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Corrupción Los peligrosos alcances del mercado negro en el servicio de Inteligencia de la Marina.

Cachina en la Marina (VER)

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En la pasada edición de CARETAS se publicó la primicia sobre la fuga de información en la Dirección de Inteligencia de la Marina (Dintemar). Es un maretazo en el que varios oficiales pueden terminar empapados.

El protagonista del escándalo, el capitán de corbeta AP Carlos Barba Daza, fue separado del cargo y sometido a Consejo de Investigación por, presuntamente, haber vendido informes de inteligencia y alquilado polígrafos de la Marina a dos empresas privadas de seguridad.

El lunes último, al ser interrogado por oficiales de Inspectoría, dijo que, en su calidad de poligrafista, realizó “uno o dos trabajos” para el Grupo Atenea y ciertos análisis de inteligencia para Andrick Service, pero nada más.

Trascendió que a Barba se le aplico una primera prueba del polígrafo o detector de mentiras. Paradójicamente, no pasó el examen.

Conocido en su institución como ‘Cali’, Barba Daza, de 33 años, se especializó en Colombia. Estudió en la Universidad Católica un Diplomado en Seguridad y fue destacado con anterioridad a la selva para tareas de inteligencia. No era, pues, un novato.

En los institutos armados, por cierto, no existe un impedimento para que un oficial se desempeñe, durante sus ratos libres, en actividades privadas. Un considerable número de oficiales, apretados por el famélico sueldo de cada mes, poseen un trabajo paralelo. ‘Cali’ era uno de ellos.

Pero aquí debió haber algo más, pues la propia institución decidió abrir una investigación. Las pesquisas indican que, además de sustraer de la Marina los equipos de poligrafía para alquilarlos a Atenea y Andrick Service, Barba filtró también informes de inteligencia sobre narcotráfico, terrorismo y violencia interna.

Algunos de estos reportes, tal y como alegan voceros de la Marina, no son un secreto, pero contienen datos que serían de mucha utilidad para cualquier barón de la droga o terrorista cdispuestos a alquilar los servicios de estas compañías.

1974-marina-8-c.jpg

Canal Que Hizo Agua.- Este es una de las notas de inteligencia que el capitán de corbeta AP Carlos Barba filtró a Atenea. Contiene información de fuente abierta sobre la violencia interna, pero es un reporte que ingresó al canal de inteligencia de la Marina para ser distribuido de forma reservada al Ministerio de Defensa.

El Jefe en Problemas

“Bucear en las debilidades de las agencias de seguridad debe ser como nadar entre tiburones: nunca se saldrá indemne”.(*)

El diario La República reveló esta semana que ‘Cali’ ofertó 1,000 notas de inteligencia en los últimos seis meses. Lo habría hecho a través del sistema informático ‘Marte’, que encripta información estrictamente secreta antes de remitirla a los canales pertinentes. La Dintemar utiliza este sistema, instalado en el 2005, para enviar reportes a la Comandancia General de la Marina y a la Dirección Nacional de Inteligencia (DINI).

El remolino atrapó al jefe de la Dintemar, contralmirante Luis Chumbiauca Muñante. Esta semana dijo a Inspectoría que desconocía el trabajo paralelo de Barba.

“El personal operativo de la Dintemar no supera las 50 personas. Es imposible que uno no sepa lo que hace el otro”, dijo a CARETAS un alto oficial de esa arma. Su currículo precisa que Chumbiauca, especialista en ‘Guerra de Superficie’ e ingeniería electrónica, laboró como inspector, comandante del BAP ‘Montero’ y jefe de la Dirección de Material.

La 13a Fiscalía Provincial Penal, a cargo del doctor Marco Villalta, lo denunció como presunto autor de graves anomalías en la Caja de Pensiones Militar Policial (CPMP).

Entre el 2004 y el 2005, Chumbiauca se desempeñó como presidente de la CPMP. Durante ese lapso, según la denuncia fiscal Nº 122-05, “habría consentido malos manejos en el Banco de Comercio, del cual la Caja de Pensiones es propietaria”.

Es usual que las instituciones armadas se alimenten de cierta información de las empresas de seguridad para elaborar sus reportes de inteligencia, pero la figura inversa resulta ciertamente insólita. El escándalo sugiere que Inteligencia de la Marina, una dependencia rigurosa e impenetrable en otros tiempos, se ha convertido ahora en una feria, una suerte de Cachina, donde se venden y compran los secretos.

¿Cómo se llegó a esta situación? El colapso del sistema de inteligencia de Vladimiro Montesinos dejó en la calle a un batallón de agentes y operadores de inteligencia desocupados. Muchos de ellos crearon sus propias agencias brindando servicios que van desde el asesoramiento en seguridad hasta el ‘chuponeo’ telefónico y la interceptación de e-mails.

Captar personal militar en actividad para estos trabajitos es más sencillo de lo que parece. Los bajos sueldos de los uniformados redondean la tentación. Barba Daza, por ejemplo, percibía mensualmente S/. 1,200 y S/. 800 de gasolina.

El Grupo Atenea y Andrick Service son dirigidos por marinos en retiro. La cartera de sus clientes, según la información que ellos mismos divulgan, está conformada por empresas mineras, supermercados, cementeras, bufetes de abogados, casas de juego, compañías petroleras y otras.

El ministro de Defensa, Allan Wagner, ha demandado al Ministerio Público para que actúe de oficio. La Subcomisión de Inteligencia del Congreso, por su parte, alista una investigación de oficio, sin la presencia de su presidente, el almirante AP (r) y vicepresidente de la República Luis Giampietri, quien anunció a CARETAS que finalmente se inhibirá de investigar el caso.

Al Congreso serán citados todos los involucrados. La lista será larga. En los correos interceptados al capitán ‘Cali’ aparecen personajes que podrían brindar detalles precisos sobre esta red. Uno de ellos es Alejandro Phyllips Otero, el segundo jefe de la seguridad perimétrica del CNI en el 2003. Fue llevado a ese organismo por su tío, el almirante Alfonso Panizo. Tras su salida del sistema de inteligencia dos años más tarde obtuvo trabajos temporales en empresas particulares de comunicaciones y luego en una compañía de seguridad de propiedad de Alfonso Panizo Otero, hijo del ex jefe del CNI, donde Barba Daza también habría laborado como poligrafista y “analista”.

El gobierno se verá obligado a encarar la situación. Según información recabada por CARETAS, es probable que los reglamentos de los institutos deban ser modificados para prohibirles los cachuelos a quienes se desempeñen en la especialidad de Inteligencia. No es lo mismo trabajar con información clasificada que ejercer tareas de vigilancia en un evento o un banco. “Es una chambita”, lamenta un alto miembro del Ejecutivo. “Unos hacen taxi y otros venden información”.

En segundo lugar, el escándalo vuelve a poner en cuestión los excesos de la política de austeridad. Funcionarios profesionales de áreas claves para la seguridad nacional no deberían ganar salarios que llamen a la corrupción servida en bandeja.

Y, por supuesto, la profesionalización del sector Inteligencia, con mayor participación de funcionarios civiles y formación más exigente en general, es una asignatura largamente pendiente. (Américo Zambrano, Enrique Chávez)

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* Cita del mexicano Leonardo Curzio consignada por el especialista en inteligencia Andrés Gómez de la Torre Rotta y ex asesor de la Comisión de Defensa Nacional del Congreso de la República, en su libro SIN, Arcana Imperii. Inteligencia en Democracia.

Mal de Muchos


SE dice que mal de muchos es consuelo de tontos y esta es una buena ocasión para recordarlo.

Como Gustavo Gorriti lo señala en ‘Tennet y el Submarino’, el artículo de las próximas páginas sobre la conmoción que ha causado el reciente libro del ex director de la CIA George Tennet, el tema de los servicios de inteligencia y su vinculación con la política está candente en EE.UU.

Y en el Reino Unido también se registra una oleada de recriminaciones porque el MI5, en el curso de operaciones de vigilancia en el 2004, desechó como sospechosos a Mohammad Sidique Khan y Shehzad Tanweer, dos de los terroristas suicidas del atentado en Londres el 7 de julio del 2005.

Esta circunstancia se reveló en el curso del juicio contra los conjurados de la llamada ‘Operation Crevice’ (rendija), en la que se pensaba detonar una bomba gigante de 600 kilos fabricada con fertilizante –es decir, era una bomba de anfo, explosivo bien conocido en el Perú.

Colocada debajo de Ministry of Sound, un complejo musical de varias discotecas y auditorios, hubiera podido matar a centenares de personas.

Durante casi tres años el MI5 siguió a un tal Omar Khyam, el jefe del complot, y otras 50 personas.

La operación incluyó:
- 24,000 horas de vídeo.
- 3,000 horas de audio.
- 30,000 horas hombre.

En el curso de la vigilancia se registraron un par de encuentros entre Khyam y los dos terroristas suicidas del metro de Londres, pero a ellos no se les vigiló más porque nada los comprometía.

Ahora los parientes de las víctimas se quejan. Comprensible pero algo injusto.

 


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