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29/Set/2005
 
 
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Dudas y retos para la prensa de espectáculos en TV.

Milenes y Magalys

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A propósito del programa de espectáculos de Fiorella Rodríguez en el N, en CARETAS 1856 se soltó la pregunta de si era posible un tratamiento televisivo de la farándula que no compita, o más bien, trascienda la propuesta instaurada por Magaly Medina (Carlos Cacho, a lo más, fue un fallido continuador, por ejemplo), sin caer en la fresada, la aburrida complacencia, el usual tijeretazo a las televisiones argentina, española y mexicana. La salida de Rodríguez (sobre-expuesta por el tripleteo: bloque matinal, programa propio, y rescate bomberil de “El Desafío del Inca”) fue también una respuesta a que hacía falta algo más que sonrisas, buena onda y “amistad” para hacer de Chollywood (esa estrambótica meseta en la que conviven, rociados en alcohol y expuestos al ampay, vedettes y futbolistas, junto a ciertos eventos culturales de tono menor y aspiración masiva) algo si no interesante, al menos económicamente viable. El programa estrenado la semana pasada en Frecuencia Latina, “Nada Personal”, dirigido por la actriz Milene Vásquez y la ex miembro del staff de Magaly TV, Milena Jiménez, quiere ser un nuevo intento por aspirar a este espacio, ya utópico, de cobertura periodística “blanca”. Evidentemente, hay un problema de concordancia entre horario y público objetivo, pues no queda muy claro a qué segmento se quieren dirigir a las 2 p.m. Sin embargo, el principal inconveniente no es ese, sino una propuesta que tiene hasta ahora, como todo mérito, la exposición inopinada de la “noticia” a secas, si es que vale la regresión a las teorías periodísticas de los 50s. Vásquez es una actriz correcta, pero hasta ahora no ha mostrado las razones por las cuales debería poder opinar de un mundo que ella misma conforma. En su caso, felizmente para los que aún tienen estómago, la mala leche será una especie inexistente, pues no se ganará el odio de sus pares y colegas por una temporada televisiva. En el caso de Jiménez, aún son una incógnita las virtudes que la han hecho dejar la labor reporteril, donde sólo destacó como conspicua alumna en los preceptos de la otra margen bajo el hálito de la Urraca. Muy poca bandera para oponerse a demasiados años de inquina, maledicencia y excesos instaurados hacia un colectivo que se presta como pocos a la ramplonería. He ahí al dilema hasta ahora irresuelto planteado por el éxito de Magaly TV, y el reto para quienes, más adelante, decidan encarar la difícil labor de transformar la prensa de espectáculos en la pantalla chica. Nadie ha probado mucho con el humor, eso sí, ni con el infotainment inteligente, el que tratando a la ligereza con ligereza triunfa por Argentina y España. Pero en fin, si vale la analogía, Ferrando estuvo 30 años en TV. (Jerónimo Pimentel)

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