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11/Ene/2007
 
 
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Narraciones de muerte y renacimiento, escenarios de la selva y evocación ancestral en trabajo plástico de Harry Chávez.

La Vida y la Bestia

3 imágenes disponibles FOTOS 

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Desde el 17 en la novel Vértice (Ernesto Plascencia 350, San Isidro). Artista posa con “Otorongo”.

Harry Chávez (Lima, 1977) cita a Carlos Castaneda –mítico nombre tras el cual se escondía un cajamarquino que borró su verdadera identidad y renació para debatirse entre ser un líder espiritual hippie y un embaucador que hizo millones con sus libros en el Estados Unidos post Vietnam– cuando dice que “el hombre nace solamente dos veces”. Lo hace porque la muestra que presenta, “Emergencia”, busca narrar este segundo nacimiento que ocurre cuando el ser humano se da cuenta que es responsable de su propia vida, que es hijo de la tierra y que es hombre y no niño, explica el artista plástico. Hay un momento en que eso se da con tal fuerza y claridad que implica una muerte a determinadas formas de vida, y por tanto, un renacimiento. Esto ha ocurrido en todos los tiempos y culturas, y se ha descrito a través de mitos, cuentos de hadas, hasta en la Biblia. Por eso, en mi trabajo me valgo de mi propia experiencia, pero la asocio a un imaginario visual que pertenece a distintas culturas.

Pese a esta diversidad iconográfica y de referentes (entre los que se cuentan desde las telas prehispánicas y los bordados shipibos y boras, hasta un enfoque audiovisual de la naturaleza a través de documentales y programas al estilo de Discovery Channel), la selva peruana es una presencia constante (unas veces más palpable que otras). Y no sólo en esta muestra. En el 2005, Chávez participó en la colectiva “La soga de los muertos/ Amazonía al descubierto”, en el C.C. de San Marcos. Y hace poco llevó buena parte de las piezas que ahora le ocupan a la galería del Museo Municipal de Iquitos.

–¿Cómo influye la selva en tu trabajo?
–Desde que fui por primera vez, voy cada que puedo. La selva es fantasía: desde la ciudad, piensas que está llena de mitos y leyendas. Pero una vez que estás allá, te parecen veraces. La selva es el subconsciente de la tierra y del ser humano. Te conecta con lo primitivo; con aquello que no vemos pero que probablemente es lo que nos mueve.

Con todo esto no quiero decir que soy una especie de “Iluminado”. Para nada. Es sólo que a veces uno pasa por una experiencia tan dramática y ligada a la muerte, que no queda sino ver la vida con grandes ojos, aclara. Y cuenta, también, que otra experiencia mística tiene que ver con su percepción de la vida. Y es que las criaturas zoomorfas y antropomorfas que se encuentran en distintos momentos del ritual de renacimiento, y que han sido construidas sobre grandes recortes en planchas de nórdex cubiertas con cuentas de vidrio, madera, plástico y acrílico, son la evocación de la experiencia del artista con el ayahuasca y con otras plantas selváticas.

–¿Por qué la elección de tus materiales?
–Los fui encontrando y después comprendí por qué me parece importante utilizar este tipo de técnica. Creo que recrea la visión humana misma. Es como hacer una anatomía íntima de la imagen; rompes con lo bidimensional. A través de un efecto óptico, la imagen escapa del plano e interactúa con el espectador. Yo necesitaba ver una imagen así, y la construí. Pero luego he encontrado que este tipo de trabajo ya se ha realizado, sobre todo en culturas milenarias.

–¿De qué forma ha variado tu trabajo desde que empezaste, tanto en técnica como en temática?
–En cuanto a la técnica, he dejado de utilizar fichas y cuentas de plástico (pese a que en algunas de las obras que participan en esta muestra –piezas anteriores–, aún están presentes estos materiales) ya que no son orgánicos. Trabajo tras trabajo, he tratado de mejorar y suplir faltas. De esta forma, mis composiciones se van definiendo de otra manera, los colores varían y las imágenes se sintetizan de distinta forma.

–¿Qué ha significado tu experiencia con el ayahuasca?
–Ha sido importantísima. Es una medicina que te muestra claramente conductas y actitudes nocivas para ti. Es peligroso decirlo tan abiertamente, quizás, porque esta no es una invitación a que todos la prueben. Sin embargo, no puedo dejar de decir que a mí me transformó y mostró el daño que podían acarrear mis conductas previas.

–¿Ahí empezó tu segunda vida?
–No, empezó un poco después. Ahí comenzó la búsqueda. (Rebeca Vaisman)

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