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Edición 1925

18/May/2006
 
 
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Descubriendo al ama de casa y mamá de cinco hijos que se esconde tras la conductora de Prensa Libre.

Rosa María Palacios: Detrás de la Noticia

4 imágenes disponibles FOTOS 

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A pesar del corto tiempo que tiene ante cámaras (dos años en la señal abierta pero cinco en la radio), Rosa María se mueve en la televisión como pez en el agua.

EL domingo pasado, Día de la Madre, Rosa María Palacios no se podía quejar. Recibió cinco besos y cinco regalos de sus cinco menores hijos, dos que están en el nido y tres en el colegio. La pregunta salta a la vista: ¿Cómo hace esta abogada de profesión, que a sus 43 años, según encuesta de la Universidad de Lima, es la periodista más confiable del país, para compatibilizar su trabajo periodístico en la televisión con la crianza de tantos hijos? Ella misma, que fue la tercera de siete hermanos, contesta.

–¿Qué es lo que más extrañas de tu infancia?
–No extraño mucho porque tengo una vida familiar muy rica y feliz. En un par de años mis padres están por cumplir 50 años de casados. Somos siete hermanos y, como es lógico imaginar, mi casa siempre estuvo llena de gente. Por eso estoy acostumbrada a la bulla, a trabajar rodeada de personas y también por eso aprecio mucho la soledad. A los hijos de familias numerosas les encanta la soledad porque ésta ha sido siempre un bien escaso.

–¿Dónde vivías?
–En El Olivar, de San Isidro, que era un barrio muy tranquilo, e iba al colegio María Reina que quedaba muy cerca. Era una época en que los chicos podían montar bicicleta por todas partes.

–¿Y nunca saliste del barrio?
–Sí, mi familia viajaba mucho. A mi papá le encantaba viajar por todo el Perú, algo que en los setentas se podía hacer sin ningún problema. Entonces, yo a los 15 años ya conocía todo el Perú. Hay muy pocos departamentos que no conozco.

–¿Viajabas en avión?
–Por tierra. Nos gustaba mucho acampar. Una vez, cuando tenía ocho años, estuve de campamento en Tumbes por un mes. Esa vida de viajar y acampar me parece una experiencia formativa extraordinaria para cualquier chico. Cada uno sabe lo que tiene que hacer y necesitas una gran capacidad de trabajo en equipo, porque la vida tiene que transcurrir con los mínimos niveles de armonía para no terminar matándote.

–¿Cuál de esos viajes recuerdas más?
–Cuando tenía 19 años me fui con mi papá a Argentina por tierra. Como era invierno no podíamos irnos por Santiago así que nos fuimos por el sur, por Bariloche. Viajamos 16 mil kilómetros, ida y vuelta, así que me conozco Sudamérica casi de lado a lado. Me encanta viajar por tierra, además me casé con un hombre (el abogado Alberto Varillas) que también le encanta, aunque ahora no puedo hacerlo porque el trabajo que tengo es matador.

–Se te ve muy cómoda ante las cámaras. ¿Siempre fuiste desinhibida?
–Me imagino que sí.

–¿Eras tan incisiva con tus profesores como lo eres ahora con tus entrevistados?
–Nunca fui una alumna indisciplinada pero sí era bien “alegosa”, por eso era la presidenta de la promoción.

–¿Dónde nace tu gusto por la política?
–Aunque mis padres nunca fueron militantes de algún partido, en mi casa siempre se discutía de política. A mi generación la marcó la dictadura militar, la toma de los diarios. Me acuerdo mucho cómo circulaban, de mano en mano, casi clandestinamente, los ejemplares de Caretas. Me encantaba cuando en la mesa de mi casa se hablaba de cómo Zileri se había escapado por la puerta de atrás. A los ocho años estas historias me parecían aventuras increíbles. A mí se me inculcó desde chica la importancia de la libertad.

–Conociste a quien sería tu esposo en la academia preuniversitaria Trener; en 1981 ingresaste a la Universidad Católica, en 1988 estudiaste una maestría en Austin, ¿y luego regresaste al Perú?
–Regresé un año después, a los 26 años, embarazada de mi primer hijo. Yo quería que mis hijos nacieran y crecieran en el Perú. Fue una decisión muy difícil porque en esa época uno veía cómo el país se venía abajo por el terrorismo y los problemas económicos. Mucha de la gente de mi generación que se fue junto conmigo nunca volvió, porque en el Perú no había futuro.

–La angustiante migración…
–La migración es un proceso muy doloroso, porque tienes que cortar de raíz tus lazos con muchas cosas que te aferran a tu tierra. Y en el otro sitio vas a ser siempre un extranjero. Entonces pensé: Si voy a ser una extranjera y una ciudadana de segunda categoría toda mi vida, prefiero regresarme. No quería eso para mis hijos; si ellos deciden hacerlo después, ya será su decisión.

–Entonces te quedaste, llegaste a la TV vía Cable Canal de Noticias. ¿Y luego la radio?
–Me pasó algo muy curioso. Yo tenía tres meses en el cable y me llamaron de Ampliación de Noticias, de Radio Programas del Perú (RPP), porque necesitaban a una mujer. Es la primera vez que conseguía trabajo por ser mujer.

–Ahora tienes cinco hijos y diriges el programa Prensa Libre que empieza a las 11:00 p.m., ¿tus hijos te ven en la tele?
–No deberían verme. Se supone que a esa hora deben estar durmiendo.

–¿A qué hora regresas del Canal en las noches?
–A la una de la mañana más o menos, y me quedo dormida como a las dos.

–¿Y cómo haces al día siguiente?
–Duermo hasta las 9 ó 10 más o menos, a no ser que tenga que firmar alguna circular o un permiso para que se queden en el colegio. Para no tener que despertarme temprano, les pido que me digan todo la noche anterior. Por lo general, mis hijos respetan mi sueño.

–¿Y en qué momento ves a tus hijos?
–Paso varias horas en el Canal pero no todo el día. Llego en la mañana y estoy hasta las dos de la tarde. A esa hora regreso a mi casa a almorzar. Allí ya están mis dos hijos más chiquititos (hombre y mujer), que llegan del nido a la una, pobrecitos, muertos de hambre. Luego, a las tres, llegan del colegio mis tres hijas mayores. Allí es cuando me encargo de algunas cosas urgentes, con tantos hijos siempre hay algo malogrado que arreglar o algo que comprar.

–A las siete de la noche, antes de partir a hacer tu programa, estás con tu familia en pleno. ¿Ya dejaste todo organizado para el día siguiente?
–Ese momento es una locura. Tengo que pedir a mis hijos que me hablen uno por uno porque todos me piden mil cosas a la vez.

–Te debes volver loca...
–Tengo mi método. Lo que pasa es que sus edades son muy distanciadas. A los más chiquitos los veo en la tarde, juego con ellos un ratito, los ayudo a hacer sus tareas y a las siete de la noche ya se están cayendo de sueño y los acuesto. Las más grandes llegan después, cada una con demandas diferentes, con permisos diferentes. Tengo que programar bien mis actividades.

–¿Cómo haces para complacer a todos?
–La mayoría de veces no los complazco.

–¿Y a todo esto, tu esposo?
–Él se levanta a la 8, se va a trabajar y a veces no regresa hasta las 10 de la noche. Yo estoy mucho más tiempo que él en la casa, sobre todo en las tardes.

–¿Y cuándo descansan?
–Nunca trabajo sábados ni domingos. Si me plantean hacer una entrevista o algo esos días, yo simplemente respondo: ¡Ni hablar! Los dedico sólo a mi familia. Los sábados generalmente salgo a comer con mis hijas mayores, un cebiche o algo así, y los domingos la pasamos todos en la casa de mis suegros.

–¿Tus fines de semana deben implicar una organización perfecta?
–No lo dudes. Por ejemplo, la mayor tiene una fiesta, las otras tienen reuniones con sus amigas y los más chiquitos van a jugar donde algún compañerito del nido. Y yo debo repartirme para dedicarles el mismo tiempo a todos. Aunque te debo confesar que tengo ayuda doméstica y chofer; sin ellos no podría hacer todo lo que hago.

–¿Y quién recoge a tus hijas de las fiestas?
–Los viernes yo soy la chofer y no tengo ningún problema en recoger a la mayor de alguna fiesta. Mi programa termina a la una de la mañana y mientras otras mamás se están muriendo de sueño, yo estoy recontra despierta.

–La mayor de tus hijas tiene 16 años, va a terminar el colegio dentro de poco. ¿Ya sabe que va a estudiar?
–Todavía no lo tiene claro, pero yo le digo que estudie lo que le haga más feliz, porque es muy difícil trabajar toda la vida en algo que no te guste. Está entre Artes Plásticas, tiene mucho talento para eso, o Arqueología. Lo único que le he pedido es que no estudie ni Derecho ni Periodismo, porque para esas carreras no hay trabajo (César Sarria).

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