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La historia jamás contada de Olga Zumarán, de 46 años, Miss Perú Universo 1978 y actriz principal de la teleserie “Así es la vida”.

Olga Zumarán: Así es la Diva

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Una Miss Perú por partida doble. En 1978 fue Miss Perú Universo y quedó entre las 5 mujeres más bellas del planeta en el certamen realizado en Acapulco, México. En 1981 fue Miss Perú Mundo y viajó a Londres. Hoy es actriz y cada vez que participa el rating se dispara.

EN la adolescencia era muy tímida (estudió en un colegio de monjas y siguió Psicología en la Unifé llevada por el consejo paterno) pero haciendo un esfuerzo se presentó dos veces al Miss Perú, en 1978 y 1981. En ambas ocasiones ganó y se fogueó. Superando la oposición familiar y gracias al impulso de su actual esposo y de los talleres de Aristóteles Picho, se ha convertido después de 25 años en una de las actrices más solicitadas del medio. Esta es la historia con final feliz de Olga Zumarán.

–¿Qué es lo que más recuerdas del Miss Perú 1978?
–Fue en el Teatro Municipal. Mi papá estaba en primera fila y se puso muy nervioso cuando la gente y los periodistas se amontonaban a mi alrededor, pensaba que me iban a hacer algo. En esos tiempos los concursos de belleza eran otra cosa, eran grandes acontecimientos: a la ganadora le regalaban una casa recién construida y un carro del año.

–Quedaste entre las finalistas del Miss Universo de ese año realizado en México. ¿Qué crees que te faltó para ganar?
–Dominar el inglés. Creo que una chica que sale a concursar debe hablar, al menos, dos idiomas.

–¿Qué significó vivir 3 años en México?
–Tengo muy buenos recuerdos de México. Estuve a punto de casarme dos veces allá. Pero debido a mi falta de madurez esas relaciones se enfriaron. Los dos noviazgos fueron muy lindos, con hombres de primera, no sólo exitosos, también muy buenos y trabajadores. Con el primero estuve 8 meses y al mes ya quería casarse.

–¿¡Te ibas a casar a los 18 años!?
–Sí, y él tenía 40. Un día me llegó una canasta de frutas con mangos, melones y manzanas. Comencé a sacar la fruta y encontré una caja y dentro había un brillantazo. Siempre me regalaba cosas muy caras. Una vez me regaló un carro.

–¿¡Un carro!?
–Sí, fue un día cualquiera. Yo estaba tomando desayuno con mi mamá en el Hilton, de México, y, de repente, un mozo comentó que había llegado un carro para alguien. Yo pensé que era para la violinista Olga Briski, una de las mujeres más guapas de esos tiempos, que estaba hospedada en el mismo hotel. Pero alguien entró al lobby y dijo: “Ha llegado un carro para una linda peruana”. Salí a ver y era un Mustang convertible, envuelto en celofán y con un lazo gigante. Ese novio tenía ese tipo de detalles.

–¿Por qué no continuaste con tu carrera allá?
–En México me di cuenta que para llegar a ser alguien en la actuación debías salir con gente influyente. Sentía la presión y el acoso. Peor aún siendo joven y extranjera. Preferí regresarme.

–Enviudaste de tu primer esposo y te divorciaste del segundo. ¿Llegaste a pensar que nunca serías feliz en el amor?
–Sí, por supuesto. Yo siempre me había aferrado a una figura masculina mayor que me protegiera. Después de la muerte de mi primer esposo y de mi divorcio tuve mucho miedo de quedarme sola. ¡Ya tenía 37 años!

–Ahora estás con un hombre siete años menor que tú. ¿Cómo lo conociste?
–Fue en 1998. Bruno era el abogado de unos amigos que estaban inaugurando un pub en Miraflores y me invitaron. Yo no tenía ganas de ir pero me convencieron, me decían que vaya porque iba a ir el abogado. Yo les preguntaba: ¿y qué edad tiene? “31, me respondieron. ¡Estaban locos, para mí era un niño! Finalmente fui y me lo presentaron.

–Fue amor a primera vista…
–Estaba embobado, me miraba y me miraba. Yo estaba con minifalda ese día y varias veces lo pesqué mirándome las piernas. Pensé: “encima de niño, mirón”. Después él me confesó que me miraba así porque hacía muchos años con un amiguito suyo, que era mi vecino cuando vivía en Barranco, me observaban desde su ventana cuando yo me cambiaba.

–¿Qué edad tenía?
–Era chiquillo, estaba en el colegio y yo ya era Miss Perú.

–¿Qué pasó después?
–Cuando terminó la noche, me propuso llevarme. Yo acepté porque sabía que si intentaba hacer algo, lo estampaba contra la pared. Cuando me dejó en mi departamento, me dijo que le invitara un trago y yo le dije que no, que estaba loco. Después me pidió mi teléfono. Al día siguiente me llamó y me invitó a comer a un restaurante con pianista y todo. Fue ahí que me di cuenta que era un hombre maduro y responsable.

–¿Cuánto tiempo después fueron enamorados?
–A los dos meses de conocerlo; me hice la difícil. Mes y medio después salí embarazada. Le había advertido que yo podía tener hijos pero él pensó que no porque con dos matrimonios previos no lo había logrado.

–Uno de tus sueños fue ser madre y recién lo pudiste cumplir a los 40 años. ¿Qué sentiste cuando te enteraste de que estabas embarazada?
–Lloré dos días seguidos. Estaba emocionada y tenía mucho miedo.

–¿De qué tenías miedo?
–De contarle a mi papá. Tenía pánico.

–¿¡Tenías miedo a los 40 años!?
–Mi papá sigue siendo muy celoso. Cuando Bruno se quedaba en mi casa los fines de semana, antes de vivir juntos, le pedía que cuadrara el carro frente a la casa, porque si mi papá o mi hermano pasaban y veían un carro, me tocaban el timbre para ver con quién estaba.

-¿Cómo lo tomó Bruno?
–Mi hermana me había acompañado a recoger los análisis. Con las misma fuimos a su estudio. Él me vio llorar y se asustó. Cuando le conté estaba feliz, porque él también quería ser padre.

–¿Y qué dijo tu papá?
–Fuimos a contarle Bruno, mi hermana, mi cuñado y yo. Era mi hermana la que hablaba, le decía: “mira papito, Olguita es una mujer adulta, es viuda y divorciada y ha pasado algo”. Ahí tomó la palabra Bruno para decirle que me quería mucho, que se quería casar conmigo y que asumía toda la responsabilidad. Mi papá se pudo pálido y se atoró con el humo de su cigarro.

–¿Cuándo nació tu hija?
–El 18 de junio del 2000, un Día del Padre. Este año cumple 6 y también va a caer Día del Padre.

–¿Por qué le pusiste María Fe?
–Por mi suegra que se llama María y Fe porque tenía mucha fe de que iba a nacer bien. Tenía mucho miedo porque ser madre a los 40 implica muchos riesgos. Pero hice un embarazo muy bonito y tranquilo.

–¿Alguna vez sentiste perder la fe de ser mamá?
–Sí, pero la recuperé una noche cuando soñé que estaba volando; fue una semana antes de conocer a Bruno. Sólo había tenido ese sueño una vez, y fue una semana antes de ser elegida Miss Perú. Yo creo mucho en los sueños y por eso estaba segura de que iba a ser madre (César Sarria).

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