jueves 18 de julio de 2019
Usuarios
e-mail:
Contraseña:
¿Olvidó su contraseña?
InstruccionesHáganos su Página de InicioAgréguenos a sus Favoritos
 
 
 
Edición 1936

03/Ago/2006
 
 
Secciones
Acceso libre Nos Escriben ...VER
Acceso libre ActualidadVER
Acceso libre EditorialVER
Acceso libre EntrevistasVER
Acceso libre Ellos&EllasVER
Acceso libre HistoriaVER
Acceso libre CulturaVER
Sólo para usuarios suscritos El Misterio de la Poesía
Sólo para usuarios suscritos Quino
Acceso libre Salud y BienestarVER
Columnistas
Sólo para usuarios suscritos Raúl Vargas
Sólo para usuarios suscritos Gustavo Gorriti
Sólo para usuarios suscritos Augusto Elmore
Sólo para usuarios suscritos José B. Adolph
Suplementos
Acceso libre LANVER
Acceso libre Responsabilidad SocialVER
Ediciones
anteriores


Última Edición: 2460
Otras Ediciones Anteriores
 
 

Inicio > Revista

El Misterio de la Poesía

Primer Romualdo

 PDF 

1936-misterio-1-c.jpg

Cuando escribió el poema era más joven.

Este poema pertenece al libro “La torre de los alucinados” (1949), con el que irrumpió brillantemente a nuestra poesía Alejandro Romualdo* (Trujillo, 1926).

ELEGIA AL DUENDE
En el cielo, en la tierra y en el viento: duende, / duende, duende, tataraduende, duende antiguo, ronda tu ojo vagabundo entre la sombra. / Entre biombos y cortinas tu cabeza, / como un hongo taciturno, se levanta. / Bien lo sabes, saltimbanqui de los cuentos, / duende en el polvo, pata de escuerzo, ojo de dragón, / en tu saco de ceniza se apagó mi corazón. / Guardián de la luna, tirano del miedo, / poderoso monarca de los cuartos oscuros, / viejo verde, barba roja, mano negra.

¡Oh duende mío! Colmillo de la infancia, en tus labios / de luciérnaga se ha encendido una oración:
¡Abracadabra, pata de cabra! ¡Nadie le abra! / En el fuego, en el mar y en mi pecho sollozas / Y vives y mueres, mandil de barajas.

En la noche de los grillos oxidados:
ánimas benditas que lloran como perros, / escobas que vuelan como caballos embrujados, / ¡abracadabra, pata de cabra, triste bisagra!
Mariposas del espanto y orugas del pavor, / letanías de la lluvia y del amor: / enterradlo para siempre dentro de mi corazón. / En los astros, en el bosque y en la ruina: duerme, duende, / duerme en tu baúl celeste, que yo rezo / y me persigno con tu rabo azul y triste.

*Ver más en CARETAS 1834.

 


anterior

enviar

imprimir

siguiente
Búsqueda | Mensaje | Revista