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No sé qué habrá pretendido, o creído, el nipón fugado con la aventura de aparecerse en avión privado en Santiago de Chile. ¿Demostrar que sí puede? ¿Mostrar al mundo que no hay nada más parecido a un gigoló que él? –si es que en verdad el avión en el que llegó lo pagó su desdichada novia, como dicen. Porque finalmente ¿quién pagó el viaje? ¿Quién en el Perú puede darse el lujo de recorrer tanta distancia en avión privado? Lo que sí debo de reconocer es que soy un ingenuo de la patada, porque en el párrafo que le dediqué en la edición anterior dije una cosa tan tonta como ésta: “Es probable que lo que ha hecho le enajenará el apoyo nipón del que ha venido gozando con tanto desenfado”. ¡Yo sí que soy un caído del palto!: El Japón, por lo contrario, ha salido a apoyarlo y pedir trato favorable en su favor (¡qué negocios habrá hecho en ese país para que lo quieran tanto!). Claro que eso hace evidente que es ciudadano japonés y no peruano, porque de cuándo acá el país del Sol naciente va a solicitar lo mismo para un ciudadano peruano.



Pero Fujimori puede darse por satisfecho, porque ha obtenido una peliculina que no hubiera logrado ni siquiera invirtiendo todos sus ahorros –que deben ser cuantiosos. Pero no he leído en ninguna parte noticia alguna que le sea favorable, todos los diarios y noticieros lo vienen tratando desde un comienzo de dictador y corrupto.


¡Vergüenza para los peruanos que, al tanto de la operación, lo esperaban con habitación reservada y pagada en un hotel de súper lujo! Entre ellos Germán Kruger Espantoso, que ha creído con ello saldar la deuda que tenía con Fujimori por haberlo hecho elegir, con tremendo fraude, en la alcaldía de Miraflores, a la que llegó en compañía de Luis Bedoya de Vivanco.


Lo que me extraña es que nadie haya publicado un libro en el que figuren en forma ordenada todas las trapacerías de Fujimori, desde su paso por la Universidad Agraria, el regalo del predio Pampa Bonita, el engaño a los pobres evangelistas, a los que luego que votaron por él y le hicieron gratis la campaña les impidió el ingreso a Palacio, el secuestro de su desdichada mujer, su cómplice en esa mentira pública que le hizo a la prensa diciendo que no podía ofrecer una conferencia sobre su programa de gobierno porque se había intoxicado con bacalao, su negación reiterada que no iba a haber shock (¡y vaya que lo hubo!), etc., etc., etc., etc., etc. Pasando, claro, por el asesinato colectivo de Barrios Altos, el de La Cantuta y otros. Y la quiebra total y minuciosa de la Justicia, a la que sometió, el Poder Electoral, al que manejó a su antojo, el Parlamento, al que cerró (disolvió, como dijo, repitiéndolo con saña), las Fuerzas Armadas, las que desfilaron delante de su cómplice Montesinos con sello y lapicero en mano para firmar el acta de sujeción (método senderista ideado por Abimael Guzmán), y la casi derrota ante Ecuador. Todos esos periodistas que hoy se ufanan de haber investigado todos los pecados y faltas de Toledo, y que se declaran distantes del poder (con P mayúscula), ¿qué hicieron entonces? ¿Qué hacen ahora?


Todos tuvimos siempre una impresión maravillosa de Francia, una admiración por su cultura y su democracia, aún antes de visitar París y de conocer algunos de sus barrios no digo que deprimidos pero sí populares. Supe entonces que no todo París son los Champs Elysees, y eso se ha hecho hoy notorio gracias a la asonada que las zonas pobladas por inmigrantes (aunque pertenezcan a inmigraciones ya con muchos años en Francia), en las que la discriminación social y racial ha finalmente eclosionado en disturbios en los que predominan la cólera y el descontento. No era, ya lo suponíamos, oro todo lo que relucía. Francia va a tener que aprender de verdad, o de nuevo, la tolerancia y la igualdad, la libertad y la fraternidad que parecía que sus habitantes habían dejado sólo para el himno nacional. Nada justifica los desmanes, pero son en definitiva una campanada, una voz de alerta para este país maravilloso. Los marroquíes, los moros, los negros, los latinos, los pobres en definitiva, deberán ocupar el lugar que se merecen como seres humanos. Si no es así, y rápido, los coches seguirán ardiendo. Y luego sabe Dios qué más.


El sábado pasado hubo en Madrid una gigantesca manifestación en contra de la LOE (Ley Orgánica de Educación), impulsada por el gobierno socialista y a la que la jerarquía eclesiástica se opone frontalmente. Lo que quedó demostrado el sábado pasado en las calles de Madrid.

 


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