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03/Ago/2006
 
 
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Música Histórico Vico C prepara concierto en Lima.

Maestra Vida

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Vico C y su banda, este viernes 4 de agosto en la ex Feria del Hogar.

Sólo unos pocos seres humanos tienen conciencia de los trances que atraviesa una vida pública. El resto, en calidad de auditorio, goza determinando fechas de caducidad: los límites no los define la privacidad sino el espectáculo. Sin hacer ascos mediáticos –o fingiéndolos–, una trayectoria de años puede ser redefinida en un instante engañoso aunque sensacional (lo sabe monsieur Zidane). Lo opuesto empieza a escasear, pero su reducido puñado de historias tendría que incluir, al menos hasta ahora, a la de Vico C.

Yo nací en Brooklyn, pero muy chico volví a Puerto Rico. Siempre me había gustado el rap y la cultura que se vivía en las calles de Nueva York. El movimiento, en San Juan, era prácticamente inédito. En 1984, a los trece años, Armando Lozada Cruz, que saltaría a la fama con el nombre artístico de Vico C, sin querer queriendo fundó un género a partir de una lógica bastante simple: bueno, dije, si lo interesante es rapear da igual que sea en inglés o en castellano. Entonces escribí un tema y me puse a tocarlo en el barrio. Un chico que también rapeaba –DJ Negro, se llamaba– me propuso grabar un cassette con él y yo acepté. Una producción artesanal cuyo espíritu under se esparció por todo San Juan y generó una ola de operaciones de intercambio, copias de copias y pedidos al por mayor.

Todos hablaban de mí, me buscaban y yo no sabía nada. Los cassettes eran un éxito mientras yo seguía tomando el bus, visitando a mi chica, lo que haría cualquier muchacho de barrio. Hasta que me encontraron.

El primer álbum oficial de Vico C se llamó ‘La Recta Final’ (1989), de resonancia internacional. Le siguió ‘Misión: La Cima’ (1990), en donde se encuentra el hit ‘Me Acuerdo’, que hizo conocido al intérprete en el mercado peruano. La novedad del rapeo tenía el agregado de narrar un mito romántico de consecuencias trágicas. Mi música busca dar un mensaje, contar algo, que no sea sólo sexo porque eso es lo más fácil hoy en día. De aquel disco también es ‘El Filósofo’, canción que se convirtió en su apelativo. Es en ese entonces cuando el cantante llega a Perú en gira promocional pero no alcanza a concretar conciertos por problemas de seguridad interna. También en esos años ocurre el accidente automovilístico que empezaría una segunda etapa en la carrera de Vico C.

Tuve que tomar muchos analgésicos y antidepresivos muy fuertes para aliviar el dolor, y cuando el dolor físico se fue, quedó el dolor del alma. Tenía miedo de no volver a caminar, me preocupaba mi carrera, y entré en una cadena de adicciones que me llevó hasta la heroína. Y la heroína lo borró de escena por tres años, hasta 1998. Regresó como cristiano converso –aunque siempre creí en Dios por la formación de casa, por lo que me enseñaron mi madre y mi abuelo– y con el album ‘Aquel que había muerto’. Recaídas, un tiempo en una cárcel de Florida, redención. Premios Grammy, éxitos de ventas. Y el respeto de la industria musical en base a una verdad absoluta: la simiente de los géneros híbridos de hip hop y ritmos caribeños que desencadenarían en variantes tan desconcertantes y millonarias como el reggaetón, será siempre aquella humilde cinta que en los ochentas grabaron, en ánimo de experimentación, dos amigos de barrio que se hacían llamar DJ Negro y Vico C. Agradece, Daddy Yankee. (Giomar Silva)

 


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