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Brújula, Tiento, Aspaviento

Las tres últimas semanas han ido perfilando una marea política que, cual la Corriente del Niño, depara sorpresas con el consiguiente despiste de las brújulas o “agujas de marear” como se decía en el Siglo de Oro.

La figura no es broma, pues un alto dirigente empresarial ha dicho que la actual administración del presidente Alan García está perdiendo la brújula, esbozo de una crítica hasta ahora infrecuente en los decisorios ambientes de la banca, la empresa y la inversión.

Las últimas encuestas, que si bien refuerzan la estrategia presidencial de atraer masas y simpatías dejando oír lo que ellas quieren escuchar, van marcando netamente un claro nivel de distancia que le dice al Presidente: todavía te doy un margen de esperanza, pero no desdeño el de la duda.

Al presidente García la ciudadanía le sigue los pasos a pie juntillas, pues resulta que –fatalidad o prejuicio– secretamente se teme que se dispare, que meta la pata, que tenga exabruptos o que se salga del guión de equilibrio, serenidad, ponderación, prometido y hasta ahora ejecutado con puntilloso cuidado.

Lo mismo ocurre en relación con el APRA y por eso se abulta y pinta con negros tonos lo que se ha dado en llamar el “copamiento” aprista de los puestos públicos y el recuerdo pertinaz de figuras de la pasada primera administración de AGP, llámense Luis Alva Castro o, peor aún, Agustín Mantilla.

El ritmo de trabajo y de elegir temas de agenda de parte del presidente García, con un febril afán de hacer noticia por quítame estas pajas, contribuye en buena medida a reforzar la sensación de dispersión de objetivos y metas y, lo que es más contraproducente, que hay en la marisma y el zangoloteo del bote nacional la percepción que no se lleva ni ritmo ni concierto previsibles.

Para gobernar, en suma, hay que andarse con tiento, en especial si no hay signos de tormenta en las filas políticas –el lugar común de “no hay oposición”– y si el sol –el monetario– brilla con entusiasmo y se supone que para todos. Es obvio que estamos ante un Presidente que quiere que las cosas se hagan para ayer, y que el aparato estatal es renuente ante el cambio de paso y de intensidad. En parte, por la premura del shock de inversiones se armó el bolondrón de las licitaciones en Interior y Salud, como ante el programa de austeridad en sueldos y salarios públicos están produciendo un drenaje de cuadros. ¿A quién puede interesarle un trabajo riesgoso, mal pagado y fiscalizado rabiosamente por prensa, Parlamento y Poder Judicial? “El Estado corre el riesgo de quedarse paralizado”, ha dicho Cecilia Blume. Y esa vieja manía de mirar para atrás, perdiendo tiempo y buen humor, ¿sirve para despejar en algo el camino de mañana?

¿Por dónde hay que caminar? Primero con tiento, segundo con los objetivos más concretos posibles. El ejemplo que la ciudadanía ha valorado han sido las decisiones tomadas en educación y algo similar podría ocurrir con salud si se refuerzan los Comités de Administración Compartida, donde comunidad y Estado se fortalecen mutuamente.

La reforma del Estado ha ocupado igualmente estas semanas al equipo ministerial y ha adelantado aspectos plausibles –especialmente el de las obligaciones de un Estado al servicio del ciudadano, pero también los deberes de la ciudadanía haciendo posible desterrar la anomia, la corrupción y la informalidad campeando en todo– pero se ha visto al mismo tiempo en contradicciones al tratar de hacer calzar “fusiones” como quien quiere que el zapato ignore que el pie ha crecido. Producirá callos y dolores vertebrales. Se quiere atacar muchos frentes simultáneamente, pero habría que decir que, por ejemplo, los meses de intenso reclamo al Poder Judicial para que muestre una voluntad de cambio están dando ahora sus frutos: tal vez no sea una gran reforma –ay, esa afición por las palabras altisonantes– pero hay algunas y algunos magistrados que están dando alentadoras muestras de querer quebrarle el espinazo a la inmoralidad judicial. Insistir desde el Ejecutivo y el Legislativo en apoyar los nuevos aires en el Poder Judicial rendiría muchos más réditos políticos que escarbar la olla de la vindicta.

Otro frente en el que no se advierte que es fuente de inquietud de la ciudadanía es el frente externo. Chile será siempre fuente de preocupación y por lo mismo cuanto más se informe y dilucide cómo van las cosas con ese país –inevitablemente vinculando a inversión, negocios y buenas maneras con el de la delimitación definitiva– mejor que mejor. Muy importante la visita de la Canciller ecuatoriana a nuestro país porque nos ha vuelto a la realidad el descubrir que la promesa de una ingente línea crediticia y de inversión para darle nueva vida al Acuerdo de Paz y a la región fronteriza peruano-ecuatoriana quedó en el reino de las lindas palabras. El Perú debe trabajar más intensamente con el nuevo gobierno ecuatoriano en ese frente fundamental.

La única manera de rehuir el viejo refrán “mucho ruido y pocas nueces” es redoblando efectividad y aciertos, que la actual administración los tiene a no dudarlo, ignorando los aspavientos que en política son inefectivos y poco quijotescos.

 


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