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Tauromaquia Rejoneo abrió la puerta grande de Acho. Cartagena, triunfador, repite próximo domingo.

Caballazo Ferial

5 imágenes disponibles FOTOS 

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Portugués Diego Ventura pasó inverosímilmente entre toro y tablas. Su valentía quedó deslucida por la poca suerte con el rejón de muerte.

En el principio fueron las justas medievales. Dos caballeros se encerraban en un palenque y con lanza y escudo se acometían uno a otro hasta que el vencedor lograba derribar del caballo a su contendor. Recuerden el Ivanhoe de Walter Scott. Después de infinidad de muertes y a principios de la edad moderna el Papa prohíbe las justas por considerarlas ¿atentatorias a la condición humana? Entonces en España, que siempre estaba en pie de armas abriendo su imperio, no se resignan y sustituyen al toro fiero por el hombre. Ahí nace el toreo a caballo. Primero con lanza hasta que a finales del siglo XVI nacen los rejoneadores.

Mucho agua ha corrido por el río hasta encontrarnos con el espectáculo de rejoneo que acabamos de presenciar en Acho. De la brutalidad fiera del ayer a la maravilla artística de hoy. Para el buen aficionado, para aquel que le gusta el toreo hondo de los que torean a pie, el toreo a caballo es otra cosa. La distancia entre una sinfonía con la orquesta en primer plano y un ballet de gran movimiento con la orquesta en el foso. La garantía del espectáculo visual de la alta doma, ese ¿divertimento? constante, esas evoluciones, piruetas, corvetas y caracoleos de los centauros nos maravillan siempre y nos hacen gozar aunque el sentimiento más profundo y la emoción suprema nos la puedan deparar los de a pie, aunque no siempre. Entre el siempre y el no siempre está la cosa. La garantía del espectáculo queda asegurada por la calidad de los caballos y la excelente monta de los jinetes, aunque los toros no coadyuven al éxito.

Pero en este caso los cinco toros de Checayani de Wilfredo Macedo ayudaron a que nos divirtiéramos ampliamente hasta ese preciso instante en que el último de la tarde se lesionara la mano o pierna delantera para desgracia de Piraquive.

Andy Cartagena es un rejoneador segurísimo a la hora de matar. Mató como no he visto jamás matar a otro rejoneador a lo largo de mi vida. Dos rejones de muerte perfectamente señalados y dos toros patas arriba con muerte fulminante y espectacular. ¡Increíble! Precisamente es en el rejoneo cuando, tras la emoción suscitada por una monta espectacular, se da oreja tras dos o tres rejones de muerte o cuando el caballero desmonta y mata con prontitud. A nadie he visto matar de esa forma. Ni a Alvaro Domeq el patriarca, ni a Simao da Veiga ni a Joao Moura, etc., etc. Por ello sus tres orejas cortadas en la tarde me parecen muy merecidas. No tiene la acongojante espectacularidad de Hermoso de Mendoza pero lo hace todo con decencia y seguridad pasmosas. Se deja ver. Se enfrenta al toro. Acicatea al caballo. A seis metros de él se desvía hacia su derecha y quiebra inmediatamente hacia la izquierda clavando con acierto. Deja acariciar con el rabo del equino los cuernos del toro. Templa. Templa muy bien. Y puso un par de banderillas a dos manos a su segundo toro llevándose la ovación de la tarde. Gran triunfo de Andy Cartagena.

El portugués Diego Ventura tuvo momentos extraordinarios y muy emotivos, como aquella vez que pasó inverosímilmente entre el toro y las tablas. Pero no tiene esa regularidad pétrea e inamovible de Andy Cartagena ya que comete errores. A su primero le colocó un rejón excesivamente trasero que acabó cayendo y fue pifiado por el público. Levantó su faena en banderillas de forma increíble y las palmas echaban humo y lo perdió todo con un rejón de muerte atravesado que deslució toda su faena. Le puso un segundo rejón de efectos fulminantes a lo Andy Cartagena. A su segundo toro le hizo una faena del mismo corte que estropeó nuevamente con un pinchazo y un rejón de muerte defectuoso y traserillo que hizo que el toro tardara en morir y se silenciara su labor. En su haber está el arriesgar templando muchísimo y sobre todo el encimarse con el toro arriesgando todavía más. Quiebros superiores. Es muy valiente y llega a los tendidos.

El que el colombiano Jorge Piraquive fuese de constitución gruesa y tomara la alternativa a los treinta años no auguraba nada bueno. Pues nos equivocamos. Es un gran caballista y exhibió caballos de bandera maravillosamente entrenados. También demostró el saber entrar a la jurisdicción del toro con unos quiebros fantásticos y puso banderillas al violín de forma excelente. Es bueno este Piraquive. Lamentablemente tuvo la suerte de espaldas. Para empezar le tocó el garbanzo negro de la corrida, un toro de Aucallama tan manso y desentendido con el caballo que parecía tener ADN equino, como graciosamente señalaba un vecino de localidad. Parecía que el caballo fuera su hermano o su tío o su primo ya que no le importaba en absoluto, de tal manera que parecía que estaba pastando con él. ¡Un desastre! Este aucallama con el otro aucallama que le salió a Iván García en la anterior corrida son los peores y más ilidiables toros de la feria. ¡Ya está bien de aucallamas! Su segundo toro fue noble hasta que se lesionó, teniendo Piraquive que matarlo. Bailó con la más fea. Demostró calidad. Teniéndolo tan cerca podría ser factible en un futuro verlo en Acho, abriendo cualquier corrida de una terna de a pie. (El Marques de Valero de Palma)

 


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