308)
El General Giap (Caretas 2307)
En la Rotonda de Columbia (Caretas 2306)
Grandes Reportajes (Caretas 2305)
Pavlov y el Control Remoto (Caretas 2304)
No se Exige Nada, se Espera Todo (Caretas 2303)
El Fallo de Velásquez (Caretas 2302)
Defensa de la Megacomisión (Caretas 2301)
Armas Legales, Normas Kafkianas (Caretas 2300)
Julio Arbizu y Alejandro Toledo (Caretas 2299)
¿Es Tan Difícil Pensar con Claridad? (Caretas 2298)
Los Actores y sus Historias (Caretas 2297)
La Acción y sus Actores (Caretas 2296)
¿Campesinos o Narcosinos? (Caretas 2295)
Cutralibros (Caretas 2294)
Límites de lo Pragmático (Caretas 2293)
Entre el Macartismo y los Narcovuelos (Caretas 2292)
Personalidades Constitucionales (Caretas 2291)
Atestados y Coartadas (Caretas 2290)
Las Tajantes Estridencias (Caretas 2288)
Los Superagentes del ‘Parque del Amor’ (Caretas 2287)
Prehistoria de un Espía (Caretas 1986)
El Problema del Centro (Caretas 1985)
La Extradición en Peligro (Caretas 1984)
¿Cobarde, Valiente o Todo lo Contrario? (Caretas 1983)
El Año Incierto de García (Caretas 1982)
Camisea ¿Cómo Sea? (Caretas 1980)
Identikit del Gorila (Caretas 1979)
Periodistas y Espías (Caretas 1978)
Cachito y el tío Eduardo (Caretas 1977)
La Guerrilla Poshistórica (Caretas 1976)
¿Un Futuro Privatizado? (Caretas 1975)
Tenet y el Submarino (Caretas 1974)
Sucedió en Durango (Caretas 1973)
El Ministro que Debe Salir (Caretas 1972)
El Buzo y los Topos (Caretas 1971)
La Defensa del Tonto (Caretas 1970)
Corazón del Cielo (Caretas 1969)
No Enfrenta sino Infiltra (Caretas 1968)
Doblemente Informado (Caretas 1967)
El Fin de los Medios (Caretas 1966)
Estridencias y Calumnias (Caretas 1965)
Recuerdos de El Frontón (Caretas 1964)
Plutócratas y Petrócratas (Caretas 1963)
Alan, Allan, el Debate y el Secreto (Caretas 1962)
Caviares y Conchas (Caretas 1961)
Historias de Haití (Caretas 1960)
La Petroizquierda de Hugo Chávez (Caretas 1959)
Olor a Colusión (Caretas 1958)
Búsqueda | Mensaje | Revista