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Controversias Cocaleras

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Pilar Mazzetti y Fernando Rospigliosi fueron colegas de gabinete en el gobierno de Toledo y se llevaron muy bien. En los debates a veces interesantes y a veces surreales durante los Consejos de Ministros del 2004, donde no había mucho CI (IQ) de más de dos dígitos, el humor seco de Mazzetti y el sarcástico de Rospigliosi podían entenderse como discreto y a veces mudo comentario.

No fue solo la proximidad de la ironía. Cuando se discutió en Consejos de Ministros los ataques que dirigía Jorge Mufarech –el ex ministro de Fujimori devenido congresista de Perú Posible– contra Rospigliosi, la entonces ministra de Salud Pilar Mazzetti fue la que respaldó con mayor firmeza al ya precario ministro del Interior. Y cuando Rospigliosi resultó censurado, Mazzetti estuvo entre los pocos ministros que concurrieron a La Campiña al homenaje que la Policía le tributó a aquél.

Por eso, cuando Mazzetti pasó de ministra de Salud en el gobierno de Toledo a ministra del Interior en el de García, Rospigliosi estuvo entre quienes más aplaudió esa poco común transición.

Pero aquella cercanía se acabó, erradicada, si se quiere, por los eventos de Sión, en el Alto Huallaga.

Rospigliosi, que mantiene una línea dura también en cuanto a la llamada “guerra contra las drogas” y que considera que la erradicación de cocales es un componente necesario en la estrategia de esa ‘guerra’ peculiar, atacó severamente las decisiones de la ministra en su columna semanal en Perú.21.

“El gobierno y las autoridades del Ministerio del Interior han tenido un comportamiento vergonzoso la semana que pasó”, escribió Rospigliosi en su columna, bajo el título elocuente de “Triunfo del narcotráfico”. Indicó que Mazzetti y el resto del gobierno “prácticamente se han arrodillado ante los defensores del narcotráfico y les han pedido disculpas. Han creado un precedente peligrosísimo, que será difícil de olvidar y cambiar”.

Luego de enumerar la “cadena de errores” que, según él, había cometido Mazzetti desde el lunes 11 pasado, cuando ocurrió la incursión de la Policía y el Corah a este Sión de selva y no de Levante, Rospigliosi terminó reconociendo una “equivocación”. “Pilar Mazzetti es una mujer inteligente y honesta” escribió, pero “ha demostrado que no es la persona adecuada para el cargo. Cuando la nombraron yo opiné a favor de su designación. Tengo que reconocer que me equivoqué. Tenían razón los críticos”.

El lunes 18 por la tarde le pregunté a Mazzetti sobre su reacción respecto de las críticas de Rospigliosi. Su respuesta fue más bien filosófica: “Una toma las decisiones más adecuadas frente a la circunstancia … hay cosas que no se pueden permitir”, dijo respecto a la acción de la Policía y el Corah en Sión.

Pero, le pregunté, ¿no había tenido una reacción apresurada al proceder con ceses y destituciones sin haber permitido que los funcionarios policiales y del Corah pudieran defenderse o por lo menos explicarse? “Ese tipo de acciones no tiene defensa”, contestó Mazzetti, “esas acciones que vulneran a la ciudadanía son inadmisibles”.

¿Y qué, insistí, respecto a la apreciación de Rospigliosi de que sus decisiones minaban la moral policial y envalentonaban a los narcotraficantes? “Espero que (mis decisiones) envalentonen a los buenos policías”, repuso Mazzetti.

En su columna y en la conversación conmigo el lunes 18, Rospigliosi sostuvo que la “erradicación de coca ilegal” había sido paralizada y también la “campaña de destrucción de pozas de maceración de pasta básica de cocaína”. Según Rospigliosi, el viernes 15 estuvo planeado el inicio de una campaña de destrucción de esas pozas en el valle del Monzón, pero, en tanto el dirigente cocalero Iburcio Morales y otros dirigentes del área tenían una cita pactada con el premier Jorge del Castillo, las “operaciones se suspendieron hasta nuevo aviso, para no irritar a tan ilustres visitantes”.

Mazzetti discrepa de su antiguo colega. “No está prohibida la erradicación” dijo, “no hemos dicho que se suspenda”. “Erradicación sí, pero ataques a la población, no”, resumió con la parquedad de una consigna.

De hecho, el nuevo director ejecutivo del Corah, el general PNP (r) Juan Zárate Gambini no pinta precisamente como el Neville Chamberlain del Alto Huallaga. Zárate es un veterano experto en inteligencia y operaciones especiales, sobre todo en selva, que dirigió los operativos “Cóndor” contra el narcotráfico en la década del ’80.

Purgado por Montesinos, Zárate pasó la década de los noventa viviendo con austeridad y asesorando –sobre todo antes de la captura de Guzmán– en asuntos de seguridad a oenegés de derechos humanos amenazadas por el senderismo. Luego de la conquista de la democracia, Zárate fue nombrado director de inteligencia del Ministerio del Interior por el propio Rospigliosi, hasta ser cesado poco después de la segunda defenestración de éste.

“La erradicación no debe suspenderse”, me dijo Zárate en entrevista telefónica, “sino debe hacerse en campos lejanos para no afectar la parte social… en poco tiempo se puede tener idea de qué zonas son fáciles, hay que seguir trabajando”.

Quien tampoco cree que vaya a parar la erradicación es Ricardo Soberón, el asesor de Nancy Obregón que en las conversaciones recientes con el gobierno ha asumido la asesoría de buena parte de los cocaleros, con excepción de Iburcio Morales, del Monzón. El nombramiento de Zárate Gambini fue interpretado por Soberón –y por el dirigente cocalero Nelson Palomino– como el indicio mayor de que no habrá cambio sustantivo en las políticas antidrogas.

Pero sí hay cambio. Por lo menos, eso es lo que sostuvo el premier Jorge del Castillo cuando le pregunté respecto de las visiones encontradas sobre el tema.

“Vamos a transformar en lo posible”, dijo, “la erradicación compulsoria en erradicación voluntaria, (pero) el proceso de interdicción sigue”. Además, añadió Del Castillo, la Policía va a ingresar con mayor vigor en un campo que ahora apenas cubre: el control de insumos para el narcotráfico.

Pese a decir que “las apreciaciones de Rospigliosi son exageradas”, Del Castillo reconoce que se había propuesto una suspensión del operativo de erradicación mientras se establecía “un mecanismo de diálogo” con los cocaleros. “No me parece prudente hacer un operativo una semana antes de la reunión”, dice del Castillo.

¿Es esto un cambio de estrategia o meramente de táctica frente al problema de la coca y el narcotráfico? Mi impresión es que se trata de un enfoque táctico orientado hacia las elecciones de noviembre, en las que el régimen aprista espera mejorar su perspectiva de gobernabilidad y erosionar la capacidad de movilización del humalismo.

“Los cocaleros eran una especie de brazo armado de Humala”, dijo Del Castillo. Ahora, luego de la negociación,“Humala se quedó sin brazo armado”.

Sin embargo, el premier reconoció que estas negociaciones representan una “jugada riesgosa”. Por eso, dijo, “vamos hasta noviembre, para ver cómo va. Si no va bien, va a haber una vuelta de llave, un paso atrás”.

¿Mi punto de vista? Espero que la táctica de noviembre tenga éxito y se convierta en estrategia y en política de Estado. La interdicción sí funciona. La erradicación forzosa, en cambio, es contraproducente. Hay que concentrar esfuerzos en luchar contra el tráfico de cocaína, no contra la producción de coca. Contra los narcotraficantes y no contra los cocaleros. Si se cortan los canales de entrada y salida del narcotráfico, los precios de la coca caerán, como sucedió en 1995 y los propios campesinos dejarán la coca, como ocurrió entonces. Ya tenemos la experiencia y sabemos qué se necesita hacer para que funcione –una interdicción comprehensiva y diligente–, y qué se debe hacer (y no se hizo el ’95) para consolidar el colapso de la coca e impedir a la vez un colapso social: haber preparado robustas alternativas para la economía legal.

 


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