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Edición 1895

13/Oct/2005
 
 
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El guapo y decidido productor de Un Día sin Sexo se dedica de lleno a una de sus muchas facetas: la de cineasta.

Fabrizio Aguilar: Naturaleza Salvaje

7 imágenes disponibles FOTOS 

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Fabrizio se prepara para el estreno este 20 de octubre de la película que produjo con la experiencia que le dio Paloma de Papel.

Si no fuera porque condujo El Desafio del Inca, sus admiradoras extrañarían la imagen de Fabrizio Aguilar en pantallas o escenarios. Y aunque en Un Día sin Sexo tiene una escena de pocos minutos, desde hace algunos años se dedica casi exclusivamente a lo que siempre quiso hacer: cine. Si no dirige la película, la produce, como ha hecho con el primer largometraje de Frank Pérez Garland. Fabrizio Aguilar, director de Paloma de Papel (film de buena acogida en festivales internacionales), actor –y galán– de teatro y telenovelas y cineasta de corazón ya tiene en mente más de una película futura, y está decidido a elevar el nivel de la industria cinematográfica nacional aunque eso signifique enfrentarse a una larga serie de obstáculos.

–¿Cómo descubres tu inclinación por el cine?
–Mi padre estudió cine en Italia. Toda mi infancia y adolescencia él ejercía acá, hacía publicidad, era realizador de comerciales para televisión. Yo siempre participaba detrás de cámara. Después, cuando ya comienzo a pensar en qué voy a hacer de mi vida, entre las posibilidades que tenía estaba la de dirigir películas. En ese momento ser director de cine era como ser astronauta, rarísimo. Ahora creo que las nuevas generaciones pueden pensar que es factible hacerlo. El hecho es que estudié ciencias de la comunicación en la universidad, y decidí hacer mi primer cortometraje: ‘La Cuerda Floja’.

–Y una vez terminado ese primer corto…
–Me la creí. (Risas.) Dije ‘es posible, no soy tan malo’. Mi corto no es ninguna genialidad, tiene muchos defectos, es un primer trabajo. Pero pensé que podía seguir trabajando, investigando y creando algunas cosas. Y entonces decidí que después de ese corto iba a hacer un largo, tenía entre 23 y 25 años, y me dije que antes de los 30 iba a hacer mi película. Se escribió un guión que tenía muchas deficiencias, y después ya se escribió Paloma de Papel. Postulé a Conacine, me dieron el 3er premio y fue el primer arranque. Ya tenía 28 años, estaba cerca de los 30, y me decía ‘ya tengo que filmar’. Finalmente estrené la película más o menos a los 30. Cumplí esa meta. Y hace un año y medio comienzo a pensar en que quería hacer otro proyecto, hasta que aparece Frank (Pérez Garland) y me pide producir su película.

–¿La producción es una pesadilla?
–Es un trabajo muy especial. Es muy duro, y te golpea mucho porque el productor general lo que hace es conseguir la plata para la película. Y ese es un trabajo bastante pesado, sobre todo cuando no hay recursos, no hay una ley… Entonces hay que inventarnos de nuevo para que la gente crea en nosotros. Y eso es lo que hicimos, más o menos. Es bastante tedioso porque tocas puertas, te las cierran… Más o menos hice lo mismo con Paloma de Papel. Pero al hacer un trabajo para un proyecto que inicialmente no era mío fue duro darle toda mi energía. Después creí en la propuesta, me metí de lleno, armamos un concepto para vender la película y así fuimos consiguiendo a los auspiciadores.

–Finalmente hay un riesgo al ofrecer tu nombre como productor después del éxito que tuviste como director de Paloma de Papel, un proyecto propio…
–Sí, claro. Yo hablé con Frank y le dije: ‘o hacemos una buena película o no hacemos nada’. (Risas.) Yo no quería, de verdad tenía miedo a meterme en un proyecto que no saliera bien. Yo venía con una buena estrella. Y la idea es tratar de hacer buenos proyectos siempre, o que tengan un buen resultado, ¿no? Pero yo confío en él e hice que al final ‘Un Día sin Sexo’ sea también mi proyecto.

–¿Cuáles son tus expectativas con el film?
–Que esté bien considerado, que sea bueno, que la crítica hable bien de él. Y principalmente que el público responda.

–En la película tienes una corta aparición junto a Melania Urbina. ¿Hay algo de nervios al hacer una escena romántica cuando te dirige el esposo de una actriz que además es tu ex enamorada?
–¡No! (Risas.) Para nada. Yo soy muy amigo de Frank y de Melania, con ella hemos trabajado antes juntos. Estaba así planteado, teníamos que hacer un beso, y Frank me incentivaba a que mi beso sea más fuerte porque él quería ver más pasión. Entonces nada, se hace. Normal. De hecho, tal vez en un ratito habré pensado ‘¡está loco!’. (Risas.) Pero es trabajo y somos profesionales.

–En una entrevista dijiste que el cine peruano no es solo bueno, sino genial…
–¿Adónde? ¿Yo he dicho eso? No hay que creerles a todos los periodistas. Creo que es totalmente exagerado. Todavía estamos camino a tener un buen cine peruano, aún no se ha hecho la película que sea representativa mundialmente. Se han hecho buenos esfuerzos, como pueden ser Ojos que no Ven, Pantaleón y las Visitadoras, No se lo Digas a Nadie, La Ciudad y los Perros, Días de Santiago y Paloma de Papel, que son películas que han logrado salir de las fronteras, ganar premios internacionales. Pero nada más. Todavía no hay un prestigio del cine peruano en el mundo. Y ese es un tema que tampoco depende ya de nosotros como cineastas. Porque hacemos nuestros propios esfuerzos, pero falta un desarrollo cultural. Cuando se haga eso habrá muchos cineastas, y entre ellos habrá quien haga un cine genial. ¿Cuántos cineastas hay actualmente? No más de diez, entre los pocos jóvenes que hemos salido y los mayores que han hecho cine toda su vida. No podemos esperar que, con diez realizadores, de los cuales con suerte podemos tener cuatro películas en un año, esas cuatro sean buenas.

–¿Qué papel juegan los críticos en todo esto?
–El problema de los críticos es que siempre esperan que hagamos lo mejor. Y si no se cubren sus expectativas entonces somos malos, mediocres.

–Entonces, si se puede generalizar, ¿la actitud de la crítica es actualmente más destructiva que constructiva?
–Si se puede generalizar, sí. Pero hay críticos y críticos. Están los que detestan el cine peruano y lo detestarán toda su vida. Pero esa ya es la típica historia del peruano que se destruye a sí mismo. Y hay críticos que ven un poco más el análisis, el lenguaje, y tratan de ver algo más allá. Entonces hay de todo, y esto pasa en cualquier parte del mundo. Pero claro, como somos tan pocos y hacemos tan poco cine de hecho nos duele que nos tiren de golpes, ¿no? Pero es normal.

–Además de cineasta, eres actor. ¿Llegaste a eso de casualidad?
–No. Me venían las dos cosas a la vez. Veía a mi madre en televisión y teatro y me decía que yo también podía hacerlo, que me gustaría. A los 17 años me metí a un taller, después a otros… Y de repente llegó una primera opción para trabajar en televisión, una secuencia del programa De Dos a Cuatro… Me sentía incómodo, era raro, pero ahí comencé a probar y me daban pelota. Después salieron las telenovelas, pude incursionar en teatro…

–Y hace poco fuiste el conductor del reality El Desafío del Inca, que entre otras cosas fue criticado porque los concursantes se comieron una llama. ¿En algún momento sentiste que te estaban arruinando la imagen?
–No. Comenzamos a hacer el programa algunos meses antes de que este salga al aire, y yo sabía qué cosas pasaban. Ahora, no siempre se creyó que lo que sucedía era real, y sí lo era. Si los chicos tenían hambre, tenían hambre. Y si querían comerse a la llama se la podían comer, estaba ahí. Nadie iba a pararlos o a decirles ‘háganlo’. La llama estuvo ahí para los cuatro grupos desde un inicio. Evidentemente es un acto muy cruel, duro de ver. La crítica estaría más bien en haber mostrado las imágenes, porque los chicos tenían hambre, y ese era el juego. Eso es un reality. Y hay peores cosas. Yo la pasé bien, no tengo quejas. Y no creo que lo que hice haya dañado en algo mi trabajo como director, es una faceta distinta que probé y no me arrepiento. Fue una buena chamba.

–¿Tienes una película peruana favorita?
–Sí, claro. Paloma de Papel. (Risas). (Entrevista Romina Massa / Fotos Gilmar Perez)

Fotogramas Biográficos

1973: Nace Fabrizio Aguilar Boschetti.
1997: Graba La Cuerda Floja, su primer cortometraje.
2003: Estrena Paloma de Papel, su ópera prima.
2005: Conduce El Desafio del Inca, produce y estrena la película Un Día sin Sexo.

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