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Rompecabezas

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El IX Concurso de Artes Visuales “Pasaporte para un Artista” convocado por la Embajada de Francia es el único evento que existe para crear con libertad multidisciplinaria en el Perú. Este año el concurso se ha vuelto tan complejo que resulta casi un rompecabezas poder intuir las motivaciones del jurado para seleccionar a los ganadores. Si antes había obras poco comparables entre sí, hoy se añade la categoría de documental experimental, creación documental y fotografía documental, lo que hace prácticamente imposible deliberar entre disciplinas tan disímiles.

Debo añadir que mantengo cierto escepticismo sobre la asepsia del documental, porque si se trata de incluir el reflejo de la realidad, éste tambièn resulta subjetivo pues es sólo un fragmento de lo “real” tamizado por la subjetividad de quien lo ha registrado. Lo que a su manera ocurre con todo arte, sólo que comunicado a través de códigos de mayor complejidad.

La nueva categoría ameritaría un concurso aparte, por eso considero un acierto haber incorporado a un crítico de cine como Ricardo Bedoya quien tiene los conocimientos necesarios para poder calificar propuestas tan complejas como la de Elena Damiani quien presentó la obra más erudita de todo el concurso. Ella trabaja con cineastas de culto a los que apropia creándole una dimensión inédita, deconstruyendo –en términos de Derrida– las películas originales para crear una nueva que asume como propia. Para el espectador entrenado todo se vuelve como un espejo de conocimientos que va avanzando en el tiempo hasta llegar a un final abierto, que resulta conmovedor, sin poder precisar sus razones.

Ocurre que en el video de Damiani, como en la “Zona” de Tarkovsky, nada hay explícito y todo se deja a la mente del espectador que observa perplejo cómo ella ha sido capaz de integrar los pasadizos sociales de Tsai Ming-liang con los corredores mentales de Solaris y Stalker en un combate de citas y aportes personales, en medio del cual el actor Donata Banionis alterna entre la nave y el paisaje trasmutado en Aleksandr Kajdanovsky (foto). Cuando se aprecia esta simbiosis de personajes de diversas procedencias, uno puede entender cuánto ha aportado el cine a la manera de ver de nuestros artistas y lo indispensable que resulta el conocimiento de las obras fundamentales de todas las disciplinas artísticas del siglo XX.

Elena Damiani merecía el primer premio pues fue la que más se atrevió a desafíar la chatura del medio con una obra absolutamente rigurosa, donde aportes como los de Linklater en el campo de la animación son empleados para una historia en la cual toda realidad –que no la verosimilitud– queda suspendida. Y de eso también trata el arte.

El premio a Ana Teresa Barboza es muy merecido. Ella sigue esa tendencia cada vez más extendida de pintar, coser y aplicar parches en un proceso similar al de Raedecker y a otros más, como ocurre en el Perú con los desnudos de Ana Cecilia Farah, en los cuales los hilos complementaban su cuerpo, funcionando como una especie de “dripping” después de bordar.

El tercer premio lo llevó Maricé Delgado con una propuesta similar a la que viéramos en su notable individual en Lucía de la Puente. Con sorprendente economía de recursos ella convierte a la fotografía en una escultura que miramos desde una perspectiva insólita. Hay otras participaciones destacadas como la de Jorge Cabieses, Cristhian Quijada, Erika Nakasone, Mariana Riveros y Milko Torres, de Arequipa.

Si hacemos una evaluación de este concurso en relación con los de años anteriores vemos cómo las instalaciones cada vez son menores en número y en aciertos, cómo la pintura está recuperando su hegemonía, y el video todavía sigue siendo una herramienta que continúa seduciendo a los artistas jóvenes. Lo lamentable es que los fotógrafos y escultores han participado en cantidad infinitamente menor a la deseada.

Considero que en cierta medida los resultados son representativos de las inquietudes de nuestros artistas. Que a muchos no convenza lo seleccionado no es un problema de artistas ni de jurado, sino de nuestra realidad. Y eso es algo que ningún concurso podrá cambiar.

 


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