sábado 20 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1966

08/Mar/2007
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre Derechos HumanosVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Bienes & Servicios
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Caretas TV
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Jaime Bedoya
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Nicholas Asheshov
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

El Fin de los Medios

1966-gorriti-1-c.jpg
El periodismo cambia tanto que su dialéctica febril ha generado miedos propios. Como sucedía con quienes sufrían un punzante encuentro con cierto conde de Transilvania, el periodismo teme la llegada del momento en el que al pararse frente a un espejo, éste ya no le devuelva su imagen.

Los congresos y conferencias de periodistas sobre los temas centrales de la profesión no suelen ser, hoy por hoy, ocasiones de optimismo. Los sentimientos van, en casos extremos, desde la melancolía que deben haber sentido los pájaros dodo en su última reunión familiar (cuando se discute las tendencias de lectoría de los periódicos) hasta la preocupación que quizá experimentaron los últimos conductores de diligencia al pasar frente a una tienda de automóviles (cuando se habla sobre los efectos de las nuevas tecnologías de información sobre los profesionales de la información).

Es raro que eso suceda, porque lo que ha distinguido al periodismo ha sido su permanente sincronización con el cambio. Desde que el telégrafo acortó tiempos, distancias y cambió el estilo del relato (la parca pirámide invertida), hasta cuando cesó el ruido de las máquinas de escribir en las redacciones y las cuartillas se hicieron pantalla.

Esos cambios, desde el día que Filípides corrió de Maratón hasta Atenas para comunicar la victoria sobre los persas, se centraron en hacer más veloz la carrera y más amplio el mensaje. El momento estelar para el periodismo fue cuando el mensaje se hizo instantáneo, directo en directo desde Maratón. El siguiente paso puede ser el problema: medio mundo transmite desde Maratón y Filípides ya no es necesario.

Yo me encuentro entre los cautamente optimistas respecto del futuro del periodismo y creo que Filípides y su editor siempre serán necesarios. Como escribí hace algunos meses (“el obituario apresurado”), “…el periódico, el que merece llamarse tal, cambiará mucho. … Publicará de diversas formas, llegará de varias maneras. Pero su alma –la redacción organizada, que integra las noticias, promueve los debates, descubre los talentos, realiza las investigaciones, defiende la libertad–, eso no cambiará”.

Claro que, entre tanto, el problema es conservar el alma, o formarla.

La portada del último número de la prestigiosa revista de periodismo, Nieman Reports, de la Fundación Nieman en Harvard, lleva un título elocuente: “Goodbye Gutenberg”. Nada menos.

Adentro, un grupo de periodistas y académicos de primera fila describe los dilemas y también las oportunidades, de medios y de periodistas que enfrentan los repuntes y avenidas de la edad digital, mientras, simultáneamente, la industria periodística evoluciona en forma frecuentemente perversa.

Robert Picard, un académico experto en la economía de medios de comunicación, escribe que las condiciones que generaron un “dramático crecimiento de anunciantes y una extraordinaria era de éxito periodístico y empresarial” a partir de la segunda mitad del siglo pasado, “virtualmente han desaparecido”. Durante la última década, escribe Picard, las empresas periodísticas han “privado de medios a las salas de redacción, han reducido el plantel de periodistas y han debilitado su producto.… el estrés ha subido en las redacciones y los directorios, mientras la moral ha caído a sus niveles más bajos”.

La industria periodística, escribe Picard, sufre de una crisis de capital, pese a que sus márgenes de utilidad están por encima del promedio. El problema, apunta, es que la mayoría de “las compañías periodísticas que cotizan en bolsa, no ofrece ni planes creíbles ni otra visión que la entrega de utilidades trimestrales por encima del promedio”. Los inversionistas (el 90 por ciento de los cuales son ahora fondos de pensiones, compañías de seguros e instituciones financieras) presionan por resultados de corto plazo al no haber articulado las compañías periodísticas una “visión de un futuro sustentable”.

En lugar de invertir esfuerzos y recursos en investigación y desarrollo de alternativas estratégicas de “reorganización y reconfiguración”, la principal actividad de los ejecutivos de empresas periodísticas es el cortar costos. Al drenar recursos de empresas ya anémicas, el interés de los inversionistas, pese a la mayor utilidad promedio, disminuye, y el debilitamiento de la industria se convierte en “una profecía autocumplida”.

Salir de ese círculo vicioso requerirá, escribe Picard, de “niveles de creatividad, innovación y capacidad empresarial que no se encuentran con frecuencia en los periódicos en años recientes”.

Uno de los productos de la crisis de capital y la desconfianza de los inversionistas en la industria ha sido la concentración de la propiedad de medios y, dentro de eso, la propiedad cruzada de los mismos. El efecto que eso tiene sobre la calidad de la cobertura periodística es siempre malo y puede ser devastador.

La tendencia a la concentración y la propiedad cruzada de medios es, por desgracia, común. En Sudamérica, la noticia más reciente en ese sentido ha sido el anuncio de El Tiempo, de Bogotá, que una parte sustantiva del accionariado del diario –la propietaria tradicional del diario es la familia Santos, que ahora posee el 52% de las acciones– va a ser vendido.

El informe de la revista Semana sitúa esa venta dentro de la crisis mundial de las empresas periodísticas. Como apunta Semana, “la circulación de los periódicos en Estados Unidos viene cayendo en forma pareja. “ El promedio de retroceso del último semestre fue del 2,8 por ciento entre lunes y sábados y un 3,4 por ciento los domingos”. Pero, añade Semana, “Si en Norteamérica llueve, en el Viejo Continente no escampa. En la Unión Europea la circulación de los diarios impresos desciende a un ritmo de entre 500,000 y un millón de ejemplares al día. A la cabeza del recorte se encuentran diarios como el español ABC, que el año pasado perdió nada menos que el 16,7 por ciento de sus ventas y suscripciones. Ni hablar de lo que pasa con las empresas francesas de diarios y revistas, que el año pasado tuvieron una caída en sus ventas del 31 por ciento”. En esas condiciones, Semana calcula que el posible valor de mercado del conglomerado de El Tiempo sea de alrededor de 230 millones de dólares. ¿Los posibles compradores? Quienes suenan con mayores posibilidades son el grupo Prisa y el Santo Domingo. ¿Perdedores? Los lectores colombianos, la libertad de prensa. Con todos los defectos de la familia propietaria, hay una gran diferencia entre el manejo de un medio que es parte de un portafolio múltiple de inversiones e intereses y aquel que le da una familia cuyo nombre (y a veces nombradía) está vinculado con el prestigio del medio.

¿Malas noticias por doquier? No. La mayor democracia del mundo, India, no solo tiene índices espectaculares de crecimiento en la economía sino también en la circulación de sus periódicos. Un reportaje reciente de The Economist indica que la circulación combinada de los aproximadamente 300 periódicos en India, creció el 12% en 2005 y llegó a los 157 millones de ejemplares diarios. Incluso en los tiempos de la Internet, la regla se mantiene: toda democracia crece leyendo. Y sobre todo periódicos y revistas.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente

Artículos relacionados:
Caricatura de Investigación (Caretas 2315)
La Guerra Jubilada (Caretas 2314)
Periodistas de a Pie (Caretas 2313)
De la Cárcel al Pentagonito (Caretas 2312)
Daño Colateral (Caretas 2311)
El Almirante Invisible (Caretas 2310)
Avionetas en el VRAEM (Caretas 2309)
Cuestión de Toxinas (Caretas 2308)
El General Giap (Caretas 2307)
En la Rotonda de Columbia (Caretas 2306)
Grandes Reportajes (Caretas 2305)
Pavlov y el Control Remoto (Caretas 2304)
No se Exige Nada, se Espera Todo (Caretas 2303)
El Fallo de Velásquez (Caretas 2302)
Defensa de la Megacomisión (Caretas 2301)
Armas Legales, Normas Kafkianas (Caretas 2300)
Julio Arbizu y Alejandro Toledo (Caretas 2299)
¿Es Tan Difícil Pensar con Claridad? (Caretas 2298)
Los Actores y sus Historias (Caretas 2297)
La Acción y sus Actores (Caretas 2296)
¿Campesinos o Narcosinos? (Caretas 2295)
Cutralibros (Caretas 2294)
Límites de lo Pragmático (Caretas 2293)
Entre el Macartismo y los Narcovuelos (Caretas 2292)
Personalidades Constitucionales (Caretas 2291)
Atestados y Coartadas (Caretas 2290)
Las Tajantes Estridencias (Caretas 2288)
Los Superagentes del ‘Parque del Amor’ (Caretas 2287)
Prehistoria de un Espía (Caretas 1986)
El Problema del Centro (Caretas 1985)
La Extradición en Peligro (Caretas 1984)
¿Cobarde, Valiente o Todo lo Contrario? (Caretas 1983)
El Año Incierto de García (Caretas 1982)
La Computadora y la Libreta (Caretas 1981)
Camisea ¿Cómo Sea? (Caretas 1980)
Identikit del Gorila (Caretas 1979)
Periodistas y Espías (Caretas 1978)
Cachito y el tío Eduardo (Caretas 1977)
La Guerrilla Poshistórica (Caretas 1976)
¿Un Futuro Privatizado? (Caretas 1975)
Tenet y el Submarino (Caretas 1974)
Sucedió en Durango (Caretas 1973)
El Ministro que Debe Salir (Caretas 1972)
El Buzo y los Topos (Caretas 1971)
La Defensa del Tonto (Caretas 1970)
Corazón del Cielo (Caretas 1969)
No Enfrenta sino Infiltra (Caretas 1968)
Doblemente Informado (Caretas 1967)
Estridencias y Calumnias (Caretas 1965)
Recuerdos de El Frontón (Caretas 1964)
Plutócratas y Petrócratas (Caretas 1963)
Alan, Allan, el Debate y el Secreto (Caretas 1962)
Caviares y Conchas (Caretas 1961)
Historias de Haití (Caretas 1960)
La Petroizquierda de Hugo Chávez (Caretas 1959)
Olor a Colusión (Caretas 1958)
Búsqueda | Mensaje | Revista