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18/May/2006
 
 
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Murrow y McCarthy

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Hay una película que ningún periodista actual o potencial, y quizá ningún ciudadano, debiera perderse: “Buenas noches y buena suerte”. Ojalá que no la hayan sacado esta semana de la cartelera, porque esa historia de otros tiempos y otras latitudes, le habla al corazón de nuestros días y también a la posible opacidad de nuestro futuro.

No sé si es una película para las masas o no. Aunque filmada en colores, fue reconvertida después a un blanco y negro sin concesiones. Casi todas las escenas transcurren en salas de producción o en los tempranos estudios de televisión de la CBS. No hay multitudes ni violencia ni hervor de feromonas y menos efectos especiales. Pero eso hace que la tensión dramática sea mayor, puesto que ahí el acto son las palabras, cuya fuerza y peso orientan la historia.

“Buenas noches y buena suerte”, la película dirigida por George Clooney, relata el enfrentamiento entre el famoso periodista Edward R. Murrow y el entonces senador republicano por Wisconsin, Joseph R. McCarthy. Eso ocurrió a partir de 1953, durante esa oscura etapa en la historia de Estados Unidos a la que McCarthy etiquetó con su nombre: el macartismo; la caza de brujas contra todo aquel lejanamente sospechoso de simpatías, proximidad y hasta parentesco con el comunismo o la izquierda. En ninguna otra oportunidad en la historia de esa nación la maldición de Salem (esa propensión del puritanismo histérico a la cacería de brujas y a su complemento, la ostentosa conformidad predicada en el miedo) alcanzó tal virulencia y dimensión.

Cuando decidió enfrentarse a McCarthy, Murrow se encontraba en la cúspide de su fama, pero aún así parecía encaminarse a una confrontación en la que tenía todo por perder. Murrow había logrado renombre en la década del 30, con sus despachos en onda corta desde una Europa que se desbarrancaba hacia la guerra. Pero fue pocos años después, en los peores momentos de la Batalla de Inglaterra, cuando sus despachos radiales en vivo desde Londres bombardeada galvanizaron a millones de estadounidenses, a quienes la realidad de la guerra lejana y decisiva llegó noche a noche descrita –con el trasfondo del ulular de sirenas de alarma, la explosión de las bombas y el detonar de la artillería antiaérea– en la voz precisa, la impecable dicción, la palabra justa de Murrow. Ahí fue cuando éste tomó como logo de cierre de sus transmisiones el saludo que los londinenses, que no sabían si iban a volver a ver otra mañana, se dirigían entre sí: “buenas noches y buena suerte”.

Murrow era ya un periodista legendario, formador y mentor de toda una generación de grandes reporteros radiales, cuando se embarcó en el tránsito a la televisión en CBS y, poco después, coprodujo con su socio y amigo Fred Friendly el muy exitoso programa “See It Now”.

En 1953, Murrow y Friendly decidieron, capeando los miedos de CBS, investigar el caso de Milo Radulovich, un teniente de reserva de la Fuerza Aérea de Estados Unidos, a quien se había dado de baja por la acusación de que su hermana y su madre eran simpatizantes del comunismo. La investigación de See It Now reveló la endeblez del caso y llevó a que Radulovich fuera reincorporado.

Pero ese fue apenas el prólogo a la gran batalla entre McCarthy y Murrow. Luego de meses de investigar a aquél y su “comité de investigaciones” del Senado estadounidense, Murrow y Friendly transmitieron, el 9 de marzo de 1954, un devastador programa sobre McCarthy, armado casi exclusivamente con las propias imágenes y palabras del senador. Aunque no fue el primero en enfrentarse a McCarthy, es difícil ahora comprender el coraje que se necesitó para investigar y exponer el abuso macartista ante una nación intimidada. Murrow y Friendly tuvieron que emplear toda su influencia (y no poco de su dinero) para lograr que CBS transmitiera el programa. La misma voz que sin alterarse en medio del peligro había narrado al público la devastación de los bombardeos nazis sobre Londres, ahora describió, con su espartana maestría en el manejo del guión televisivo, la destrucción que el macartismo obraba en los fundamentos mismos de la democracia estadounidense.

“No caminaremos con miedo el uno del otro” dijo Murrow al concluir el programa. “No seremos conducidos por el miedo hacia una era de insensatez si hurgamos en nuestra historia y recordamos que no descendemos de hombres medrosos… las acciones (de McCarthy) han causado alarma y desánimo… (pero McCarthy) no creó esta situación de miedo, sino supo explotarla con éxito. …podemos negar nuestra herencia y nuestra historia, pero no podemos escapar de la responsabilidad por su resultado. No hay forma de abdicar de esa responsabilidad para un ciudadano de la República… buenas noches y buena suerte”.

Sin democracia no sobrevive la libertad de pensamiento ni la de prensa. Por eso, defender la libertad es una de las misiones centrales del periodismo. Y en ese día de marzo de 1954, Murrow y Friendly jugaron el todo en esa batalla y lograron un éxito superior a sus expectativas. Aunque McCarthy contraatacó con fuerza, ya llevaba el perdigón bajo el ala y solo logró hundirse más. Una vez que el hechizo del miedo fue levantado, el desenlace fue relativamente rápido, aunque no sin costo.

La victoria de Murrow, Friendly y See It Now, exacerbó su siempre complicada relación con la estructura corporativa de CBS, que se encaminó hacia un progresivo deterioro.. El virtual rompimiento se dio en 1958, en el discurso (con fragmentos del cual empieza y termina la película) que Murrow dio a la Asociación de Directores de Noticias de Radio y Televisión de Estados Unidos, a quienes acusó de haber caído en la “gordura, confort y complacencia”, utilizando la televisión para “disminuirnos, engañarnos, entretenernos y aislarnos”. No fue aquella solo una crítica, sino una arenga esperanzada, de que se podía mejorar. “Hay que tratar”, dijo, “la responsabilidad reside en las grandes empresas y los grandes canales de televisión (…) (esa responsabilidad) promete su propia recompensa: buenos negocios y buena televisión (…) Hay una gran y quizá decisiva batalla a librarse contra la ignorancia, intolerancia e indiferencia. El arma de la televisión puede ser de mucha utilidad”.

En esa batalla contra la codicia corporativa Murrow, como tantos otros periodistas antes y después, fue derrotado. Incluso su amigo, el presidente de la CBS, William Paley, que lo había llamado “un estudiante, un filósofo, en su corazón un poeta de la humanidad y en consecuencia un gran reportero”, se apartó de y le jaló la alfombra al “poeta de la humanidad”. Como comenta un biógrafo de Murrow, la tragedia de éste fue que su estilo y prioridades “perdieron el paso” frente al crecimiento “astronómico” del negocio de la televisión. La única reconciliación posible era la póstuma y, como indica el mismo autor, la industria que no tuvo al final lugar para él, lo recuerda ahora como “el santo patrón del periodismo radial y televisivo” de Estados Unidos.

Y sin embargo, aunque Murrow murió hace más de 40 años, sus palabras resuenan como si se hubieran pronunciado hoy sobre los peligros presentes que, si no se enfrentan, empeorarán mañana. Imagino lo que hubiera dicho de ver la cobertura de la invasión de Irak, uno de los peores momentos del periodismo estadounidense.

¿Y si hubiera tenido que sufrir gran parte de nuestra televisión? Supongo que hubiera comprobado que “la ignorancia, intolerancia e indiferencia” han encontrado excelentes promotores.

 


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