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No Suicidarse

Hay varias formas de pegarse un tiro en una encrucijada histórica como ésta: votar en blanco, viciar el voto, irse de paseo o sufragar mal.

Sin embargo, algunos de esos 2.6 millones de ciudadanos de derecha o de izquierda cuyos candidatos se quedaron en la primera vuelta, aun ahora, exquisitos como son, creen resguardar convicciones sacrosantas absteniéndose de elegir al “menos malo” en la segunda.

Con esa actitud están jugando a la ruleta rusa y promoviendo un mal peor.

Parecen olvidar que en esta combi nacional todos somos pasajeros –aun quienes viven en el exterior, ya que tienen parientes al fondo del pasillo–, y negarse a participar en la conducción del vehículo es una forma de suicidio.

Además, en estas elecciones se presenta una crucial disyuntiva frente al chavismo sin petróleo que representa Humala.

El Perú ya confronta suficientes dificultades sin tener que asumir las de ese desquiciado megalómano en que se ha convertido Simón Gorila.

A nuestro país, por otro lado, se le presenta una coyuntura económica y geopolítica singularmente favorable si el próximo gobierno se maneja con sagacidad y serenidad, firmeza e independencia de tutelas exteriores.

Las quejas contra Alan García y su primer gobierno son innumerables y mayormente justificadas, pero en estos años el candidato aprista ¿no ha sido específico en sus mea culpas y preciso en la nuevas disciplinas que adoptaría? ¿No ha sido razonablemente didáctico en justificar su optimismo sobre un futuro desarrollo con justicia social?

La política crea, sin duda, caricaturas de sus protagonistas y tanto la prensa como los propios contendores trazamos líneas inmisericordes.

El propio comandante EP (r) Ollanta Humala Tasso puede ser, por ejemplo, un militar bien intencionado con genuinas inquietudes sociales. Pero si aspira a la primera magistratura, los medios de comunicación no dejarán de juzgar la desmedida ambición que empuja a un hombre sin experiencia política previa a dar semejante salto.

Después es necesario evaluar descarnadamente sus vinculaciones pasadas y presentes, su comportamiento bajo la presión de la campaña, y la coherencia de sus planes y su entorno. Y en esas áreas la candidatura de Humala aparece como un sancochado amenazador, con sazones contradictorias, tanto andahuaylinas como venezolanas.

La proeza de Humala ha consistido en encender una chispa de esperanza en los sectores menos favorecidos de nuestra sociedad. Pero esos electores votaron antes por Fujimori, después por Toledo y finalmente sacaron de sus plazas a cada uno de ellos a pedradas.

Esa base desesperada ansía milagros de sus gobernantes y un régimen que mezcla a Ollanta con seguidores de Antauro y don Isaac, o a Abugattas con García Núñez, no se los podrá proporcionar.

Nuestra trayectoria republicana está salpicada de situaciones confusas e inexplicables, pero optar esta semana por Humala sería un desvarío histórico descomunal.

Estas son circunstancias en que el periodismo no puede andar con medias tintas y CARETAS, cuya línea editorial bordea a menudo riesgos que parecen suicidas, las recarga ahora.

 


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