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03/Ago/2006
 
 
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La Infamia de la Historia Universal

EN su maravillosa “Historia Universal de la Infamia”, Jorge Luis Borges despliega las biografías de personajes especialmente despreciables. Al menos una frase se me ha clavado en la memoria: Describiendo a un criminal japonés, perteneciente por lo tanto a una sociedad muy consciente de la propia vergüenza, lo define como “varón inaccesible al honor.” Con cuatro palabras señala lo que a otros escritores les (nos) hubiera tomado por lo menos media página.

Ese es uno de los motivos por los que tantos de sus contemporáneos y sucesores “fatigaron” su estilo, para utilizar uno de los verbos borgianos favoritos.

Pues bien: Borges hablaba de historias individuales. Pero si uno se pone a revisar la historia no sólo individual sino colectiva de la humanidad, uno se encuentra con que la infamia es uno de sus rasgos más persistentes. Desde los trogloditas hasta los cibernéticos somos una especie dedicada tanto a las masacres, guerras, genocidios y linchamientos que las infamias se han convertido en la esencia, explicación y descripción del ¿avance? humano sobre la tierra.

Uno puede apelar a la famosa taza medio llena o medio vacía y mencionar desde Beethoven hasta Hawking, pasando por Leonardo, y sostener que esa es la auténtica historia universal. La de los sublimes logros de estos monos calatos que somos.

Pero para mí la taza está más que medio vacía. Lean historia y vean el próximo noticiero en la tele.

No me sorprende que mis amigos afiliados a un movimiento internacional trataran en vano hace algún tiempo de organizar “un año sin guerras” y no lograran ni un día de paz mundial.

La verdad es que habría que buscar mucho para encontrar un solo día de esos en los últimos diez mil años.

¿Todo esto es “biológico” o “cultural”? En otras palabras, ¿es reversible o no?

Mientras lo piensan y deciden su indemostrable respuesta, recordaré que cuando a una amiga le pregunté si veía el “History Channel”, respondió:

–No me gusta. Es pura guerra.

Sí, pues.

 


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