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Fluxus: Balance

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El acto de clausura de la muestra de Fluxus fue merecido, porque el balance ha sido altamente positivo. Pudo haber faltado una mayor orientación al público para explicar de manera didáctica las razones de su trascendencia. Seminarios más extensos que una visita guiada hubieran sido más fructíferos. Sin embargo, lo que realmente cuenta, es que se haya logrado exhibir en Lima y al final, si buena parte del público terminó rechazándola es algo que considero mucho más positivo que la ignorancia. Esta actividad ha sido incapaz de dejar indiferente a quien la visitara.

Unos cuatro años atrás vi en Brasil una muestra muy completa sobre Fluxus, con un catálogo memorable con texto de Arthur Danto. No he visto otro material que permita conocer mejor a un movimiento que consideraba al mundo “como un almacén en el cual se reuniera cuadros de todo tipo, música –sinfonías, danzas o himnos–, maquinarias y herramientas, estatuas, libros de poesías y prosa, muebles, vestidos y todo lo entonces imaginable”. Consideraban que después de haber logrado esta acumulación, el espectador podría entrar en ese almacén y sacar todas las obras que creyera artísticas, pudiendo alcanzar, en teoría, un éxito razonable, a pesar de que no tuviera una definición satisfactoria de lo que era el arte. Nada nuevo. Ya Wittgenstein lo había enunciado mucho antes a su manera.

George Maciunas fue el teórico clave para Fluxus y quien le otorgó una buena parte de un ideario que en realidad luce como una versión neodadá en el campo de la música, el arte y la poesía. Hoy, casi medio siglo después, Maciunas aparenta bastante ingenuo cuando releemos algunas de sus epístolas: 1.-“Si un hombre puede experimentar al mundo de la misma manera como experimenta el arte, no habría necesidad del arte ni de similares elementos no productivos”. 2.- “Fluxus debería convertirse en una forma de vida y no en una profesión”. 3.- “Fluxus definitivamente está contra los objetos de arte como bienes no funcionales”• 4.-. “Los objetivos de Fluxus son sociales y no estéticos. Estos objetivos están relacionados con el grupo LEF que en la Unión Soviética ideológicamente se preocupaba hacia 1929 por la gradual eliminación de la obra de arte”.

Luce un calco a lo que dijo Dadá cuarenta años antes en Zurich, pero no hay que olvidar que la historia se repetía, el nuevo marxismo alcanzaba vigencia excepcional y las revoluciones fueron las protagonistas de los 60. Pero también conviene recordar a Duchamp “que-estás-en-los-cielos” quien se enfrentó a Dadá sosteniendo que la única manera de ser antiartista era absteniéndose de hacer arte. El tiempo le dio la razón. Cuando la mayoría de dadaístas había muerto, Sotheby’s ganó una millonada con la subasta de las obras de los que proclamaban la muerte del arte.

Hoy podrá lucir como una farsa de la historia, lo cual no fue así. Dadá y Fluxus fueron productos del contexto histórico en el cual se desarrollaron. Y si sus obras hoy tienen cotización incalculable puede deberse a que son más pedazos de historia que objetos de arte, tal como la tradición lo entiende.

Son innumerables las explicaciones sobre Fluxus y quizás todas sean válidas, personalmente prefiero a René Block, un hombre tan ligado a la Documenta, cuando sostenía que Fluxus nunca fue un gueto intelectual a pesar de que muchos se empeñaron en presentarlo así. Por ejemplo Vostel, para afianzar la idea de marginalidad a través del escándalo, pintó un cuadro de grandes dimensiones al que gratuitamente llamó “Los fluxistas son los judíos de la Historia del Arte”, título que fuera condenado por muchos para regocijo de su autor.

Ironías: Los hombres y mujeres que participaron en Dadá y Fluxus tienen un nicho privilegiado en la historia del arte del siglo XX, sus exposiciones son financiadas por grandes transnacionales y tienen lugar en los grandes panteones del mundo. Sin embargo, por lo menos, debemos reconocer que gracias a Fluxus conocimos mejor a Beuys, que a John Cage se le pudo querer más y que una de las arpías más notorias del siglo XX, Yoko Ono, se revelara tan aborrecible en persona como los productos que alguna vez logró que otros le hicieran.

 


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