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03/Nov/2005
 
 
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La exitosa actriz Gianella Neyra estuvo en Lima de visita profesional y llegó con su esposo, Segundo Cernadas.

¿Quién es el jefe?

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Ambos confiesan que aunque se divirtieron trabajando juntos, también pelearon de tanto verse las caras.

La felicidad se nota. Por eso Gianella Neyra está radiante y más segura que nunca. La actriz peruana radicada en Argentina estuvo de paso por Lima acompañada por su esposo, el actor argentino Segundo Cernadas. Vinieron juntos como protagonistas de la telenovela Bésame Tonto, estrenada esta semana. Ella actuando en una exitosa comedia y él comenzando a grabar una telenovela gaucha, son dos actores famosos y felizmente casados que se están dando el lujo de disfrutar de la vida. Con razón la entrevista fue, como los desayunos obligados de Gianella, relajada y cómoda.

–¿Qué es lo mejor de la fama?
Gianella: Los canjes. (Risas.)

Segundo: En lo primero en lo que se fija Gianella cuando va a firmar un contrato es en si le van a dar ropa.

Gianella: Bueno, después del personaje, obviamente.

Segundo: Como a toda mujer, a ella le cambia la cara cuando le dicen que le van a regalar unas prendas. Y yo le pregunto si sabe cuánto le van a pagar o cómo va a ser su personaje, y ella dice ‘sí, sí, sí, un poquito. Pero, ¿cuánta ropa me van a dar?’.

Gianella: No, un momentito. Por el personaje sí pregunto. Después va la ropa, y después el sueldo. (Risas.) Supongo que tienes un montón de gollerías por ser más conocido. Es muy cómodo. Creo que esa es una gran ventaja, que la gente se familiarice mucho contigo por verte en la televisión o en cualquier proyecto de ficción. Y te dejan pasar, te dejan la mesa, te dan la tarjeta del club preferente… (Risas.)

–¿Y lo peor?
Gianella: Lo mismo, ¿no?

Segundo: Creo que lo peor es a veces la falta de privacidad.

Gianella: Que todo el mundo te conozca, y de repente, no sé, estás deprimida y te quieres ir a sentar en el parque a pensar de tu vida, y te piden fotos y autógrafos. Y lo tienes que hacer, porque ellos no tienen por qué ganarse con tus problemas. Eso a veces cansa un poco.

–Por otro lado, hacer publicidad es generalmente algo que se hace para comenzar una carrera, pero tú has seguido promocionando algunos productos. Siendo una actriz ya afianzada, ¿dónde está lo interesante en ese trabajo?
Gianella: Son dos cosas. Primero, que cada vez que hago publicidades generalmente son acá, entonces me da la oportunidad de venir un fin de semana a mi país. Porque, bueno, si yo tuviera que pagarme todos los fines de semana que vengo porque se me antoja… Es verdad, por suerte desde que me fui cada par de meses ha salido alguna presentación, una publicidad, lo que sea, que me permitía estar con mi familia, comer rico, ver a mis amigos y salir a juerguearme. Y sí, era más o menos como el canje, no me importaba. Me decían, y yo venía.

Segundo: Claro. Como con la ropa, la publicidad son los pasajes.

Gianella: ¡Claro! Si me dan el día libre, yo vengo. Es un poco por eso. Y después porque me divierte mucho hacer fotos. Es como hacer un personaje que modela y se ve regia…

–Quizá recuerdas algo melancólicamente tus inicios como modelo…
Gianella: No, melancólicamente tampoco. Porque no lo viví como una profesión, y no es que la minimice ni mucho menos, sino porque yo era muy chiquita. Fue un juego, algo pasajero que era un medio para irme a estudiar lo que quería cuando fuera más grande. Quería estudiar biología marina en Chile, pero no sabía que iba a terminar siendo actriz. El caso es que me gusta hacer fotos y por eso también hago publicidad.

Segundo: Bueno, no hay que mentir… Hay que pensar en que es una zona comercial del actor que éste a veces aprovecha porque la verdad es que se le paga muy bien por hacer una publicidad. Pasa un poco por ahí, también.

–Cambiando de tema, ya tienen más de un año de casados… ¿Quién lava los platos?
Gianella: La lavadora de platos, una gran inversión. La pedimos para nuestro matrimonio.

Segundo: Porque yo, cuando la conocí, me dije que ahí sí íbamos a tener un problema… (Risas.)

Gianella: ¡Qué feo eso! (Risas.) Sí, bueno, yo ama de casa estrella no soy. Una cosa es cocinarle a alguien que quieres para agasajarlo, y otra pensar en que tengo que salir de trabajar porque tengo que ir al supermercado para comprar los tomates… No. Imagino que cuando tenga hijos lo voy a querer hacer, pero una cosa es querer y otra tener que. Y espero poder tener la posibilidad de decidir. Si no, le doy con el látigo. (Risas.)

–En una entrevista anterior dijiste que en el fondo las mujeres juegan a ser independientes cuando en realidad lo que quieren es que las cuiden. Pero cuesta creer que estás jugando a la independiente…
Gianella: Lo que pasa es que el significado de independencia que yo tenía tan marcado en la cabeza fue mutando mucho. Supongo que cuando eres más chica, cuando estás en la época de bandera roja en tu casa, piensas en que te vas a ir y eres independiente y eres malísima y no vas a ser ama de casa y no le vas a cocinar a nadie… Yo veía las cosas así: ‘esta es mi vida, esto es lo que yo quiero, y a quien le venga bien y a quien no, no’. Y después con el tiempo, cuando conoces a alguien que realmente quieres en tu vida porque de verdad te la hace mejor, tus prioridades cambian. Y eso fue lo que me pasó. Descubrí que no era tan necesario, y que no ganaba tanto simplemente diciendo ‘No’. Que al contrario, perdía a una persona que me hacía más grande.

Segundo: ¿Entonces ese mérito me lo gano yo?

Gianella: No, yo por pensar así. (Risas.)

Segundo: ¡Después no digas que no me tire para abajo!

Gianella: Yo aprendí un montón. Aprendí a dejarme querer y a no tener miedo de ceder y de negociar un poco. Y eso tampoco es tan terrible porque después te ganas muchos abracitos y eso está muy bueno… Además yo sigo trabajando, teniendo mis metas personales y siendo quien soy. Pero hay un término medio en el cual yo pongo un poquito y él un poquito para podernos encontrar.

–¿Sigues escribiendo poemas?
Gianella: No. No sé si vuelva en algún momento de mi vida… Pero no, fue más un tema de adolescencia que de otra cosa. Era lo que hacía para desahogarme de mis conflictos adolescentes.

–¿Y hay algo que haces ahora para desahogarte de tus conflictos adultos?
Segundo: Me pega bastante.

Gianella: (Risas.) Lo maltrato. Le pego con la escoba. (Risas.) ¿Qué hago? Canto. Aunque no parezca, descubrí que es un gran método de desfogue.

Segundo: Canta muy bien.

Gianella: Él es mi representante…

Segundo: No, en serio lo digo. Porque nunca lo muestra, le da mucha vergüenza, pero canta realmente muy bien.

Gianella: Mañana estoy lanzando mi disco en… (Risas.)

Segundo: Yo creo que ella realmente podría hacer algo en serio con la música.

Gianella: Bueno, por eso es mi marido, porque me apoya en mis locuras más grandes. El tema es que descubrí una disciplina que me relaja mucho, que es muy meditativa aunque no parezca.

Segundo: Cada vez que viene a Lima…

Gianella: …voy a un karaoke. Grito como loca.

–¿Y qué disfrutan hacer juntos?
Gianella: Nada… (Risas.) Las películas mucho, que ya es como una adicción. Es grave. Vemos muchas, muchas películas. Alquilamos como una diaria. También timbeamos. A los dos nos gusta mucho.

Segundo: Ella ha llevado muchos juegos para allá. Telefunken, golpe…

Gianella: Sí, somos muy timberos. Nos divierte mucho. A veces jugamos solos, y apostamos entre los dos. Mal negocio, ¡porque es lo mismo! Pero bueno.

Segundo: Me está haciendo pobre… Me ha sacado toda la plata.

Gianella: Claro, apostamos, ¡como tiene que ser! Tenemos fichitas, todo.

Segundo: Y si no, apostamos que el que gana elige el plan de la noche…

Gianella: O a dónde iremos a comer el fin de semana…

–Gianella, ¿todavía sueñas con ir en barco a la luna?
Gianella: (Risas.) Con eso me refería, en mis años adolescentes, a mi idealismo y a mis sueños de que todo es posible…

Segundo: Eso no me lo contaste… ¡Si no, no sé si firmaba! (Risas.) Ella es una gran, gran idealista. Y eso es muy lindo…

Gianella: Lo sigo siendo, y sigo defendiendo que cada quien tiene que creer en lo que quiera, subirse al barco que quiera e irse a la luna que quiera. Totalmente. Si no le haces daño a nadie y quieres creer que los chanchos vuelan, pues vuelan. Y yo te voy a decir que vuelan, no hay ningún problema.

–¿Con qué más sueñas?
Gianella: Con llegar a viejita en paz.

Segundo: ¿Y con ir en lancha a Marte?

Gianella: (Risas.) Con llegar a viejita en paz, sabiendo que viví, que aproveché, que fui feliz dentro de las posibilidades que me dio la vida. Y con la persona que he elegido obviamente. Podernos agarrar de la mano y decir suspirando: ‘¿qué lindo lo que hicimos, no viejito?’ Eso sueño.

–¿Ahora eres feliz?
Gianella: Sí. Hay un montón de cosas que quisiera hacer, que me faltan y que no sé si me va a alcanzar la vida. Pero sí, creo que he tenido mucha suerte y estoy muy agradecida con la vida.

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