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Cine Boom fílmico e incorrecto “Borat” catapulta los tantos personajes de su creador, Sacha Baron Cohen.

Los Otros yo de Borat

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Sacha y su novia, la actriz Isla Fisher.

El asunto debe estar más allá del facilismo si Borat ha salido en la portada de la revista Rolling Stone. (Bueno, Ricky Martin también tuvo tal exclusiva). Ese estatus de figura en el inconsciente colectivo se logra cuando el público se identifica.

Entonces detecta sus fobias ocultas, sigue el hilo de las situaciones inverosímiles y las asume como ciertas. Así esas situaciones impliquen burlarse del otro, estar a favor de la invasión americana en Irak, culpar a los judíos por los atentados del 11/9, o reducir a la mujer a un mero objeto sexual. Porque Borat es el personaje más conchudo del siglo XXI: proviene de Kazajstán, lugar de la protohistoria y ex estado soviético donde la prostitución y la violación son dignas de alabanza; ejerce de reportero y llega a Nueva York para hacer la América acompañado de su productor, un camarógrafo y una gallina. A la manera de un mockumentary (falso documental), los EE.UU. del filme es el súmmum del machismo, racismo, homofobia y vanidad.

El artífice de este espejo de brocha gorda, “Borat: Cultural Learnings of America For Make Benefit Glorious Nation of Kazakhstan”, la única manera posible para estos tiempos: Sacha Baron Cohen (Londres, 1971), graduado en historia por Cambridge con una tesis sobre el rol de los judíos en el movimiento social negro en EE.UU. Como buen británico, su mayor influencia recae en Peter Sellers, aunque en apariencia Sacha es menos británico, a la luz de los desbordes groseros de Borat, así Sellers era propenso a la comedia física.

Un hombre orquesta: antes del estrellato con la versión fílmica de Borat (su hábitat era la televisión), Sacha creó otros personajes en la imagen catódica. Allí está Ali G, un gangsta raper barriobajero que realiza entrevistas en la alta sociedad inglesa, y tocó el cielo cuando aportó un cameo para el video “Music” de Madonna; y Bruno, homosexual austriaco y reportero de modas de tendencias nazis, para quien la gente fea debe ser puesta en un tren y enviada a Auschwitz.

El asunto queda claro: un vistazo al hombre desde la ofensa a cara pelada. Se ha dicho que Borat es una especie de non plus ultra de cámara escondida, que en ella no hay nada actuado. ¡Ingenuidades! Son tan evidentes los momentos de ficción (el desopilante encuentro con Pamela Anderson, por ejemplo), pero Sacha hace de su desaseado antihéroe un ser querible. Aunque la ofensa duela: autoridades de Kazajstán amagaron con demandarlo, saltaron acusaciones contra Borat por alzarse como un cazador de gitanos, entre otros motivos. A Twenty Century Fox le valió madre todo: despreció el filme estrenándolo en 800 salas en los EE.UU. (un blockbuster dispone más de 3000). Borat se vengó recaudando cerca de US$ 26 millones en su primera semana de estreno.

A reírse con una correa bien ancha. (José Tsang)

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