sábado 20 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1943

21/Set/2006
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre PolíticaVER
Acceso libre Opinión VER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Sólo para usuarios suscritos Tauromaquia
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos Justicia
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos Luis E. Lama
Sólo para usuarios suscritos Cherman
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

La rockera que dejó Mar de Copas, banda en la que estuvo desde 1992, para concentrarse en su triple faceta de madre, escultora y empresaria de moda.

Claudia Salem: Una Rosa Salvaje

6 imágenes disponibles FOTOS 

1943-claudia-1-c.jpg

Hasta fines de los noventas era considerada una joven promesa de la escultura. Ahora quiere retomar con fuerza.

A fines del año pasado la banda de rock Mar de Copas, favorita de las radioemisoras desde 1992, sufrió la baja de una de sus seis integrantes. Para Claudia Salem, de 38 años, que junto con Phoebe Condos era responsable de los coros, la partida fue justa y necesaria. Habían pasado muchos cosas que aceleraron su decisión y, como dice ella, “no podía hacer todo al mismo tiempo”: un embarazo complicado en el 2001, la inauguración de su tienda de moda, su ruptura con el vocalista del grupo, con quien se casó en 1996, la necesidad de pasar más tiempo con su hijo Octavio, de cinco años, y sus ganas de reencontrarse con su primera pasión: la escultura.

Ahora, mirando atrás, a Claudia le parece increíble que Mar de Copas haya ocupado tanto espacio y tiempo en su vida, sobre todo porque jamás había pensado dedicarse a la música. “De chica era un poco tímida y sobreprotegida, bastante perfil bajo. Pensaba ser publicista, escribir cuentos… no sabía más. Nunca pensé dedicarme a la música o al arte porque sólo tenía contacto con tiendas y fábricas. Es que mis papás siempre fueron comerciantes, y los papás de mis papás, y sus papás también y así por los siglos de los siglos. Así que no es tan raro que ahora yo tenga una tienda de moda como Nitro”. ¿Y cuándo diste el gran cambio?, le preguntamos. “Como te decía, en el Colegio Peruano Británico, donde estudié, nunca salí jalada, no me metía con nadie y nadie se metía conmigo. Sueno de lo más aburrida, ¿no? Pero fue en la Universidad Católica, en la facultad de Arte, donde estudié Escultura, que me convertí en un monstruo”, cuenta riéndose.

Fue precisamente en sus años universitarios que conoció al resto de la banda: Phoebe Condos, Toto Leverone, Wicho García y Manolo Barrios. “Cuando me pidieron que cantara con ellos, acepté sin pensarlo mucho”. El éxito no tardó en llegar y ‘Dulce y veloz’, canción de la que ella es coautora, se convirtió en uno de los himnos románticos que tarareaban los jóvenes limeños de los noventas junto con otras canciones de la banda, como ‘Mujer noche’, ‘Prendí otro fuego por ella’ y ‘Entre los árboles’. Ahora muchos consideran a Mar de Copas una banda de culto. Para los críticos, sin embargo, se trata de uno de los grupos más importantes de la escena rockera nacional, no sólo por la consistencia de su propuesta melódica y sus acertados arreglos vocales, sino por su insospechado potencial comercial, que nunca fue aprovechado del todo por algún empresario.

Y es así que, tras doce discos editados y cientos de conciertos por todo el país, Claudia Salem decidió que era suficiente.

–¿Y ahora, cómo te sientes anímicamente?
–Estoy concentrada en reconectarme con el mundo de la escultura. Ahora acabo de terminar de editar un vídeo, que es parte de una instalación que tengo planeada para fines de año o inicios del próximo. No puedo adelantar mucho pero tiene que ver con la fragmentación, con la deshumanización del otro para justificar su eliminación.

–Te habrás liberado de tus obligaciones como rockera pero sigues siendo artista, madre y empresaria. ¿Con qué tiempo?
–Es cierto, me voy a matricular en un curso de La Tarumba para poder hacer malabares –bromea. Nada, la haces nomás.

–¿Se puede vivir del arte?
–‘Pregúntale a Ramiro Llona o a José Tola. Yo creo que sí, pero hay que reunir una serie de condiciones. En primer lugar producir, producir, producir. Ser constante tampoco es fácil. Y como en muchos otros trabajos, ayuda mucho ser bueno con las relaciones públicas, algo para lo que yo, definitivamente, no tengo talento, como ya te habrás dado cuenta.

Claudia no se desvía demasiado de la verdad cuando afirma esto. De hecho, durante nuestra primera reunión se mostró, por decir lo menos, algo áspera. “Detesto las entrevistas”, nos advirtió para luego limitarse a responder secamente algunas, quizás impertinentes, preguntas sobre su separación. Y a la hora de la sesión fotográfica, le aclaró a la productora: “¡No soy modelo!”. Las fotos, sin embargo, salieron perfectas, exponiéndola dulce y feroz a sus 38 años. Para la segunda entrevista, en que hablamos de su vocación artística y empresarial, se mostró amable y simpática, como dicen sus amigos que siempre es.

-¿Cómo reaccionaron tus padres ante tu decisión de estudiar arte?
–Ellos me han dejado decidir siempre. O tenían mucha confianza en mí, o tal vez los agarré cansados porque nací muchos años después que mis tres hermanos. Nunca les tuve que pedir permiso para nada. Y seguro que cuando voltearon a mirar el camino que yo había elegido, ya era demasiado tarde. ¡Pobrecitos!

–Apuesto que tienes otros proyectos entre manos.
–Phoebe ha escrito un cuento infantil que se llama ‘Colores para franela’ y yo lo estoy ilustrando junto con Gilda Mantilla. A Gilda la conozco desde el 1985 y junto con Phoebe hemos compartido muchas cosas, no conozco a nadie más cercano que ellas. Es un gusto y es muy relajante trabajar juntas.

–¿Ya le leíste el cuento a tu hijo Octavio?
–No, todavía. Estoy esperando a que salga con las ilustraciones.

-A propósito, ¿cómo es él?
–Tiene cosas mías y cosas de Manolo. Es cauteloso y observador, hipersensible y muy apasionado. Pero todavía no llego a comprender del todo sus móviles; por ejemplo, el año pasado se obsesionó con la batería y llegó a tocar en forma espectacular; este año, en cambio, no quiere saber nada con ella y se ha dedicado a ver toda la colección de videos de David Bowie. Se ha vuelto su fanático. El tema de la maternidad da para escribir una Biblia. No fue fácil para mí ser madre, pero es lo mejor que me ha pasado.
–¿Qué otras cosas te hacen sentir feliz?
–Correr con mis headphones, leer y, en general, estar sola. Cuando “estar en mi taller” vuelva a encabezar esta lista, voy a ser recontra feliz.

–Una última pregunta, ¿cómo nació la idea de Nitro, una tienda de ropa juvenil?
–Yo he hecho muchísimas cosas en la vida. He escrito horóscopos, he trabajado en una fábrica de Canadá seleccionando ropa con yaya, y hasta he conducido un programa musical en el canal del Estado (apuesto a que esa no la sabías). Así que también quise explorar el mercado de la moda y junto a mi socia, Andrea Landázuri, abrimos la tienda. Como ves, nunca le digo “no” a nada, salvo a algunas entrevistas. (Fabiola Noriega).

Producción: Nathalie Cáceres / Peinado/ Maquillaje: Carol /Kike Sabrozo para Marco Antonio Staff / Vestuario: Nitro

Búsqueda | Mensaje | Revista