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20/Abr/2006
 
 
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Oportunidades Migratorias

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La sabiduría del pueblo peruano se ha dejado escuchar en las urnas. Su estruendosa sapiencia, definir la presidencia entre un ex mandatario que arruinó el país o un desconocido autoritario con serias acusaciones en su contra1. invita a algunos a salir corriendo en busca de la tranquilidad que da la ignorancia bien entendida. Pero no es el aeropuerto la única salida. Para los privados de familia política en Patterson, los escépticos ante las máquinas voladoras o aquellos para quienes ya es muy tarde convencerse que un futuro mejor empieza aseando servicios higiénicos ajenos, queda otro recurso: la migración imaginaria. He aquí un breve compendio de lugares inexistentes, profusamente compilados –honor al mérito– por Alberto Manguel y Gianni Guadalupi2. Ninguno requiere visa.

Archaos

Reino de Europa Central, famoso por su monarquía liberal. Las leyes del país estipulan que sus habitantes deben trabajar hasta que el Tesoro Real esté lleno. Entonces, el rey lo reparte entre todos, el pueblo se lo gasta y todos vuelven a trabajar. Cuando la hambruna afligió Archaos, el rey Govan promulgó la ley adecuada para evitar el desastre, la número 14: todo es gratis. Otra de las leyes estableció que cada uno debe hacer lo que le plazca. La filosofía nacional enseña que nadie debe trabajar más de lo necesario y que los buenos modales resuelven casi todos los problemas. El viajero no debe dejar de visitar el castillo de Tremenes, que el rey ha abierto a todas las mujeres deseosas de escapar de padres iracundos, esposos malvados o novios impuestos, y el Instituto de Necesidades Públicas, un lupanar creado por el rey y que él mismo visita con frecuencia.
(Christiane Rochefort, Archaos ou Le jardin étincelant, París, 1972).

La isla de los Asnos de Oro

Isla cercana a la Polipragmosine. Personas que se meten en lo que no entienden vienen a terminar aquí sus días, convertidos en burros de orejas larguísimas. Se cuenta que seguirán siendo burros hasta que la ley de la naturaleza haga que todos los cardos de la isla se vuelvan rosas. Los turistas pueden montar a los isleños con toda tranquilidad.
(Charles Kingsley, The Water-Babies: A Fairy Tale for a Land-Baby, Londres, 1863).

Boffón

Isla del Océano Pacífico. La principal preocupación de la gente de Boffón es la amistad. Si un amigo cae enfermo, los indígenas lo cuelgan de un árbol porque, afirman, mejor es que los pájaros, ángeles de Dios, se lo coman, que los gusanos lo devoren. Para evitar todo despilfarro se comen después la carne.
(Sir John Mandeville, Voiage de Sir John Mandeville, París, 1357).

Diccionópolis

De esta ciudad amurallada provienen todas las palabras del mundo, que se cultivan en sus huertos. Una vez a la semana la gente va al mercado, compra las palabras que necesita y vende las que ya no usa. Los que deseen formar sus propias palabras pueden comprar letras sueltas. Antes de comprarlas, conviene que el viajero conozca el sabor de cada una de las letras: la A tiene muy buen sabor, pero la Z es seca, tiene gusto a aserrín. El gabinete de ministros tiene como misión garantizar que todas las palabras en venta tengan un sentido. Está compuesto por el Duque de la Definición, el Ministro del Significado, el Conde de la Esencia, el Conde de la Connotación y el Subsecretario de la Comprensión. Según las leyes está prohibido no tener pelos en la lengua.
(Norton Juster, The Phantom Tollbooth, Londres, 1962).

Ciudad Insomne

Situada al norte de Nigeria. Sus habitantes tienen la singular costumbre de no dormir nunca, de manera que no tienen la menor idea de lo que es el sueño. La ciudad es muy peligrosa para los extranjeros. Si un viajero, olvidado de esta peculiaridad del lugar, llegara a dormirse –cosa que probablemente le ocurra todas las noches– los nativos, creyéndole muerto, lo sepultarían de inmediato.
(A.J.N. Tremearne, Hausa Superstitions and Customs, Londres, 1913).

La Isla de la Civilización

La más importante de las islas Viti, en Polinesia. Es una monarquía regida por un rey de madera de palo de rosa. Es un autómata y puede firmar –en inglés– hasta treinta decretos por sesión, con una bella caligrafía. Las ventajas de este sistema son muchas: por ejemplo, evita los problemas que plantea una sucesión y los cambios de dinastía, aunque también suponga un gasto de cincuenta francos anuales en el presupuesto, para gastos de aceite y grasa. El único con atribuciones para desconectar al rey es el Presidente del Consejo de Ministros. Los ministros tienen grandes responsabilidades. Cada uno de ellos lleva un nudo corredizo al cuello para que cualquier elector pueda estrangularlo si se demuestra que no cumple con la tarea encomendada. Los miembros del Parlamento son sordomudos, lo cual suprime de por sí los interminables debates.
(Henry-Florent Delmotte, Voyage Pitoresque et industriel dans le Paraguay-Roux et la Palingenesie Australe, 1835).

País de la Verdad

País de localización desconocida, donde no se puede hacer o decir nada que no sea cierto. Si el viajero deja caer un papelito en sus calles impecables, este vuelve de un salto a su bolsillo. Cada golpe dado en el País de la Verdad regresa al atacante y quien insulta es el ofendido. Los visitantes pronto descubrirán que todos los gestos están teñidos de una insoportable hipocresía social, de sentimientos disfrazados y de todo tipo de engaños imaginables. Son pocos los viajeros que luego de visitar este lugar y regresar a su país de origen han podido reincorporarse a su empleo.
(Pierre Carlet de Chamblain, Voyage aux Monde Vrai, París, 1734).

Klopstokia

País de atletas. El viajero se sorprenderá al ver a bebes dando saltos en el aire de casi dos metros y amas de casa maduras que corren una milla en pocos segundos. En 1932, Klopstokia ganó los Juegos Olímpicos, pese a los esfuerzos internacionales para impedir su victoria. Sin embargo, por razones diplomáticas, no han vuelto a participar en ellos.
(Million Dollar Legs, película dirigida por Edward Cline, EE.UU., 1932).

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1 Por no hablar de la hija de un ex presidente prófugo encabezando la votación al congreso.
2 “Guía de Lugares Imaginarios”, Alianza Editorial, 1980.

 


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