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Recuerdos de Gladys Zender de Meier: hace 48 años fue elegida la mujer más bella del Universo.

Gladys Zender: Eternamente Bella

9 imágenes disponibles FOTOS 

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Gladys acaba de cumplir 66 años plenos de vida. Se confiesa una mujer feliz y agradecida.

Gladys Zender quería estudiar medicina. En eso pensaba cuando iba de su casa en Miraflores al centro de Lima a tomar sus clases de ballet o cuando, con la zurda, hacía uno de esos mates que la llevaron a formar parte del seleccionado nacional juvenil de voley. Pero se acercaba el verano de 1957, ella acababa de terminar la secundaria en el colegio Santa Ursula y había que aprovechar los días de calor. Le encantó que la nombraran reina de los carnavales miraflorinos, lo disfrutó y se divirtió mucho. Nada más. Pensó que allí terminaría todo. No, no había terminado nada. Justo después del reinado, Leonel, el modisto que convocaba a las chicas más lindas de Lima para participar en desfiles de modas, la llamó para que modelara. “Lo había hecho antes y me gustaba mucho”. Y claro, sus fotos del desfile y las del reinado llegaron a manos de los organizadores del concurso de Miss Perú. Pronto, su casa se convirtió en una suerte de establecimiento público al que asistían diariamente una retahíla de personas para convencerla de que sea candidata. “Yo decía que no y que no pero todo el mundo insistía e insistía, hasta que ya, por cansancio dije que sí. La verdad es que siempre sentí como que me empujaron un poco. No me arrepiento, sin embargo”, dice Gladys.

El hecho es que ganó la corona de Miss Perú e inmediatamente tuvo que viajar a Long Beach (California). La esperaba el concurso para elegir a la mujer más bella del planeta. La acompañaron sus padres Rosa y Eduardo y Anita La Guardia –“todos tenemos una tía novelera, pues ella lo era, durante mucho tiempo se le conoció como la ‘tía Miss Universo’, era tan graciosa”-.

En Long Beach, Gladys quedó sorprendida por la cantidad de chicas norteamericanas, europeas y latinas, todas ellas “apoteósicas” y se dijo “esto pasará muy rápido”. No, no pasaría tan rápido. Primero la eligieron entre las quince finalistas, después entre las cinco y a las pocas horas, casi sin darse cuenta, le quitaban la banda roja y blanca para colocarle una dorada en la que, incrédula, leyó: “Miss Universe”. Lo más gracioso, según ella, era que todos los que miraban el concurso por televisión se enteraron de que ella era la ganadora. El público todavía no sabía nada.

El Llanto y la Incertidumbre

Una vez elegida Miss Universo Gladys lloró y lloró como nunca en su vida. “Incontrolablemente”. Le costó algunos minutos detenerse y ya, a salir a desfilar y a que el público asistente al espectáculo se enterara de que ella era la ganadora. “Aparecí sonriente y tranquila pero apenas ví a toda esa gente otra vez me eché a llorar”. Así avanzó por la pasarela. Solo se detuvo un ratito para saludar al jurado, se agachó y a uno de ellos le sacó el pañuelo blanco que llevaba en el bolsillo. Con él en la mano siguió llorando y caminando. Al día siguiente le dijeron que no se mueva de su habitación. Incomunicada. El 19 de julio de 1957, día de la elección, Gladys Zender tenía 17 años y ese resultó un problema. “Entonces comenzaron los rumores: Miss Universo tenía que tener 18. Yo solo me enteraba de algunos detalles por las noticias que aparecían en la televisión. Después supe que la deliberación de organizadores y jurados respecto a que si yo debía mantener el título o éste debía pasar a la segunda finalista Miss Brasil, fue larga y complicada. Llamaron al Perú, al embajador en Washington que era Fernando Berckemeyer. La cosa es que finalmente decidieron que como en realidad tenía 17 años y 9 meses no habría ningún problema”. Esa noche se realizó su coronación. John Wayne, casado con la peruana Pilar Pallete, le mandó un ramo de rosas.

Retorno Triunfal

Gladys regresó a Lima vía Talara. Allí la esperaba un avión de Faucett, lleno de flores, sus hermanos, tíos, primos y muchos periodistas. “Hasta ahora no puedo olvidar la cantidad enorme de gente que me esperaba en el aeropuerto de Corpac. Las calles estaban repletas, todo el mundo me saludaba y aplaudía. Lo cierto es que me sentí muy halagada”. Después recibir de un homenaje en la Municipalidad de Lima, Gladys fue agasajada en Palacio de Gobierno por el presidente Manuel Prado. “Mi gira oficial comenzó en setiembre, estuve en Colombia, Santiago de Chile, Buenos Aires, Montevideo y Brasil. Era otras épocas y creo que todo era más relajado que ahora, todos me podían tomar fotos y no tenía compromisos específicos con ninguna firma o empresa. La pasé de maravillas. Además, en cada país me esperaban casi como a una reina de verdad, con patrulleros, motocicletas con banderitas y un automóvil descubierto desde el que hacía adiós”. No era para menos, Gladys Zender fue la primera latinoamericana coronada como Miss Universo. “Todos los presidentes me recibían, me regalaban orquídeas, joyas, las principales tiendas me obsequiaban regalos. Las personas han sido muy buenas conmigo. Hasta ahora, cuando salgo a la calle me saludan con cariño. Estoy tan agradecida”.

En efecto, Gladys Zender ha sido y es muy querida y admirada. No puede olvidar, por ejemplo, cuando Nat King Cole, en Las Vegas le dedicó “Unforggetable”, cuando el dueño de la Joyería Richiardi en Buenos Aires le pidió que eligiera la joya que más le gustara y ella escogió la más chiquita –un pajarito de oro con el pico de rubí–, o cuando se hizo amiga de Juan Carlos antes de que asumiera el trono de España. Hasta hoy, Gladys viaja a diversos lugares invitada ya sea a eventos benéficos, a ser jurado de concurso o a programas como los de Susana Jiménez o Cristina Saralegui.

El Amor de su Vida

Que durante y después de su reinado los galanes, las proposiciones matrimoniales y las cartas de amor le llovieron, es verdad. Pero Gladys, pese a que le encantaba salir y divertirse, no era muy enamoradiza. Hasta que conoció a Antonio Meier.

Fue en 1965. Una amiga la “obligó” a que la acompañara a un matrimonio. “Solo un ratito”, le dijo Gladys. Esa amiga le presentó a Antonio. “Bailé con él toda la noche y nunca más nos dejamos de ver”. Según Gladys su matrimonio es maravilloso: “Toño y yo vamos a misa de la mano, al cine de la mano, dormimos de la mano, somos muy dichosos”. Sus cuatro hijos, Sibylle de 39, Karina de 37, Antonio de 36 y Christian de 35 les han dado 10 nietos. “Mi relación con mis hijos es muy estrecha, todos los días los veo o hablo con ellos por teléfono. Christian, que está en Colombia, no deja de llamarme un solo día”. Gladys cumplió 66 años el pasado miércoles 19. No hace ejercicios ni se ha sometido a ninguna cirugía. De vez en cuando una dieta para no subir de peso. Se mantiene ocupada pintando, haciendo joyas o cerámica. ¿Cuál es su secreto para verse tan bien, tan espléndida? Muy simple: es feliz. (Escribe Teresina Muñoz-Nájar / Fotos Víctor Ch. Vargas)

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