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18/May/2006
 
 
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Cine “Misión Imposible III”, el nuevo ejercicio narcisista de Tom Cruise.

Juegos de Manipulación

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Corre Tom, corre: nada lo detendrá para salvar a su chica.

Hubo un tiempo en que la platea femenina alzaba a Cruise como un Dios y el resto de espectadores lo mirábamos con respeto. En ese lapso, la estrella, como cualquier persona con dignidad, padecía el síndrome “Dr. Jekyll y Mr. Hyde” del artista: o me limito a salir en la portada de “Bravo” o me hago respetar, parecía decirse la ex pareja de Nicole Kidman. Como si jugara rayuela (aunque luego compraría su suerte), el actor saltaba de anodinas soap operas adecuadas a la pantalla grande (“Cocktail”) a productos que erigían una mitología juvenil y americana agrandada por la Guerra Fría (“Top Gun”), hasta cintas de auténticos autores (Scorsese o –traguen saliva_ Oliver Stone) reacios a creer en América o incursiones filosóficas de otro lote (“Ojos Bien Cerrados”).

Pero los lavados de cerebro son imposibles. El pasado siempre irrumpe y hoy Cruise es un hombre feliz aunque con un índice de carisma en caída al hacer de su vida un capítulo de “Dawson’s Creek” (y pensar que adorábamos a Katie Holmes). Quedó comprobado que su estatura (no más del metro setenta) nunca fue para aires divinos, y la bajada al pedestal fue rematada con ese ominoso fanatismo hacia la “Cienciología”.

Así, “Misión Imposible III” (o “M:i:III”, como mandan las franquicias) mezcla la profundidad de Corín Tellado (el móvil es el amor y la chica que hace de la esposa de Cruise tiene un aire pesadísimo a Holmes) con la crudeza audiovisual pos caída del Muro de Berlín. Es decir: cuando el liberalismo se impuso, las fusiones corporativas se hacían a la luz del día y brotaron los canales del cable que hoy vemos. La violencia sensorial de la pantalla chica se incrementó y el cine tuvo que superarla, en una lucha que se remonta a los inicios de la televisión.

“M:i:III” no lo hace mal, y no por algo su director J.J. Abrams es responsable de las famosas series “Alias” y “Lost”. Agarra al espectador del pescuezo desde el arranque, cuando Cruise está atrapado y amenazan con volarle los sesos a su esposa. Las escenas de acción son espectaculares, aunque sobreviene la rutina y una exageración (mas no inverosimilitud, porque la gracia está en desafiar justamente lo imposible) cercana a la “cacha” (ver cuando el protagonista revive y se va caminando como si nada). Asimismo, quedaron las ganas de ver al excepcional Philip Seymour Hoffman explayarse más, pero no seamos ingenuos: estamos en territorio de Cruise.

Empero, por más disparatado que sea el guión, el espectador acepta el juego, porque bajo ese criterio se pueden hacer cintas buenas, regulares o malas. En el fondo, nacimos para ser manipulados. Así, por la vía más rebuscada, se comprueba otra vez que en la puesta en escena está todo, y suerte que esta vez el ejercicio egocéntrico de la ficción haya borrado al egocéntrico de la vida real. (José Tsang)

El Baile Prohibido

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A relajarse con “Mrs. Henderson” de Stephen Frears.

DE manera injusta y silenciosa ha entrado a la cartelera “Mrs. Henderson”, del prolífico director Stephen Frears (“Relaciones Peligrosas”, “Alta Fidelidad”). Qué felicidad cuando alguien de Inglaterra se basa simplemente en el tino para filmar, sin dárselas de ‘hooligan’, ‘indie’ o cineasta con pretensiones (sean artísticas o sociales). Y eso que el filme tiene como marco a la Segunda Guerra Mundial: en Londres una viuda adinerada está aburrida y decide comprar un teatro, que resulta ser un hit. Las competencias surgen y entonces la dueña se arriesga por otro plan: poner chicas desnudas sobre el escenario, en medio de los bombardeos, en un acto lúdico de resistencia.

Quizá porque ya no es usual, sorprende la condensación temporal en la sucesión de varias escenas, el relato no se detiene en nada que no valga la pena y es reparador ver a actores (Judi Dench, Bob Hoskins) disfrutando de su oficio. Y Frears no pierde la elegancia para pintar ese clima populachero de vodevil y sensualidad british. No todo es cinismo.

“Mrs. Henderson” es una de esas necesarias cintas “menores” sin las cuales, para los que buscamos calidad, el cine sería un insoportable cementerio de obras maestras trascendentes y serias. (J.T.)

 


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