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O sea, las Ambivalencias con el TLC

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Qué bestia, chola, hacía años que no nos reuníamos todos los primos Cillóniz, Peschiera, Tudela, Masías, Málaga, Elías y Rizo Patrón, hasta que Maripé Peschiera decidió celebrar su santo en la hacienda de Ica y la verdad, estuvo regio, de lo más José Antonio, José Antonio, por qué me dejaste así, yo sé que tú me entiendes. Pucha, comimos regio, porque como ya pasó de moda la tragazón a lo bruto, pucha, Maripé mandó hacer una pachamanca light, la verdad que espectacular. El pisco de chacra, pucha, como siempre lo mejor, yo adooooro las cosas que no tienen marca, por eso al cholo Toledo no lo soporto; sé que no tiene nada que ver pero qué chu.

Bueno, hasta ahí todo regio, hicimos una cabalgata en los caballos de los Elías que te lo juro, o sea, nos hizo acordar a cuando todo era felicidad, tanto que Chupín Cillóniz – que ya estaba medio pasadón de tragos, la verdad– en un momento levantó el jipijapa del tío José Emilio y gritó: “¡Acá no ha pasado nada, Velasco todavía no ha nacido, carajo!”, y todo el mundo se puso a cantar el Payandé con entonación de negros esclavos, no sabes la nostalgia.

Hija, el follón vino con el almuerzo, y lo comenzó Mariamá Málaga, que desde el colegio era famosa por metepatas, no sabes. Estábamos ahí de lo más bien, cuando suelta la siguiente huevada: “qué pena, con lo bonito que está todo, y resulta que el TLC a los productores de algodón nos va a dejar en la miseria”. Chola, qué mal gusto, ¿no?, introducir un elemento de la realidad más pedestre cuando una está llevándose a la boca un trozo de lechón reducido a la ciboulette con guarnición de tamalito amarillo acaramelado en baño de teja de Subtanjalla con culís de tángelo marinado en infusión de macadamias de El Carmen. El maridete de Mariamá se atragantó con el lechón, hija, y casi se lo traen de vuelta a Lima, porque él es un Fernández Stoll y cómo te explico, o sea, está tratando de reciclar sus laboratorios farmacéuticos en fábricas de ron Cartavio, porque ya sabe que si el Perú firma el TLC, qué quieres que te diga, misma reforma agraria siglo XXI, yo sé que tú me entiendes.

No sabes, chola, lo que hasta el momento había sido un sencillito y amistoso almuerzo familiar, pucha, se convirtió en una asamblea del sindicato de construcción civil, solo faltaban los palos y los gases lacrimógenos (aunque si de gases se trataba, pucha, Dimanche Elías ya se había soltado varios cuescos y juraba que nadie se daba cuenta). Pero bueno, por un lado, o sea, todos estaban de acuerdo en que el TLC iba a ser a nosotros lo que la guillotina fue a los Luises, más o menos. Pero hija, por otra parte, ¿cómo hacer para que nuestro punto de vista no se terminara confundiendo con el de Valentín Pacho, el de los Humala, el de Gustavo Espinoza y (aunque eso sería menos grave), el de nuestro primo Javier Diez Canseco? O dicho más claro, hija, ¿se puede estar de acuerdo en algo con la peonada de las haciendas? Mira, yo no digo que eso en sí sea malo, lo que pasa es que es todo un experimento, y en el Perú ya vemos los resultados de tantos años de experimentaciones, aunque de repente sale regio y tú qué sabes. Pero bueno, esa era mi opción ideológica, y tú sabes lo liberal y moderna que siempre termino siendo; pero chola, no se puede decir lo mismo de Riri Rizo Patrón, por ejemplo, para quien la idea de llegar a un acuerdo justo con los gringos es “pedirle peras al horno” (sic), cosa que fue celebradísima con total seriedad por la concurrencia, más aún cuando concluyó en la siguiente sentencia: “pero qué importa, al final ellos nos van a terminar extendiendo la mano, porque si entre blancos no nos ayudamos, ya qué nos queda”.

En fin, hija, el almuerzo de Maripé terminó medio bagre y fue una pena porque el día estaba lindo, y todos nos tuvimos que regresar más temprano a una Lima gris y pezuñenta. Pero chola, como dicen los libros de autoayuda (me estoy volviendo adicta a ellos, creo que voy a escribir uno), pucha, hay que encontrar lo bueno en el fondo de lo malo, que siempre habrá. Todo esto sirvió para dejarnos llenos de horrores y de inquietudes, ¿ya?, como por ejemplo, ay no sé, si hubiera que pensar en irse del Perú, pucha qué pena, pero ¿adónde?, si todo el planeta ahora está lleno de migrantes a los que no puedes ni contratar para el servicio porque no tienen carta de recomendación, ¿te imaginas? En fin, habrá que hacer un proyecto para presentárselo al Banco Mundial, ¿no te parece? Chau, chau. (Rafo León)

 


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