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Edición 1953

30/Nov/2006
 
 
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En Vivo Desde el Coliseo

LOCUTOR DE LA RAI: Muy buenas tardes, señoras y señores, y muy buenas que son, con un sol esplendoroso derramándose sobre Roma. Aquí estamos, en un Coliseo rebosante de gente que prevé una jornada de arte y color con una ganadería prometedora: cristianos capturados en Antioquia. El cartel dice: “LX cristianos LX”. Lamentablemente, su líder, el fanático subversivo conocido como Saulo de Tarso (a) Pablo, logró saltar el valladar y perderse (otra vez) por la autopista a Damasco.

A esos cristianos se enfrentarán leones especialmente importados de Nubia en un barco fenicio fletado por nuestro dios-emperador.

Y hablando del emperador de Roma, en este momento hace su ingreso en el gran palco el divino Cayo Augusto Zilerio, acompañado como siempre por el Senador Flavio Valerio, experto en los intríngulis de la cristianomaquia.

Una gran ovación saluda al Divino: “¡Salve, Augusto!”, corean los romanos y el césar saluda con el brazo derecho, ese saludo romano tan copiado últimamente sobre todo por los bárbaros germanos.

Dijimos que la tarde se muestra prometedora y ahora lo ratificamos al hacer su ingreso los primeros cristianos y luego, tras ellos, los leones. Vean ustedes, amigos televidentes, lo que el público puede apreciar aquí en el coliseo: el contraste entre el colorido de los leones, los machos con su vistosa melena, las hembras con su piel reluciente y sus ojos pardos y vivaces. Y por otro lado, los mal trajeados cristianos, algunos de ellos vergonzosamente aterrados, pero otros valientes, dignos adversarios de las fieras de Nubia. Vemos que casi todos rezan a ese absurdo dios invisible de los judíos de Phalastina, y que estos subversivos cristianos se obstinan en mantener.

Y ahora, damas y caballeros, dejen de masticar sus semillas de girasol: la fiesta brava de luces y colores está por comenzar, y el rojo brillante de la primera sangre ya nos entusiasma. La multitud grita: “¡olérum!”. (José B. Adolph)

 


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