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30/Nov/2006
 
 
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Casi el mismo día en que las urnas demostraban que los miraflorinos constituyen una población por demás ingrata, al darle un triunfo tan holgado a su contrincante, Manuel Masías –que estoy seguro será un buen continuador de la obra realizada–, la Municipalidad de Miraflores, dirigida por el candidato perdedor, Fernando Andrade, se hizo acreedora al primer puesto en el Concurso de Parques y Jardines organizado por el diario El Comercio y el BBVA Banco Continental. El tercer puesto lo obtuvo otro parque miraflorino, hechura también de Andrade: el Tradiciones. Es lo que he venido diciendo desde hace un rato: Andrade ha embellecido Miraflores –y los parques Raimondi y Tradiciones que he mencionado, que ganaron los premios mencionados, son una prueba de ello– pienso, pues, que no merecía la paliza propinada por los ingratos miraflorinos en beneficio de Masías. Aunque probablemente tuvo en su hermano Gustavo un serio factor en contra.



Según fue mencionado por la casi totalidad de los periódicos, Alan García habría llorado (así califican el hecho todos los titulares) la pérdida de la alcaldía de Trujillo, verdadero bastión aprista hasta ahora. Me hizo recordar a Boabdil, que lloró amargamente la pérdida de Granada en manos de los cristianos. Felizmente que a AGP nadie le recriminó tan crudamente como su mamá a Boabdil.



Reelecciones que satisfacen: la de Yehude Simon, en Lambayeque, y la de José Murgia, en La Libertad. Ambos son personas coherentes y cabales, y estoy seguro que sus regiones mejorarán con su dirección. Lamentable la elección del ex alcalde de Arequipa, Juan Manuel Guillén, en dicho cargo en su región. Los arequipeños han perdido la memoria, sin duda, porque no se acuerdan de cuando incitaba a las masas que casi destruyen la ciudad y su aeropuerto. Por otra parte es una injusticia la no elección de Michel Azcueta como alcalde de Villa El Salvador, población que le debe su existencia y éxito. A veces la democracia parece una tontería, o una equivocación; aunque el triunfo del kamikase Alberto Sánchez Aizcorbe en La Victoria me desdiga. Digo kamikase porque se necesita ser suicida para atreverse a tomar a su cargo una alcaldía tan controversial, en el distrito más quebrado de Lima. ¡Dios lo ampare!


Cada día se cuentan decenas o centenas de muertos en Irak, por eso es criminal el empecinamiento de Bush de mantener sus tropas en ese país, en el que, aparte de contra los invasores, se libra una guerra civil entre chiitas y suníes. Los que deberían protestar contra esa criminal decisión, que no lleva ni llevará a ninguna parte, son los propios norteamericanos, cuyos hijos mueren allí cada día sin saber por qué ni para qué. Deben comerse su orgullo –como si fuera un hot-dog o una hamburguesa– y volver a su país. Y sanseacabó, que los iraquíes se maten entre ellos si quieren (como que lo harán).


A raíz de las últimas elecciones en México, el candidato perdedor, Andrés Manuel López Obrador, de izquierda, claro, se ha manifestado en rebeldía, porque él estaba seguro de acceder al poder, aunque sea por un voto, cosa que no logró –no sé si con fraude o no, por más que los observadores internacionales aseguran que las elecciones fueron limpias–. Y ahora acaba de inaugurar un singular gobierno paralelo en México. No sé qué tontería es esa, pero espero que no lleve a su hermoso, controvertido y gran país a una guerra civil como la que ya sufrió a comienzos del siglo pasado. Pero su posición me hace recordar a aquel candidato que habiendo perdido en el Perú las elecciones ante Sánchez Cerro, en parecidas condiciones, fue proclamado por su partido “Presidente Moral” del Perú, lo que produjo graves enfrentamientos en el país, convirtiendo en dictadura lo que pudo ser un gobierno democrático. Aquí Humala, que amenazó con lo mismo, felizmente se quedó tranquilo, aunque ganas y declaraciones no le faltaron. Lo único que cada vez le escasean más son seguidores, gracias a Dios.


Estas últimas elecciones municipales y regionales han sido un verdadero zafarrancho, que terminó en disturbios en distintas partes del Perú. Habría que ir pensando una fórmula para olvidarse de ellas en el futuro. ¿Y si volvemos a nombrar alcaldes y presidentes regionales a dedo? O limitar las postulaciones a dos o tres candidatos por distrito o región: los que primeros se apunten. Los demás que se queden tirando cintura. Así los electores verán simplificada la engorrosa tarea de elegir entre treinta o cuarenta candidatos según la circunscripción. Nos evitaríamos nombres bochornosos de movimientos como los que por ahí aparecen o podrían aparecer: Mamá Perú (del movimiento de Madres); Chupa Perú (de algunos paisanos aficionados). Retrocede Perú (de un grupo de ciudadanos realistas), etc.

 


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