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29/Set/2005
 
 
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Si el trabajo se escapa de control pronto sobrevendrá el infarto. La fatiga crónica como factor de riesgo coronario.

Semana del Corazón El Palpito del Estrés

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Un jefe que no grita pero que tortura emocionalmente, un trabajo repetitivo o frustrante, la impaciencia frecuente, una profesión que desgasta física y psicológicamente, los desequilibrios entre el esfuerzo y sueldo, la falta de reconocimiento, un matrimonio en constante hostilidad, son situaciones que según los especialistas pueden doblar las posibilidades de morir por una enfermedad coronaria.

Y es que frente a un entorno adverso el organismo se siente amenazado y reacciona preparándose constantemente para enfrentar el ataque, aumenta el latido cardiaco, la presión sanguínea y toda la sangre se deriva a los músculos alistándolos para luchar o huir ante el peligro. “Esta respuesta se genera una y otra vez pero como no se ejecuta a la larga puede llevar a muerte súbita o infarto”, explica el doctor Rodolfo Rojas Cañamero, cardiólogo intervencionista de la Clínica Javier Prado.

En efecto, una investigación, publicada en ‘Psychosomatic Medicine’, revista de la Sociedad Psicosomática Norteamericana, ha logrado determinar la manera en que el estrés enferma al corazón (ver cuadro) distinguiendo los factores de riesgo psicológicos crónicos, episódicos (en un lapso de meses a 2 años) y, desencadenantes como la actividad mental intensa y el mal humor que provocan una reacción psicológica de importantes efectos cardíacos.

En los últimos años los científicos han enfocado sus estudios en los desequilibrios que pueden causar al corazón los entornos laborales tensos, derrumbando el mito de que el estrés sólo afecta a los ejecutivos.

Todo profesional que responda al perfil de estos líderes (perfeccionista, impaciente, egocéntrico, ambicioso, activo) es más sensible al estrés al igual que las personas ansiosas, introvertidas, o inflexibles.

También existen profesiones que en sí mismas generan mucha inestabilidad y ansiedad. Entre ellas el controlador aéreo ocupa el primer lugar. “El tener en las manos la vida de 200 a 300 personas que van en un avión hace que exista mucha presión”, explica Freddy Zacarías Acosta, jefe de los servicios de tránsito aéreo de CORPAC. De allí que estos profesionales que manejan unas 20 aeronaves por hora, deben tomar breves descansos cada dos horas para liberar tensiones. A partir de los 40 años pasan un examen psicofísico anual pero si presentan sobrepeso, hipertensión o cualquier otra anomalía el lapso para el chequeo se reduce a 6 meses.

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Otros que están en la lista son los encargados de la atención al cliente. La presión se eleva porque están pendientes de lo que les dicen, sobre todo si son quejas y reclamos que hay que solucionar o responder de inmediato. Siguen los policías y responsables de seguridad que están en alerta permanente o haciendo tareas tan poco agradecidas como dirigir el tránsito o perseguir delincuentes. Para los médicos, enfermeras, asistentes sociales y profesores se ha creado el concepto ‘síndrome del quemado’ porque su nivel de entrega emocional con las personas a las que sirven es tan elevado que los lleva al estrés crónico y puede incapacitarlos para seguir ejerciendo.

En realidad en estos tiempos de dificultades económicas y sociales parecería que cualquier profesión está en el punto de mira del estrés, sin embargo, el doctor Rojas Cañamero va más allá. “Aquí hay una responsabilidad de todos. De la persona que debe conocer su límite de tolerancia y de las instituciones que tienen que asumir la parte que les toca. Estamos acostumbrados a descargar la responsabilidad sobre los individuos y no sobre las instituciones. Si se cae un avión, el controlador falló, si se muere el paciente, el médico falló, sin embargo hay alrededor todo un sistema que muchas veces no funciona o no da los elementos para un trabajo adecuado. Estos temas ya se debaten en Europa y las empresas han comenzado a considerar a su trabajador como su activo más valioso aplicando medidas que lo protegen del estrés”.

Desde 1999 los investigadores han tomado tanto interés en los efectos perjudiciales del estrés crónico que vislumbran que en un futuro cercano se creará la especialidad de cardiopsicología dedicada a modificar el ambiente emocional de los pacientes.

Y es que la fatiga no solo incrementa la mortalidad cardiovascular sino que además puede llevar a la depresión, aumentar los índices de colesterol y de masa corporal.

Antes de que eso suceda, cualquier empleado puede paliar y prevenir el estrés reconociendo cuándo la tensión es buena y cuándo lo está perjudicando. La vida, dicen los especialistas, tiene que tener estrés como el café con leche azúcar pero no al grado de causar daño. Lo mejor es exteriorizar las emociones, si siente tristeza exprésela, si va a una fiesta diviértase pero si va a reunión solemne no salte como un loco. De lo que se trata, dice el doctor Rojas Cañamero, es de relacionarse adecuadamente, de mantenerse en el punto medio que no es el centro sino en el estrés del equilibrista: un ratito aquí, otro allá. (Ruth Lozada)

 


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