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29/Set/2005
 
 
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¡Que farsa es ese simulacro de elecciones en el Partido Aprista Peruano que supuestamente va a decidir si Alan García será o no su candidato en el 2006! ¿Piensan que el resto de los ciudadanos peruanos se chupan el dedo y que no saben que no hay otro candidato posible en ese partido absolutamente vertical? ¡Vamos, compañeros, basta de jugar a la democracia!



El equipo peruano de fútbol fue rápidamente expectorado del campeonato que se organizó en el Perú. Perdió todos sus partidos. ¿A qué masoquista se le ocurrió ese Mundial Sub 17 que humilla a todos los peruanos? Evidentemente en el deporte peruano no existe autoridad, ni autoestima.


Los últimos días de vacaciones nos fuimos a Marrakech, ciudad principal de Marruecos, para encontrarnos cara a cara con un reflejo del Perú. Es decir los mismos taxis destartalados, el mismo desorden callejero e idéntico tumulto, pero con casi 48º de calor, eso sí. Ciudad fascinante porque además de hoteles cinco estrellas casi en cantidad, tiene también barrios enteros que constituyen un mundo en el que las sensaciones se agolpan y la vida late tremendamente. Adentrarse en las callejuelas de su Medina, en el Zoco, es como penetrar en los meandros de la humanidad más primitiva y singular. En callejuelas de menos de dos metros de ancho, el espacio lo comparten los turistas con los vendedores, que están por todas partes, las bicicletas, las motos y las carretas tiradas por mulos. Es como adentrarse en un Tacora mucho más multicolor que el nuestro, en una Parada multinacional, en un circo de colores, en la salida de un U-Alianza. La Medina, el Zoco de Marrakech es un conglomerado multicolor en el que parece acechar todo y en el que, al final, solo hay vendedores de toda clase de mercancías que a alguien se le pueda ocurrir. Pero la gran diferencia de cualquier calle que circunde el Mercado Central de Lima, la Parada o Tacora es que en Marrakech uno puede andar tranquilo, nadie va a arrebatarles la cartera a los turistas, por más que motos, ciclistas y carretas tiradas por burros pasen raspándolo a uno. En ese mar de gente y de vendedores nadie rapiña lo ajeno. ¡Gran diferencia! Esto atrae al turista, que puede caminar tranquilo sin ser atracado a cada instante, como ocurre entre nosotros.


Espectáculo aparte es la plaza Djernaa el Fna, que aún antes de llegar a ella ya se anuncia con su monumental ruido compuesto por orquestas nativas, músicos callejeros, vendedores a viva voz, además de encantadores de culebras (que a uno se las enroscan al cuello sin que nadie muera en el intento), de platos de caracoles por millares, acróbatas y charlatanes que nadie entiende, aparte del sonido de las flautas y otros instrumentos que hacen la noche de los turistas en la plaza más fascinante del mundo. Sólo la Fna (la plaza) amerita un viaje a Marrakech, pero hay que ir a ella en la noche, que es cuando los tambores, los músicos y los vendedores ambulantes saturan el aire de sonidos y de olores. Allí cerca se yergue la silueta de la mezquita Koutoubia, quizá el faro que hace respetar la integridad de los turistas y sus bolsillos, saqueados solamente cuando transan en una compra. Maravilloso y cautivante Marrakech, aún en pleno y sofocante verano.


Estaba en deuda con la Pontificia Universidad Católica, mi otra alma mater, aparte de mi vieja admiración por San Marcos. Es que tenía que agradecer el envío de un valioso contingente de libros pertenecientes a la colección El Manantial Oculto que dirige y edita desde hace años (desde hace nada menos que 50 volúmenes) Ricardo Silva-Santisteban, que me han venido llegando por gentileza de su actual Rector, Luis Guzmán-Barrón, como antes de Salomón Lerner Febres. Son libros valiosos, como Poemas de Georg Trakl, en traducción y con prólogo de Aldo Pellegrini, Las Erinias, de Leconte de Lisle, traducción de Enrique Banchs y Aurelia o El sueño y la vida, de Gérard de Nerval, en traducción de Ricardo Silva-Santisteban. Son libros de gran calidad por su contenido y por su presentación, que honran mi biblioteca y que, dicho sea de paso, han merecido una nota mayor publicada en Babelia, el suplemento literario del diario “El País”, que destaca la calidad de El Manantial Oculto y la labor de Ricardo Silva-Santisteban. No importa que mi biblioteca, carente de espacio, ya no dé sitio para más. Libros como esos serán siempre bienvenidos. Aparte de que no pude abstenerme de comprar el primer volumen de obras completas de Pablo Neruda que ha salido a la venta en España al irrisorio precio de dos euros. En casa se quejan, pero uno no puede con su genio.

 


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