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30/Nov/2006
 
 
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Minería La minera vuelve para ganarse a la población recelosa y explotar la mina cuprífera más grande del país.

Majaz al Ras

5 imágenes disponibles FOTOS  PDF 

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A 2.500 metros, desde la cabina del MI-17 que sobrevuela la cuenca del Río Blanco, se divisa el campamento que la Minera Majaz ha instalado en las faldas del cerro Henry’s Hill, en la frontera con Ecuador. Hace poco más de un año, el mismo campamento fue tomado por cientos de pobladores en una protesta contra la explotación en la zona, que dejó un muerto y 19 heridos. Hoy la minera vira su estrategia e intenta iniciar la extracción de unos 7 millones de toneladas de cobre.

No hay manera más lógica de llegar al cerro Henry’s Hill, en Huancabamba, que partir en helicóptero desde el aeródromo de Jaén, cuyas instalaciones se limitan apenas a un par de casetas de madera que sirven de baños y torre de control, y una pista de aterrizaje en donde los militares juegan al fútbol. Lo otro sería recorrer, desde Chulucanas, unos 180 kilómetros de una trocha que traza garabatos en los cerros de la ceja de selva, y que en ciertas partes tiene sólo tres metros de ancho.

En la segunda opción harían falta ocho horas más de caminata para llegar a esta montaña, en cuyas entrañas se ha descubierto recientemente 1.257 millones de toneladas de mineral. De esa cantidad, unos 7 millones de toneladas son cobre.

Pero a quien no le importe saltar del helicóptero cuando el terreno no permite un aterrizaje, debería sobrevolar la zona. Luego de 20 minutos, logrará ver por las ventanas de la aeronave al Henry´s Hill al costado del Río Blanco, que sirve de línea fronteriza entre Perú y Ecuador.

A esta montaña –de 2.800 metros de altura y 300 hectáreas de superficie– llegó la minera Majaz hace cuatro años con el objetivo de convertirla en la más importante mina cuprífera del Perú y la octava en el mundo. Pero las malas relaciones con un sector de la población han puesto en peligro los US$ 30 millones invertidos por Majaz, y es probable que la minera –subsidiaria de la internacional Monterrico Metals– se quede sin un cobre en las alforjas.

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El reto de Majaz

El Henry’s Hill parece elevado en la margen izquierda del Río Blanco por azar o providencia, pues por sólo 50 kilómetros este yacimiento de cobre no es ecuatoriano. En esta zona fronteriza, algunos pobladores aún no le creen a Majaz, que ha explicado que en su proyecto Río Blanco empleará una “tecnología limpia” para extraer el cobre con el mínimo impacto ambiental.

Si bien hasta ahora sólo se ha hecho en el cerro 150 perforaciones de seis centímetros de diámetro y dos túneles de 300 metros para estudiar la calidad del mineral, ya cientos de habitantes intentaron tomar el campamento de Majaz el 1 de agosto de 2005, con el saldo de un muerto y 19 heridos.

La minera cometió el grave error de contraatacar con una actitud conflictiva, por la cual luego tuvo que pedir disculpas públicas.

Hoy Majaz ha iniciado una nueva estrategia para acercarse a las familias de los caseríos, que tienen un promedio de cinco hijos y sobreviven hasta con 50 soles al mes. Pero fumarse esa pipa de la paz no es fácil en un lugar donde, a décadas de exclusión, se suman en el inconsciente colectivo cuatro siglos de explotación minera irresponsable que devastó ecosistemas y envenenó poblaciones.

Hueco cobrizo

Andrew Bristow, gerente de operaciones de la minera Majaz, señala que la mina del proyecto Río Blanco sería a tajo abierto, similar a Cuajone y Antamina. Ocuparía alrededor de mil hectáreas, en las que también se incluye un depósito de relaves secos, un talud de terrazas, un desmonte y una planta concentradora.

Las peñas extraídas del cerro pasarían primero a un proceso de chancado y luego a la molienda, donde quedarían reducidas a un milímetro. Después, el material se destinaría a una gran poza con agua e insumos orgánicos, para separar al cobre y al molibdeno de la roca fina.

Los minerales flotarían en la espuma resultante de la mezcla, y lo demás quedaría al fondo de esta especie de gigantesco jarrón de cerveza. Tanto el cobre como el molibdeno iniciarían un viaje de 300 kilómetros a través de un mineroducto que atravesaría Huancabamba, Morropón, Piura y Sechura para llegar al puerto de embarque en Bayóvar. La roca fina y el material resultante del proceso de flotación serían secados y compactados, para luego colocarlos en el depósito de relaves secos y en el talud de terrazas, donde se convertirían en el principal insumo para la reforestación de la zona.

Además, se tiene pensado forrar todo el relave y las quebradas cercanas con un material impermeable para evitar que las aguas adquieran algún grado de acidez.

Postores en Fila

A través de la ventana de un helicóptero que recorre Huancabamba se distinguen hectáreas de bosques depredados. Cada mes, 12 toneladas de madera salen del distrito de El Carmen de la Frontera para ser vendidas en provincias aledañas.

El problema ha sido capitalizado por la propia minera Majaz, que plantea un área de conservación ecológica de 10.000 hectáreas de bosques colindantes, donde se piensa promover la investigación de la biodiversidad y el ecoturismo.

Majaz espera que el estudio de impacto ambiental esté listo en el primer trimestre de 2007 y que el Ministerio de Energía y Minas otorgue la autorización durante ese mismo año.

Para el 2008 se proyecta la construcción de la mina, que demandará US$ 1.000 millones y para lo que ya formaron fila 19 postores. La explotación se iniciaría en 2010 y no se detendría por dos décadas, con una producción inicial de 220.000 toneladas anuales.

Para entonces, el menor de los seis hijos de Ida Nayra, una pobladora del caserío Pan de Azúcar –el más cercano al yacimiento–, tendrá 17 años y tal vez ya no le interese jugar con el agua de la fuente que se ha instalado al lado de la escuela. Tal vez esté estudiando o quizá se siga lamentando de su pobreza. “Todo depende de que no nos engañen”, sentencia Ida lanzando una mirada escéptica a los cerros. (Samuel Ashcallay)

 


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