martes 23 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1974

03/May/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Sólo para usuarios suscritos Mar de Fondo
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre CorrupciónVER
Acceso libre HomenajeVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Acceso libre TeatroVER
Acceso libre CineVER
Acceso libre Ojo al CineVER
Acceso libre MúsicaVER
Acceso libre ExposicionesVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

Ojo al Cine “María Antonieta” de Sofía Coppola: el reino pop de la Francia del S. XVIII.

Versalles Punk

1974-cine-1-c.jpg

Filme incomprendido y rechazado por los historiadores.

Sofía Coppola, quien empezó su carrera con la poesía evanescente y adolescente de “Las Vírgenes Suicidas”, está dejando de ser una directora engreída. El engreimiento de una típica chica culturosa y de élite era evidente en su alter ego encarnado por Scarlett Johansson en “Perdidos en Tokio”, dispuesta a hacer de su diario privado una declaración snob y pública: “Estudié filosofía, me gusta la fotografía, mi esposo es un posero, y me siento sola en el país del sol naciente”.

El eslogan “Qué Especial Soy” tuvo su coronación cuando Sofia recibió el Oscar a Mejor Guión Original por el filme mencionado y agradeció a los cineastas Wong Kar-Wai y Godard. Pero hay que reconocer que la soledad y la influencia de sus guías espirituales se notan en la cinta –especialmente la del hongkonés-, lo que demuestra que la hija de Francis Ford es una engreída con autoridad que absorbió lo mejor de su ex novio Spike Jonze, el rayadísimo director de cine y videoclips, combinándolo con sus propios gustos (Luego Sofía salió con Tarantino, pero ese es otro cuento).

O una engreída que está dejando de serlo. ¿Pero eso cómo sucede en “María Antonieta”, si la reina decapitada es la engreída por antonomasia? Encima la cinta fue filmada en el Palacio de Versalles. Tal vez porque Sofía se contiene (los planos siguen quietamente a la musa Kirsten Dunst/María Antonieta), a pesar de su embelesamiento al contemplar los vestigios suntuosos de un esplendor pasado, haciendo que el metraje se le haya ido ligeramente de la mano. Una contención pop: ahora no quedan dudas de que su devoción por los referentes modernos (música de New Order o Siouxsie & the Banshees) camina por la honestidad de quien quiere salvarse mediante el pop, y que esa banda sonora íntima es la que mejor se conecta con la confusión. María Antonieta sería hoy una punk. Exigir verosimilitud o convulsión revolucionaria sería en vano: Coppola no aspira a ser Eisenstein.

Y entre el desborde de la producción (los Coppola están acostumbrados a los proyectos locos) y la empatía sumamente respetuosa por una niña a quien nadie le enseñó a reinar, termina ganando lo último. Daría la impresión de que Sofía pudo haber puesto sobre el pastel acciones y resoluciones visuales aún más audaces que su planteamiento pop, que rebalsen la seguidilla de fiestas y la desesperante abulia conyugal entre Luis XVI y la reina.

Pero eso no es grave. Las superficies del filme están llenas de vigor: si con Kirsten Dunst no se logra eso, mejor pasemos de página. La clave, quizá, es que la directora se entrega a su personaje, y cuando eso ocurre, los silencios transitan por sí solos, sin caer en el cliché de mirar luces de neón vacíos. No se puede esperar otra cosa de una joven inteligente: que crezca. (José Tsang)

Dios Salve la Corona

1974-cine-2-c.jpg
“La Reina”, lo opuesto a un telefilme.
Filme basado en hechos de la vida real = propaganda institucional de una ONG. La equivalencia no vale cuando entra el factor Stephen Frears. El director británico tuvo a su cargo la realización de “La Reina”, que narra la tensa relación que entabló la Reina Isabel II con el electo primer ministro Tony Blair en los días posteriores a la muerte de la princesa Diana.

Tremendo tema, que podría haber terminado en el convencionalismo televisivo más burdo, es conducido por la mano ducha de un director versátil con un común denominador: auscultar a seres que se enfrentan a un momento emocional de quiebre, impuesto por ellos mismos o el destino. Pareciera que Frears se enfrenta a sus proyectos de modo similar, en vista de su pluralidad temática: de la nostalgia por los elepés (“Alta Fidelidad”) a los cálculos de seducción en el S. XVIII (“Relaciones Peligrosas”), pasando por la interculturalidad de un amor homosexual (“Mi Bella Lavandería”) o el apunte sardónico sobre los mass media (“Héroe Accidental”).

“La Reina” es un relato intimista de cámara con un duelo verbal indeleble entre los actores Helen Mirren y Michael Sheen. Y allí está Frears para encaminarlos, distinguiendo lo cinematográfico de lo periodístico, en dos personas inseguras ante una situación que los excede.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista