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Protocolo, glamour y proyección social de las primeras damas peruanas. Desde “La Mariscala” hasta Eliane Karp y su posible sucesora.

Damas de Palacio

7 imágenes disponibles FOTOS 

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Violeta Correa (Primera Dama 1980-1985). Fotógrafa y periodista, fue secretaria de Fernando Belaunde antes de casarse con él.

Las llaman primeras damas, sabe Dios desde cuándo. En todo caso el título se origina en el término italiano prima donna, que corresponde a la protagonista de una ópera. Hay poca bibliografía sobre ellas. Los datos que existen son contados y están desperdigados en libros y revistas. Pero atando cabos se llega a algunas conclusiones. En los albores de la República brilla con luz propia doña Francisca de Zubiaga, La Mariscala. Sobre ella Abraham Valdelomar, dijo: “Amó la gloria, consiguió el poder, vivió en la holgura, veló en la tienda, brilló en Palacio y murió en el destierro”. Claro, los tiempos han cambiado. Ya no hay lugar para una Primera Dama del genio de “La Mariscala”. Otra primera dama inolvidable es Antonia Moreno de Cáceres, esposa de “El Brujo de los Andes”, famosa por su coraje en la toma de Lima. Escapa de la ciudad en compañía de sus tres pequeñas hijas, y para burlar los puestos de control, tizna el rostro de las chicas para que el enemigo piense que son de raza negra y así las deje pasar. Llevando con ella a lomo de mula o caballo a sus hijas, se une a su esposo, y aún más, lo acompaña en gran parte de la campaña de La Breña.

A fines del siglo XIX, llega a Palacio una mujer muy bella: Jesús Itúrbide Villena, esposa del Califa Nicolás de Piérola, que era, además, su primo hermano. Él tenía 22 y ella menos de 20 cuando unieron sus vidas. Contaban 52 años de casados cuando falleció don Nicolás. Ella lo sobrevivió apenas 7 meses. Fue una Primera Dama de vida austera y muy católica.

Estas damas, tan especiales, han cumplido mayormente un papel decorativo, pero en los últimos tiempos han estado más bien vinculadas a la caridad pública. Francisca Benavides de Benavides fue acaso la primera esposa de un Presidente que laboró en ese tipo de ayuda. La llamaban Paquita, diminutivo con el que se le conocía desde niña. Se cuenta que abogaba para contener los aires autoritarios de Benavides y, además, que tenía sus secretos. Uno de ellos: que en casa de su hermano se escondió más de una vez Haya de la Torre sin que nadie se enterara. En sus tiempos, al vagón presidencial lo llamaban La Paquita. Hasta hace unos años, el vagón se conservaba frente a la antigua Estación de Desamparados, como mudo testigo de una época en que viajar en tren estaba de moda.

Pero la vecina de Palacio que más destacó en el campo de la ayuda social, ha sido María Delgado de Odría, quien, asimismo, se distinguió por su labor proselitista, entonces inédita en el trabajo de una Primera Dama. Fundó la Central de Asistencia Social, alcanzando popularidad en los estratos menos favorecidos. Popularidad que la llevó a disputar en 1963, aunque sin éxito, la alcaldía de Lima.

Otra fue la imagen de la dama que la reemplazó en Palacio a partir de 1956: Clorinda Málaga de Prado, un nombre que seguramente evoca en muchos viejos limeños, esplendores y elegancias de una Lima ya desaparecida. Clorinda no era alta ni hermosa, pero tenía encanto y eso que los franceses llaman glamour. Su presencia en los grandes salones, luciendo los últimos modelos parisienses o bien algunos extraños sombreros al estilo de la realeza británica, provocaba la admiración o desataba infinitos cotilleos.

Por su lado, Consuelo Gonzales Posada, la esposa del general Velasco, es la primera esposa de un presidente en viajar al exterior en misión amistosa. Visitó los Estados Unidos, donde se entrevista con Pat Nixon, y dos años más tarde, emprendió una gira por la India, Argelia, México y Cuba. Pero en Cuba rebasó todas las previsiones. Fidel Castro la atendió personalmente.

En los ochentas, Violeta Correa le da una nueva dimensión al rol de Primera Dama. Limeña, periodista, que, cámara en mano, acompaña a Belaunde en sus viajes al interior, trabaja doce horas en Palacio y habla de política con gran conocimiento, al punto de convertirse en el brazo derecho del Presidente, mas para algunos como el periodista Jorge Donayre, su brazo izquierdo. Por otro lado, fue la iniciadora de las cocinas populares.

En 1985, llega a Palacio, por primera vez en la historia, una dama extranjera: Pilar Nores, mujer joven y bonita, y como tal, todavía con hijos pequeños, que le dan un nuevo aire a Palacio. Licenciada en economía, se distingue por su trabajo en el campo social, donde promueve la formación de clubes de madres en Lima y en provincias. Le sucede Susana Higuchi, de profesión ingeniera, menuda, acaso tímida, pero de carácter; que por unos trapos que salen al aire es expulsada de Palacio. Convertida en ácida opositora de su esposo, en el año 2000 sería elegida congresista. La reemplaza su hija Keiko Fujimori, una muchacha de unos veinte años; gordita y bastante carismática. Keiko continúa la obra de su madre en la Fundación por los Niños del Perú.

No era la primera vez que una hija fungía de Primera Dama. Ya antes lo habían hecho, prácticamente, Rosita Prado, en 1939-45, y Carito Belaunde, en 1963-68. La primera de ellas llegó, incluso, hasta la frontera para alentar a nuestros soldados en la guerra con Ecuador de 1941. En cuanto a Carito, se le recuerda por su participación en la realización del Parque de las Leyendas.

Una Primera Dama que escapa a la regla es Eliane Karp, mujer agraciada, cultivada y de carácter, que desde la campaña electoral del 2000, enciende polémicas y pasiones, por sus picantes declaraciones. Antropóloga, estudiosa del pasado andino, habla incluso quechua. Es la segunda Primera Dama extranjera que llega a Palacio.

Después de leer estas líneas, algunos se preguntarán: ¿y quién fue la Primera Dama en los tiempos del oncenio? Debió serlo Julia Swayne, una distinguida matrona limeña que residía en Londres, con toda la familia, cuando Leguía regresó al Perú para postular a la presidencia. En ese trance doña Julia enfermó gravemente. Un mes después de su deceso, se celebró en la catedral de Lima una misa en su memoria a la que acudió medio Lima. Esto explica por que no hubo Primera Dama en el oncenio.

La otra pregunta es ¿quién será la Primera Dama, o en todo caso el primer caballero, de los próximos cinco años?

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