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21/Set/2006
 
 
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Siento mucho haberle atribuido al Canal 4 lo que le pertenece para ignominia propia, que le es ya tradicional ¡y tan bien ganada!, al Canal 2, es decir, la producción de ese programa cómico realmente basura titulado El Especial del Humor. Pero es que en verdad si uno se pone a mirar la televisión peruana, es fácil confundirse. El domingo pasado, por ejemplo, Panamericana presentó no sé si como noticia o como parte de un programa especial dedicado a satisfacer los gustos de los presos de Lurigancho una sección que se denominaba Perreo chacalonero, que es lo más repugnante, escatológico y vulgar que he visto jamás (una verdadera inmundicia), en el que participaba, cómo no, Susy Díaz, la idiota ex congresista apta para todo. ¿Esos programadores no tienen el menor respeto por el público peruano? Claro que no.



Los tres candidatos que compiten por el decanato del Colegio de Periodistas abogan porque solo se considere como periodistas y puedan trabajar en los medios de comunicación aquellos profesionales inscritos en sus registros. Esa es una vieja discusión que a estas alturas me parece intonsa y superada. Mejor dedican sus esfuerzos a mejorar el nivel intelectual del gremio, que buena falta le hace. Sino basta mirar las carátulas de los diarios amarillos que se lucen cada día en los puestos de venta de periódicos. ¿Los que la hacen son periodistas colegiados? Sin duda.


No es que uno se arrime al carro, pero quiero resaltar el arreglo provisional logrado por el actual gobierno, y en particular por su Primer Ministro, en el caso Yanacocha, que amenazaba con incendiar la agitada pradera cajamarquina (puro oro, de paso), comparándolo con el sonado fracaso del gobierno anterior en el caso de la compañía eléctrica arequipeña, que fue en verdad el comienzo de una asonada permanente tramada en contra del régimen democrático de entonces. La habilidad de Jorge del Castillo logró que los ánimos se apaciguaran, por lo menos hasta la próxima, porque leo en los periódicos que cada semana hay un conflicto en gestación.


El colorado Woodman, tan denostado como candidato a vicepresidente de Lourdes Flores, ha sido elegido presidente del Comité Nacional de Deportes. Felizmente que para manejar esa rama de la actividad peruana da lo mismo ser de izquierda o de derecha. Y tampoco, en verdad, da lo mismo, porque como se trata de una cuestión de orden y desarrollo, un dirigente de derecha, como se le atribuye ser a Arturo Woodman, resulta mucho mejor. Porque la izquierda, en eso también, no da pie con bola.


Regresando de España me ocurre una cosa insólita: estoy viendo con malos ojos a mi biblioteca, de la que antes tenía tanto pero tanto aprecio y orgullo, porque empecé a formarla en aquellos que podría llamar mis años mozos, cuando joven estudiante en Buenos Aires. Allí me hice de una basta biblioteca, con títulos entrañables y ediciones impecables. Hoy día, sin embargo, llenan un espacio que lamentablemente ya no da para más. Empezaré, creo, a espulgar a fin de quedarme con lo necesario solamente. Lo malo es que cuando me pongo a hacerlo, los viejos libros míos me hacen un guiño y se quedan nomás en los anaqueles. Enviaré al desván de los recuerdos o a donde encuentre alguien que los quiera solamente aquellos absolutamente inútiles para mí, como ese Perú Minero que tengo por allí, porque, además, la minería de cuando se hizo el libro es otra que la actual.


Tengo una gran satisfacción: haber sido uno de los primeros peruanos en haber visto, hace ya unos meses, en un cine de la Plaza España de Madrid, y luego en la Casa de América en el Festival de Cine peruano que auspició la embajada del Perú, la película Madeinusa, de la joven peruana Claudia Llosa. A mí me satisfizo esa ópera prima de la joven cineasta, porque está llena de logros únicos, tal como algunos críticos lo han resaltado. Madeinusa incorpora al realismo social andino mucho de aquello real maravilloso que inventó Gabriel García Márquez, como el hombre reloj, por ejemplo.


Lo que sí me da mucha pena no estar de acuerdo con la crítica que hace Rebeca Vaisman aquí en CARETAS de la obra Traición, de Harold Pinter, que se presenta en Larcomar, porque considero que esa pieza teatral, o al menos tal como ha sido presentada, es algo de lo más aburrido que alguien pueda soportar. Obra de teatro pedantemente británica, en la que los protagonistas se pasan largos minutos mirándose la cara sin decirse una sola palabra, pese a haber sido amantes o marido traicionado. Supuestamente sugiere mucho, pero para eso hay que estar despierto, cosa que no es fácil si uno ve la obra.

 


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