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Edición 1938

17/Ago/2006
 
 
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La actriz de Carmín convertida en directora de cine, vuelve al Perú para que dos de sus obras más importantes vean la luz: su ópera prima documental y su primera hija.

Patricia Pereyra: Niña Por Siempre

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Casi 20 años fuera del Perú le han servido para madurar como actriz y como persona. Hoy vuelve con intención de quedarse.

Patricia Pereyra se fue del Perú a fines de 1985 y, salvo retornos breves y esporádicos, no volvió más. En México se dedicó a estudiar Historia del Arte mientras actuaba en infinidad de novelas, series y películas de cine. Su certificado en Cine lo obtuvo en la Universidad de Nueva York y el posgrado en Arte Dramático lo hizo en Londres. Pero había algo que faltaba en su vida.

Una mañana, mientras vivía en París, Patricia se levantó de su cama y se dio cuenta de que había tejido una bufanda verde de 5 metros. Estaba entrando en una crisis de identidad y, luego de dos décadas dedicadas a la actuación, empezó a dudar de su vocación. Decidió terminar con esta situación e hizo un proyecto de entrevistas a personalidades para preguntarles por su vocación. ¿Los grandes personajes también se sienten perdidos igual que yo?, era su principal pregunta. Está en proceso de obtener la respuesta.

Javier Pérez de Cuéllar, “El Imperturbable”, por el control sobre sus emociones y su capacidad de diálogo, fue el elegido para su primer documental que acaba de presentar en el Festival de Cine de la PUCP.

–Pérez de Cuéllar, Blanca Varela, Rostworowski, incluidos en tu proyecto documental, todos tienen más de ochenta años…
–Son personas que ya no tienen interés de mostrarse o lucirse, ya vivieron lo que tenían que vivir. Tienen una mirada más pura y sabia. Tengo mucho que aprender de ellos.

–¿Qué tan difícil fue convencer a Javier Pérez de Cuéllar?
–No muy complicado. Él fue muy generoso conmigo, teniendo en cuenta que ya no tenía nada que probar.

–¿Por qué no llegó a ser Presidente del Perú?
–Los peruanos somos muy complicados. No creo que hubiera una persona más preparada que él para ser Presidente. Nos gusta sufrir.

–¿De qué otros personajes te gustaría hacer un documental?
–De Luis Jaime Cisneros, del embajador Juan Miguel Bákula y del pintor Fernando de Szyszlo. El siguiente documental que estoy preparando es sobre Jorge Eduardo Eielson, que murió hace unos meses, pero con quien logré conversar.

Más Allá de Carmín

Son muy pocos los treintañeros nostálgicos que no recuerden la voz chillona y los disfuerzos de Fiorella Menchelli, el personaje de Patricia en “Carmín”. Por esa razón es inevitable que hable de la telenovela que la llevó a ella, y a otras de sus compañeras, a triunfar en la televisión.

–Erika Stockholm nos contó que, mientras grababa Carmín II, la directora de su colegio le había pedido que no salga a los recreos para no provocar tumultos entre sus compañeras, ¿te pasó algo parecido a ti?
–No, porque nosotros estábamos siempre dentro de la casa Dasso grabando a toda velocidad ya que todas las tardes llegaba un motociclista a llevarse los capítulos al canal para ser transmitidos ese mismo día. Cuando la novela empezó a funcionar, muchas chicas nos esperaban en la puerta principal de la casa para pedirnos autógrafos, pero nada más.

–Tenías 17 años y ya eras famosa, ¿nunca sentiste que los chicos de tu edad se sentían amedrentados?
–Yo era muy tranquila y salía muy poco, además estuve en el Santa Ursula que era sólo para mujeres. Mi primer enamorado lo tuve en México años después. Podía gustarme algún chico, pero nunca me hubiera atrevido siquiera a darle un beso. Es más, mi primer beso me lo dieron en “Carmín” y sin que yo me diera cuenta.

–¿Cómo así?
–Parece que Lucho Llosa, el director, le dio la indicación a Roberto Moll para que me besara en una escena en la que yo estaba llorando. Como era muy chiquilla, en mi contrato había puesto que nada de escenas de besos, así que ese fue el único que salió en toda la novela. Era una telenovela romántica sin besos, una historia de amor más bien platónica.

–¿A qué crees que se debió el éxito de Carmín?
–A que era una novela diferente: se hizo en exteriores, muy fresca, no era un dramón sino más bien una comedia.

El Exodo

Luego de Carmín, Patricia continuó su carrera en México donde estuvo casi 8 años actuando y estudiando. Son los estudios los que la llevaron a ser una trotamundos. Hoy, con un embarazo de varios meses, quiere asentarse y criar a su primera hija en el Perú.

–Viajaste a México en 1985, una época en que emigrar como artista era sumamente difícil…
–Vino al Perú un productor mexicano y me contrató por un año. Quise descubrir cosas, vivir en otro país, total, se suponía que iba a ser por un año nomás. Yo ya había vivido en otros países, mi papá era representante para Latinoamérica de una empresa transnacional y así que viajábamos mucho.

–¿Cuando llegaste a México tuviste un tiempo de adaptación?
–No. Salí de grabar Carmín a las ocho de la noche y a las siete del día siguiente empecé a grabar una novela que se llamó “Vivir un poco”.

–Has vivido y trabajado en México, Nueva York, París y Londres…
–Y en Dinamarca, en Alemania, en Escocia…

–¿Te sigues sintiendo igual de peruana que antes o te sientes más bien ciudadana del mundo?
–Hubo una época en la que no sabía muy bien qué era, pero conforme han pasado los años me siento cada vez más peruana. En algún momento mis raíces mexicanas se hicieron muy fuertes, ten en cuenta que pasé casi toda mi etapa de formación allá: la universidad, mi primer novio y mi carrera de actriz. Ahora mi lugar de regreso siempre es el Perú. Acá están mis padres, mis abuelos, toda mi familia.

–¿Por qué te mudas tanto?
–Si supiera la respuesta pienso que no lo haría. Para mí es una necesidad, siento que la vida se va y que debo hacer más cosas.

–He leído que no te gustan las despedidas…
–Así es. Tengo un montón de maletas desperdigadas por todo el mundo que todavía no he recogido porque odio las despedidas. Así que digo: ¡ya vengo! Y me voy por varios años. Es una manera menos trágica de irse, la gente no llora, es algo más natural.

–Estudiaste en México, Nueva York, en Londres y en otros mil talleres en París, Glasgow, Hannover, etc…
–Soy una obsesiva del estudio. Incluso he dejado pasar relaciones personales importantes por irme un tiempo a una escuela determinada. Yo pude estar casada desde los 25 años pero eso hubiera significado ir a otra velocidad. Para mí hubiera sido imposible tener un hijo a los 24 años, no hubiera hecho ni la cuarta parte de las cosas que he hecho.

–Y este embarazo fue una decisión pensada…
–Pienso que para ser madre debí haber vivido todo lo que tenía que vivir para poder dedicarle todo el tiempo que mi hija necesita, en mi caso es así. Soy muy consciente de que mi vida va a cambiar, pero estoy segura de haber tomado la mejor decisión.

–¿Ser madre era una de tus metas como mujer?
–Sí, siempre, pero tenía que hacer muchas cosas antes. Aunque lo que haya hecho en los últimos años parezca desordenado, todo fue parte de un plan de vida.

–¿Tu hija va a nacer en el Perú?
–Por supuesto, va a ser una peruanita más.

–¿Qué nombre le vas a poner?
–He pensado en algunos personajes de mis libros favoritos: Aura, Albertine de Proust, Aurelia de Nerval. Lo único que sé es que es un nombre que me tenga que gustar porque lo voy a repetir todo el tiempo (César Sarria).

Vestuario: Giuliana Testino / Maquillaje: Rossana Salinas-Salón Colorete / Peinado: Sivila Carrillo-Salón Colorete

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