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17/Nov/2005
 
 
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Tendencias Un gran número de mujeres se dedica a fabricar joyería y otros accesorios. Aquí, dos de ellas, Charo León y Mili Blume.

Empresa de Mujer

4 imágenes disponibles FOTOS 

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Charo León y una interesante variedad de delicadas joyas y novedosos accesorios.

Rodeada del colorido de sus diseños, siendo estos accesorios hechos con mostacillas, plumas, pieles y semillas selváticas, Charo León Amézaga (charoleonamezaga@yahoo.com) nos cuenta que si bien el fin de sus creaciones no es comercial, el propósito es el de generar empleo en lugares donde las poblaciones no son muy productivas. No por nada su currículo nos indica que la economía y las finanzas fluyen por sus venas. Washington, Nueva York y Madrid han sido sede de muchos años de su vida laboral. Regresó al Perú hace 8 años. En aquel entonces viajó mucho por el interior del país, sirviendo de consultora en temas turísticos para una empresa inglesa. Y quedó atrapada por la magia de la selva. “Siempre me pareció muy misteriosa la selva con su sabiduría no evidente, eso fue lo que me atrajo. Es el conocimiento latente que nosotros en Lima ni siquiera volteamos a mirar”, dice Charo.

Así fue como despertó en ella un afán por desarrollar algo, de ayudarlos a salir de una vida aceptada y codificada como tal. Una sociedad regida por la ley del mínimo esfuerzo. “El reto fue doble”, asegura. Primero tuvo que transformar la artesanía local en moda procurando que no perdiera su espíritu étnico y luego, lograr que las mujeres shipibo tuvieran fe en que su proyecto podía funcionar.

Actualmente Charo cuenta con la colaboración de 10 mujeres shipibo que traducen sus diseños y que son rigurosa y constantemente contrastados con las tendencias internacionales.

Su éxito ya ha trascendido fronteras. Alemania, Estados Unidos, Francia, Inglaterra, México y recientemente Barcelona son los destinos a donde sus productos han logrado llegar. Son finos, originales, lujosos y está en los planes de su creadora diversificarse en otras comunidades étnicas de nuestro país.

Por su parte, Mili Blume Cillóniz, administradora de empresas y durante un largo tiempo empleada de una empresa de cosmetología, decidió, en 1990 arriesgarse y abrirse paso en el mundo de la joyería. “Mi tema es meramente comercial –dice, pero esta creatividad la desarrollas, entrenas el ojo y al final yo hago lo que me gusta. Duermo pensando en diseños, vivo observando cuellos y manos, es algo que me entretiene mucho”.

Sus diseños son finos, prácticos y modernos. Emplea principalmente la plata y la combina con cuanta posibilidad hay, incluso con pequeños pedazos de botellas encontrados en la arena de las playas del sur. En su tienda “Mi” la plata se explaya, el color resalta y la gama de joyas va desde lo más serio hasta lo más divertido y juguetón. (Drusila Zileri)

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