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Teatro Ideólogo posibilista, novelista, toledista y todista. Hugo Garavito es ahora dramaturgo. La Liberación de Garcilaso es su obra.

Los Comentarios Reales de Garavito

4 imágenes disponibles FOTOS 

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El autor entre actores Reynaldo Arenas y Ofelia Lazo. La obra fue a propósito de los 398 años de los Comentarios Reales.

Hugo Garavito, think tank de la chakana, desciende de su torre de marfil en el centro de Lima. Se refugia de la oligofrenia pública en El Virrey, hábitat natural de la intelligentsia peruana. La política y la intelectualidad no se llevan bien. La arena congresal lo desilusiona. Prefiere hibernar en sus cuarteles de invierno, con la única compañía de sus perros (Junior y Mouse) y sus aves agapornis africanas. Por eso –confiesa Garavito, también Subgerente de Educación y Cultura de la Municipalidad de Lima– él prefiere el terreno de las ideas. Allí, en el fango de la materia gris, se revuelca gozoso.

En la librería lo saludan efusivamente. Del pensamiento Garavito no quedan muchos ejemplares. Y son varios libros. El Perú Liberal, del cual prepara una reedición aumentada. La última batalla del Califa, “novela histórica sobre la batalla de Lima del 95”, cuenta mientras blande un ejemplar como una espada y con el dedo índice nos señala su imagen fotoshopeada en la contratapa entrando por Cocharcas junto a Piérola. El Santo Hereje de 1986, de venta en Amazon y Amazonas, sobre su ancestro Mariano Amézaga, maestro de González Prada y poeta finisecular. Finalmente, El Posibilismo. Acaso su best-seller.

La Liberación de Garcilaso es su debut en las tablas. Incluye pesadillas en quechua y apariciones. La obra trabaja el conflicto del Inca con su padre, y también el que tuvo al engendrar un hijo con una esclava. El Garcilaso de Garavito muere tras exorcizar sus demonios internos. La obra termina cuando el Inca exclama: “El que hoy muere es Gómez Suárez de Figueroa. Pero el Inca Garcilaso, ése, vivirá para siempre”.

–¿Qué dramaturgo lo ha influenciado? Lo siento algo Beckett.
–Acabo de ver La Nona. Me gustó. La primera obra que vi fue El Cántaro Roto, en el ex teatro La Cabaña. Yo leo más historia y filosofía. Soy profesor de Historia de las Ideas Políticas en la Universidad Tecnológica del Perú (UTP). Enseño desde Platón hasta John Rawls. Todo en un curso.

–¿Cuánto de usted tiene su personaje? Usted también está escindido. En dos o más partidos políticos.
–Mire ve, los de mi edad (59 años) hemos pasado por tres canales. Por la izquierda, por el Apra, o por el PPC-AP. De mí se puede decir lo que sea, pero nunca marxista.

Y sin embargo apoyó planteamientos de izquierda, como la estatización de la banca y las reformas de Velasco.
–Yo nunca he negado mi acercamiento a Alan García. Estudié con él. Y por supuesto, en este país éramos, todos eran populistas. Siempre fui apristón, por mi formación hayista. Y bueno, yo simpaticé con las reformas del gobierno de Velasco. Entonces parecía muy fácil hacer grandes cambios.

–Además de Haya y Platón, otra de sus influencias fue Juan Sheput.
–Sheput era un tipo pesado. Todo el día me decía ‘Toledo, Toledo, Toledo’. Al final le dije ‘ya, quiero conocer a ese Toledo’. Sheput me acercó a él. Lo conocí en su casa y me impactó su mensaje moderno. Me ganó por la cabeza.

–El ex presidente Toledo, como Garcilaso, viene también de dos mundos.
–Claro. Si uno lee su libro Las Cartas sobre la Mesa durante el auge del boloñismo (N. del R. circa 95), Toledo ya decía ‘¡Cuidado, señores, el Estado es necesario!’ Gracias a la vida académica estadounidense él pudo beber de esa influencia. Pero su familia era una versión de Los Beverly Ricos. Típica, de extracción muy humilde. Vivía del recurseo hasta que descubrieron petróleo bajo la casa.

–¿Lo vio en Lima? ¿Perú Posible (PP) sigue siendo el partido liberal del siglo XXI?
–No lo vi. Yo dije que ésa era la ruta natural de PP, no que ya lo sea. Hay conexiones con el pensamiento de John Rawls. Intenté marcar la hoja de ruta, pero a mis amigos de Perú Posible no les gustó. No sé si leyeron mi libro. No me arrepiento de nada; el libro no ha envejecido.

–Pero como periodista que ha sido, ¿sigue creyendo en Alejandro Toledo?
–Sigo creyendo en lo que representa Alejandro Toledo. Es más grande que su partido. Y como periodista, pues sepa usted que yo cubrí la agonía de Velasco. ¿Sabe cómo entré al Hospital Militar? Compré un jarabe para la tos, corrí y corrí. Me agité tanto que me puse a sollozar y jadear. Puse rostro de niño bueno y adolorido. Imagínese mi cara. Y bueno, así entré pues. (Carlos Cabanillas)

 


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