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A sus 32 años Mariana de Althaus ha incursionado en todas las instancias del teatro: escribir, actuar y dirigir. Aquí la dramaturga revela detalles de su guión personal.

Mariana de Althaus: Pasión Por Las Tablas

4 imágenes disponibles FOTOS 

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A través de su nueva puesta Mariana recuerda su adolescencia desarrollada en una sociedad marcada por la indiferencia y el miedo. Se llama “Ruido” y se presenta hasta el 19 de junio en el teatro del Centro Cultural de la PUCP.

Eran las 9:20 de la noche del jueves 16 de julio de 1992. Sendero Luminoso hacía estallar un coche-bomba en pleno centro de Miraflores, calle Tarata. A pocas cuadras, en su casa, Mariana de Althaus (que tenía en ese entonces 17 años), que veía televisión en su cuarto, sólo atinó a tirarse al piso y esperar que todo pasara. Luego se incorporó, volvió a su cama y continuó viendo tranquilamente la televisión. Como la mayoría de limeños, se había acostumbrado al miedo. Al menos eso era lo que creía.

Tuvieron que pasar 14 años para que Mariana, ya como dramaturga y directora teatral, rescatara de su inconsciente las sensaciones y sentimientos que ese día, asegura, bloqueó como mecanismo de defensa.

Su última obra, “Ruido”, trata de una realidad, la del terrorismo ad portas, que la mayoría de limeños de clase media no quisieron ver hasta que esta les estalló en la cara.

Sus miedos, su pasado, su vida familiar y su futuro son algunos temas de los que Mariana de Althaus habla en la siguiente entrevista.

–¿Cuáles son los recuerdos infantiles más gratos que tienes de tu familia?
–Cuando mis papás estaban juntos y todos vivíamos en la casa de mis abuelos. Los domingos almorzábamos juntos, jugábamos vóley y los primos organizábamos shows de teatro que los adultos presenciaban seguramente con mucha paciencia.

–¿En qué medida te afectó la separación de tus padres?
–Como cualquier niña introvertida de 8 años, yo vivía todo muy trágicamente, sentía que era injusto, me aislé. Pero no hubo gritos ni peleas. Luego uno crece y entiende que quizás fue lo mejor.

–¿Cómo te llevas con tu papá?
–Muy bien. El es tan introvertido como yo, pero mi hermana Lucía, que es la psicóloga de la familia, se ha encargado, con muy buenos resultados, de crear entre los tres una relación cercana y necesaria. Quizás estuvimos algo distanciados durante muchos años porque nosotros vivíamos con mi mamá, pero ahora que Lucía y yo somos adultas, podemos verlo no sólo como a un papá sino como a un amigo, alguien con quien provoca conversar durante horas.

–¿Sentiste alguna vez presión por ser la hija de uno de los periodistas más conocidos de la televisión?
–La gente espera mucho de ti si tienes un padre o madre prestigiosos. Lo siento todo el tiempo, supongo que eso ha impedido que tire la toalla más de una vez.

–Cuando necesitas un consejo, ¿a quién recurres?
–A mi hermana, alguna amiga, a mi pareja. Pero casi siempre me pido el consejo a mí misma; eso explica por qué cometo tantos errores.

–Tienes 32 años, ¿has pensado en casarte pronto?
–¡Uy, el tema! Yo siempre dije que nunca me casaría, pero ahora creo que ya me provocó. Más que la formalidad, el hecho de construir algo con mi pareja, tener un hijo. Me atrae pero a la vez me suena como un huracán. Creo que en el fondo todavía soy adolescente.

–¿Por qué estudiaste literatura?
–Lo que yo quería era estudiar teatro, pero a los 17 años era tan insegura que no me atreví ni siquiera a insinuarle a mi familia que quería hacerlo. Mi papá y mi mamá habían estudiado carreras universitarias y sentía que tenía que seguir la misma línea.

–¿Fue una buena elección?
–Reconozco que fue la decisión menos lucrativa que pude tomar, pero también es cierto que sabía que era lo que más me iba a servir como persona. Además estaba segura de que iba a ser muy infeliz estudiando otra carrera para la cual no tenía ningún talento.

–Especializarte en dramaturgia fue puro amor al arte entonces…
–Creo que todavía hay gente que ni siquiera se plantea el porqué de decidirse por una carrera y entre esas personas estoy yo. Mi hermano Clemente, que tiene 16 años, me pregunta: ¿por qué diablos estudiaste teatro si no ganas un céntimo? Le respondo que nunca me hice esa pregunta, simplemente hice lo que tenía que hacer.

–¿Y qué piensas ahora?
–Ahora me doy cuenta que debí pensarlo mejor.

–¿Te refieres a que no se puede vivir del Teatro?
–Es imposible. Yo no gano mucho, es por eso que no vivo sola. Pero me recurseo escribiendo guiones o dictando talleres de dramaturgia en mi casa.

–Dos de tus obras fueron montadas en España y Argentina, ¿cómo respondió el público de estos países?
–Las dos veces fueron compañías pequeñas. Yo sólo asistí a la que se estrenó en Buenos Aires y fue una experiencia increíble e impactante. Fue extraño ver la interpretación de tus obras en una cultura distinta: desde la actuación hasta la pronunciación de tus palabras. En lo económico no fue muy bien, no me pagaron nada por hacerlo, pero eso no me importaba.

–¿Qué tal la experiencia como actriz?
–Me divertía aunque confieso que sufría mucho también. Los actores de teatro deben disfrutar del hecho de estar expuestos, deben sentir la necesidad de jalar los ojos del espectador y tener el talento para hacerlo.

–Entonces, ¿eres tímida?
–Sí.

–¡Una actriz tímida!
–Hay muchos actores tímidos que son muy buenos, los mejores. El talento es el talento, no importa si eres tímida o no.

–El suicidio, la depresión, la falta de pertenencia e identidad son temas recurrentes en tus obra. ¿Estás luchando contra tus propios demonios?
–Bryce dice que la mejor forma de combatir tus demonios es escribir un libro sobre ellos. Como la mayoría de los adolescentes, yo pensaba mucho en la muerte y el suicidio, por eso escribí varias obras sobre esos temas. “La puerta invisible”, que se estrenó el año pasado, contaba la historia de una escritora que se enfrentaba constantemente a la muerte y se burlaba de sí misma y de su obsesión. Creo que con esa obra ya cerré el tema de la búsqueda de la muerte. Después de los treinta, pensar en el suicidio sería algo, más bien, patológico.

–Si tuvieras la oportunidad de regresar en el tiempo, ¿volverías a estudiar literatura y hacer teatro?
–Estudiaría periodismo. Pero definitivamente también volvería a estudiar y a hacer teatro.

–¿Qué es lo que más recuerdas de tu adolescencia a finales de los 80’s?
–Yo vivía en una especie de burbuja como la mayoría de las chicas de mi edad y mi entorno. Estaba en el colegio Weberbauer de Monterrico y me preocupada más por conseguir las zapatillas Reebok, que no existían acá, que de lo que pasaba a mi alrededor. También es cierto que mi familia nunca me inculcó ningún tipo de miedo. Podía salir hasta tarde, movilizarme en micro, no había paranoia.

–¿En qué momento descubriste que existía un peligro latente a pocas cuadras de tu casa?
–Mucho después, en la universidad, cuando lo peor había pasado. Para mí la universidad fue un despertar.

–En “Ruido”, la obra que acabas de estrenar, tratas el tema del terrorismo desde la perspectiva de una mujer limeña de clase media. ¿Qué recuerdas del atentado de Tarata, que significó la llegada del terror a tu realidad más cercana?
–Estaba viendo televisión. Recuerdo haberme tirado al piso de mi casa en Miraflores y después seguí viendo la película que había dejado a medias. Esta obra se basa en la imagen que tengo de ese día. Todo esto no quiere decir que yo no haya sufrido. Debo haber estado muerta de miedo, sólo que no lo recuerdo nítidamente. Es como si mi mente hubiera bloqueado esa etapa y el miedo se hubiera quedado en mi inconsciente.

–¿Crees que aprendimos algo de esta dolorosa lección?
–No creo que hayamos aprendido mucho y la coyuntura política actual, con candidatos presidenciales acusados de violar derechos humanos, es una confirmación de lo que digo.

–¿Cuál fue tu intención al escribir esta obra?
–Me movió más mí la búsqueda personal que la intención de dar algún mensaje. ¿Qué estaba pasando con nosotros en esa época?, era una pregunta que me rondaba hace tiempo. Buscaba descubrir en que, medida éramos, o somos, responsables de lo que ocurría y ocurre en el país.

–¿Y qué es lo que está ocurriendo?
–No tenía planeado, al igual que muchos peruanos, que Alan García estuviera a punto de ser presidente cuando se estrenara esta obra, estaba casi convencida que Lourdes Flores estaría en la segunda vuelta y ganaría. Esperaba que la gente pensara, “uff, felizmente no ganó Alan”.

–“Yo puedo perdonar, pero no quiero olvidar nunca”. Esta es una frase de John Strasberg que incluyes en alguno de tus guiones…
–No considero bueno olvidar. Además, no creo que uno llegue a hacerlo de verdad, lo que uno hace es negar. Pienso que incorporar heridas del pasado a tu registro emocional y mental, te enriquece. Lo que sí creo fundamental es perdonar, uno no puede andar por la vida sintiendo rencor.

–¿Por quién vas a votar?
–Por Alan, porque ya lo he perdonado (César Sarria).

Vestuario: Atómica / Cavenecia / Zapatos: Milano Bags / Conquistadores / Maquillaje y peinado: Marco Antonio Staff /
Producción: Natalie Cáceres

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