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03/May/2007
 
 
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A propósito de la presentación de su nuevo poemario, J.A. Mazzotti discute su postura con respecto a la violencia política en el Perú.

La Violencia de lo Erótico

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Mazzotti enseñó entre 1997 y el 2006 en la Universidad de Harvard. Ahora está en Tufts.

Sacro, Saqra, Sakra: lo litúrgico sagrado; lo andino en el vocablo quechua que significa “demonio juguetón”; una ortografía cultivada por un grupo poético de los 80. Boccata: italiano para “bocanada”, alude al aliento divino del poeta y a las pasiones humanas que devoran. Así explica José Antonio Mazzotti (Lima, 1961) su “Sakra Boccata”, poemario en el que explora amor sensual y misticismo en que la carne se desgarra anhelando pureza y eternidad. El poeta y académico –que dirige el Departamento de Lenguas Románicas de la Universidad de Tufts, en Boston–, presentó el libro en Lima y participó en el Congreso Internacional de Peruanistas, en Santiago de Chile. Antes de volver a Estados Unidos, donde reside desde hace casi veinte años, tuvo con CARETAS la siguiente conversación:

–A propósito de la denominada “literatura de la violencia”, ¿cómo da cuenta la poesía de las décadas de violencia política?
–En mi época ya había narradores y poetas que tocaron el tema. Los poetas, incluso, empezaron antes con una poesía muy explícita y clara desde que el Ejército tomó las riendas de la lucha antisubversiva hasta el día de hoy. Pero creo que algunos lo podemos retomar cuando queramos y hablar de otros temas que nos interesan. Quizás durante los 90 muchos autores alejaron el problema, por lo doloroso que fue. Con las investigaciones de la CVR supimos más de sus dimensiones. Esa coyuntura te permite hablar más abiertamente, porque la guerra terminó, la dictadura de Fujimori terminó. Por otro lado, las editoriales españolas son transnacionales de negocios, y este es un tema que cautiva a determinado público.

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Editorial Mundo Ajeno, 2007.

–¿Cree que la recepción de sus libros por parte de la prensa peruana está sujeta a la polémica acerca de su posición ideológica frente a Sendero Luminoso?
–Sin duda ha sido un factor. Mi breve paso por un periódico de izquierda (Nuevo Diario de Marka) fue explotado ante la publicación de mi ensayo “Poéticas del Flujo” (2002). La polémica se había iniciado antes, pero ahí es cuando explosiona de manera evidente. Siempre he sido un escritor de izquierda pero no he tenido vinculación directa con SL. De hecho, he sido investigado por la policía, y entro y salgo del país porque no hay una denuncia formal contra mí. No diría que hay un veto, sino una reacción inconsciente ante determinadas poéticas del grupo en que me desarrollo.

–¿Su salida de Harvard tuvo que ver con esta polémica?
–Harvard mantiene en secreto casi absoluto sus procesos de renovación de contrato y ascenso. Habiendo estado ahí cerca de nueve años, tuve fricciones con un sector ideológicamente conservador dentro de mi departamento, donde lo latinoamericano tiene poco peso. Sabía que sería incómodo seguir ahí. Las acusaciones salieron en el momento previo a que yo entrara a una nueva etapa. Si influyeron o no, no lo sé. Tal vez de manera lateral.

–¿Cuál ha sido la evolución de un intelectual que escribía a comienzos de los 80 en un diario de tendencia marcadamente comunista, y ahora es profesor universitario, académico?
–No ha habido un cambio profundo, sigo creyendo en la posibilidad que el Perú mejore y que el Estado es ineficiente y está manejado, generalmente, por individuos que no tienen la calidad moral ni profesional. En ese momento era un intelectual joven que se daba a conocer y tuve la posibilidad, junto a otros escritores –pero a mí se me señala por ser una de las cabezas más visibles–, de protestar contra un primer gobierno de García trágico y patético. Aislar la labor de una persona simplemente por un tipo de periodismo anarquista –porque más que otra cosa, eso fue el suplemento “Asalto al Cielo”–, ignora otras facetas de su producción: la poesía, la investigación literaria. Por eso me fui del país el año 88, para desarrollarme como intelectual. Pero por enfatizar mi lado académico, no dejo de ser poeta, ni un ser político.

–¿Cuál considera que debe ser la distancia entre la obra y las filiaciones políticas de su autor?
– A un escritor no se le debe juzgar por anécdotas biográficas o históricas. La obra es la obra. Vallejo también fue perseguido y no pudo regresar. Nadie diría: “Sobre Vallejo había una acusación que nunca quedó clara, porque incendió la casa del partido político opositor en Santiago de Chuco”. ¿Eso debe ser un criterio para leer a Vallejo? Nadie en su sano juicio pensaría eso.

–El escritor Oswaldo Reynoso se ha referido a este periodo de violencia como una “guerra popular”. ¿Está de acuerdo con esta definición?
–Depende de cómo se defina lo popular. Como en toda guerra, la mayor parte de los muertos fue de sectores marginados. Yo respeto mucho a Reynoso como escritor e intelectual. Si quiere llamar a este proceso “guerra popular” es su derecho.

–¿No es una manera ambigua de referirse a esas décadas?
–Me parece clara: es una definición política que circula. No necesariamente significa un partidarismo por los grupos armados. Si bien esos mismos grupos la usaban, no es su única significación posible. (Rebeca Vaisman)

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