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No se puede hacer televisión sólo mirando al costado.

Canal Hortelano

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Panamericana ha institucionalizado una política consistente no en producir programas propios, originales, sino en funcionar en respuesta a las propuestas de otros canales. Es legítimo el rol de aguafiestas, pero de todas formas da pena, cuando se revisa un poco de historia, que dicha emisora se resigne a una función secundaria, reactiva, en vez de protagónica y propositiva. La situación legal del canal lo explica, pero no alcanza para quitar patetismo al momento. Y finalmente quien sufre es el espectador. Cada canal es libre de programar sus reposiciones a antojo, pero no al punto de tener que soportar al mismo elenco clonado, día a día, en horarios contiguos. ¿Quienes gustan de ‘Así es la Vida’ (que son muchos) querrán apreciar a los mismos actores en papeles muy similares de emisiones antiguas de ‘1000 Oficios’? El rating parece decir que no. Y los que no gustan de ‘Así es la Vida’ ven a perder un espacio estelar en detrimento de una niñada o, en el peor de los casos, de un manotazo de ahogado, la búsqueda de un colchón ajeno. Pasa lo mismo con la miniserie que se anuncia de Augusto Ferrando. La producción, inicialmente ofertada a Panamericana y luego aceptada por Frecuencia Latina, debe competir ahora con los documentales de Álamo Pérez-Luna sobre ‘Trampolín a la Fama’ que, no hace falta ser muy imaginativo por la premura con la que se han maquinado, se limitará a destapar los 30 años de archivos para llenar veinte programas de memorabilia. Y todo en prime-time, y en la misma hora en la que se transmitirá la ficción del Canal 2. Esto ya no tiene que ver con los méritos o deméritos que tendrá la producción de las hermanas Crousillat, ni sobre las posibles bondades del programa conducido por Pérez-Luna, sino que está referido a una política picona, que juega con la saturación, pobre de ideas y ahíta de hastío. No hace mucho pasó algo similar entre ambos canales respecto a los reality musicales ‘Pop tu Sueño’ y ‘Superstar’, que de igual forma se terminaron anulando entre sí, compartiendo exiguos ratings y concursantes hasta la desaparición. Por eso, más allá de la genuina capacidad de respuesta que debe tener Panamericana frente a los contenidos de la competencia, se le puede exigir al canal de GDP que deje de jugar como segundón en una fiesta en la que solía oficiar de rey. Ni los refritos ni las respuestas improvisadas podrán cambiar un imaginario ya formado en el que la ‘esquina de la televisión’ ha resignado sus ansias de liderazgo para pasar a ser comparsa, en el mejor de los casos. En el peor, perro del hortelano. Porque quien no come ni deja comer, sólo anhela propinas, condescendencia, migajas. (Jerónimo Pimentel)

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